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‘El Rabino y el Pistolero’ es una de las películas más extrañas jamás realizadas, por muchas y diversas razones. Una de ellas es la absoluta locura transitoria por la que todos sus responsables pasaron cuando tuvieron la absurda idea de que un film así podía llevarse a cabo. Ver para creer. La película está realizada a mayor gloria de Gene Wilder, que por aquel entonces gozaba de una gran popularidad por haber protagonizado algunas de las comedias más exitosas de los 70 (de las que probablemente la únicas que se salvan son ‘El Jovencito Frankestein’ y ‘El Expreso de Chicago’). Según cuenta el propio Wilder, en ‘El Rabino y el Pistolero’ su compañero estuvo a punto de ser John Wayne, quien declaró que le gustaba el personaje del pistolero. Al parecer los honorarios que Wayne recibiría por ello era menores de lo que la estrella solía cobrar y declinó la oferta. Sabiendo que murió el mismo año de realización de esta película, y que su último trabajo para el cine había sido la magnífica ‘El Último Pistolero’, fue mejor así.

Meter a Harrison Ford tampoco fue buena idea, no porque no fuera una buena elección, sino porque su trabajo al lado de Wilder se ve totalmente eclipsado en un film que prefiere centrarse en las tonterías y supuestas gracias del actor, que en narrar una buena historia sobre la amistad y tolerancia, que era a lo que aspiraba esta película.

‘El Rabino y El Pistolero’ narra la odisea de un judío de Polonia que es enviado a San Francisco, donde continuará su labor religiosa además de contraer matrimonio. Pero una vez en suelo americano, tendrá que atravesar un montón de dificultades si quiere llegar a su destino. Será atracado, golpeado, tiroteado y hasta se encontrará con los indios. También con un pistolero, atracador de bancos y trenes, que le acompañará en su viaje.

Ford era una estrella en alza por aquel entonces. Venía de saborear el éxito con ‘Star Wars’, se había codeado con Coppola en ‘Apocalypse Now’, y sorprendía en un drama romántico y bélico que fue ninguneado injustamente, ‘La Calle del Adiós’. Daba perfectamente el tipo para el personaje de pistolero, un hombre duro y bravucón, pues se asemejaba bastante con su rol de Han Solo. Pero lo que funciona a la perfección en una película no tiene porqué hacerlo en otra, sobre todo cuando se trata de un disparate como éste, en el que forma, intenciones y resultados caminan por sendas muy diferentes. Muy probablemente a Ford no le importase el haber fracasado con este film, dadas las buenas películas en las que sí intervino (y ya no hablemos de sus éxitos taquilleros), pero si lo miramos bien, podemos ver que se trata de una oportunidad desaprovechada. Primero por que se trata de un western, género prácticamente muerto en aquellos años, y segundo porque su director es nada más y nada menos que Robert Aldrich, cuya filmografía habla por sí sola. El mismo que nos regaló joyas como ‘¿Qué Fue de Baby Jane?’ o ‘Canción de Cuna para un Cadáver’, por citar sólo dos ejemplos, es el mismo que nos torturó con esta película. Y es que nada de lo que hizo grande a Aldrich puede encontrarse en ‘El Rabino y el Pistolero’, por cierto, absurda traducción del original, ‘The Frisco Kid’.

La película apenas tiene ritmo
, su puesta en escena brilla por su ausencia (la de Aldrich, claro) y tiene demasiados tics televisivos. La historia no termina de enganchar, y avanza a trompicones, si es que alguna vez termina de arrancar, resultando por momentos demasiado repetitiva. Y el intento de mezclar clasicismo con comedia moderna (la de aquellos años) es una locura que ni siquiera Aldrich puede salvar, sobre todo porque fue un director que solía flojear bastante cuando se trataba de hacer reír. Además, aquí no pudo hacer nada para controlar a su estrella, un Gene Wilder, como casi siempre pasado de rosca, y que acapara toda la película. Sus numeritos son interminables y ponen a prueba la paciencia del espectador. Y la química con Ford pues lógicamente no existe.

‘El Rabino y el Pistolero’ es una mala película
, con todas las letras. Se salva alguna imagen aislada, y algún chiste (hay tantos…), pero su visionado supone todo un tormento para cualquier amante del cine, incluidos los admiradores de Gene Wilder, la piedra angular del film. Afortunadamente, esta película no está editada en dvd en nuestro país, así que si os interesa, y no sois de los que compráis al otro lado del charco, tendréis que hacer trabajar a vuestro animal de carga favorito, eso si no os da una coz antes.

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