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Fragmento del cartel de 'El topo'

Con el estreno de ‘El topo’ podemos decir que la temporada de películas oscarizables en España ha dado comienzo. Hace un par de días os dejé la lista de las 265 producciones que podrían estar entre las diez nominadas al premio de mejor película, pero está claro que apenas 20 de ellas tienen posibilidades reales de lograrlo. Una de las que suena con más fuerza es ‘El topo’, una adaptación de una novela de espionaje escrita por John le Carré que ha sido recibida con entusiasmo allí donde se ha estrenado hasta la fecha. Sin embargo, no sé si está empezando a ser una tradición, pero ya el año pasado fue ‘El discurso del rey’ la que se estrenó en plena campaña navideña y luego se llevó el gato agua. Habrá que ver si sucede lo mismo con ‘El topo’.

Sobre el papel, ‘El topo’ es la película que debía confirmar si Tomas Alfredson es un director que realmente merezca la pena tener en cuenta u otro ejemplo de la larga lista de directores que llaman sobremanera la atención con una película (normalmente la ópera prima, pero no es algo imprescindible, sobre todo en realizadores foráneos) para luego ir diluyéndose y acabar siendo otro impersonal realizador de blockbusters hollywoodienses. Y es que ‘Déjame entrar’ fue una carta de presentación maravillosa con ese atípico relato de vampiros, en la que Alfredson dotaba al relato de una acertada combinación entre frialdad y algo similar a la nostalgia que elevaba el nivel de la película. El problema es que ‘El topo’ es una cinta muy diferente sobre el papel y estaba por ver su capacidad de adaptación a una producción más exigente y con un grupo de actores de mucho calibre. ¿Lo ha conseguido?

Imagen de 'El topo'

Lo primero que queda claro viendo ‘El topo’ es que es una historia que pega perfectamente con el tono de desapego emocional (con una excepción que comentaré más adelante) que ya transmitía ‘Déjame entrar’, pese a que allí había una trama romántica que vertebraba la historia. Lo que le interesa a Alfredson de ‘El topo’ no es la posibilidad de contar una historia de espías más o menos al uso, ni tampoco la elegancia que buscan cintas como las aventuras de James Bond, sino la opción de retrotraer una lucha de poder al sentimiento humano básico de la lealtad. Son varios los personajes que luchan contra esa dicotomía en difrentes fases de la película. Quizá el caso más representativo es el momento en el que el personaje interpretado por Benedict Cumberbatch (el protagonista de la notable serie de películas televisivas que es ‘Sherlock’, donde hace uso de cierta gama de tics que aquí desaparecen por completo) tiene que robar unos documentos. La sensación de estar traicionando a unos amigos para ayudar a otro es algo que se transmite perfectamente, en especial, en la explosión posterior del personaje,

No voy a decir que Alfredson realice un trabajo clónico al que hizo en ‘Déjame entrar’ porque estaría faltando a la verdad, pero sí que es muy de agradecer que siga potenciando la relación entre los personajes por encima de una historia con una gran cantidad de posibilidades. Y es que es cierto, la trama de espionaje de ‘El topo’ funciona casi en exclusiva por las reacciones humanas de los personajes y no por la existencia de asombrosos giros de guión (no es difícil acertar con mucha antelación quién es el traidor), ya que quien busque un relato vibrante por lo que pasa va a salir muy defraudado del cine. Aquí lo que importa son los personajes, algo que siempre debería pasar, pero que está muy en desuso en el cine contemporáneo. Alfredson consigue que el espectador se implique en la historia a través de los mecanismos que rigen las relaciones interpersonales. El misterio, aunque interesante, es algo secundario, una excusa para conocer a unos personajes tan estimulantes que uno echa en falta que no tengan mayor presencia en el relato al mismo tiempo que somos conscientes de que aparecen justo lo que hacen falta.

El asombroso reparto de ‘El topo’

Gary Oldman es Smiley en 'El topo'

Es obvio que uno de los aspectos que más llama la atención de la película es un reparto poblado de actores de talento ya muy contrastado. Sin embargo, el peso de la película recae sobre el personaje de Smiley, al cual da vida un Gary Oldman que últimamente no nos había ofrecido ningún trabajo de gran mérito salvo que consideremos como tal sus apariciones en los Batman de Christopher Nolan. En ‘El Topo’, Oldman nos sorprende con una actuación en la que ha de ser muy expresivo a través de una inexpresividad casi total. Sé que esos dos conceptos no podían ser más anatagónicos, pero es que la faceta esencial de Smiley es conseguir ocultar sus emociones al resto de personajes, pero también transmitir al espectador todo lo que pasa por su cabeza a través de gestos tan cotidianos que si los hiciésemos nosotros no querrían decir nada. Y es ahí donde reside la grandeza de la actuación de un Oldman que siempre ha tendido un poco hacia la sobreactuación, algo que aquí deja completamente de lado.

No hay nada malo que sea pueda decir del resto del reparto, ya que todos cumplen a la perfección su papel como las piezas de una partida de ajedrez que son. Sí que quizá uno esperaba algo más de presencia en pantalla del personaje que le toca interpretar a Colin Firth, pero más por su (merecida) gran popularidad de los últimos tiempos que porque su papel realmente lo requiera. Es también curioso que lleguen el mismo día a nuestros cines dos películas que cuentan con la presencia de John Hurt, ya que en ‘Immortals’ muestra su faceta ‘Dadme ya el cheque por contar con mi presencia’, pero aquí mantiene la rocosa brillantez del resto del equipo. Personalmente, disfruté sobremanera de la parte de la historia que tiene a Tom Hardy (en un papel inicialmente previsto para Michael Fassbender) como protagonista, ya que inyecta un elemento sentimental a la historia que evita que la película llegue a hacerse pesada con una investigación que para algunos podría transmitir sensación de mediocridad, ya que no hay ningún gran momento altisonante propio de otras cintas de espías.

Colin Firth en 'El topo'

En definitiva, ‘El topo’ es una película estupenda que sabe aprovechar todo el talento de sus actores, en especial de un Gary Oldman que llevaba muchos años sin darnos una actuación de un nivel similar a ésta. Además, la parte de espionaje permite crear momentos de gran tensión a través de situaciones aparentemente cotidianas y el guión deja espacio para la creación de varias mini-historias más centradas en lo dramático que funcionan a la perfección. Es cierto que, al menos para mí, la identidad del traidor fue algo un tanto previsible, pero el resto de la película raya a un nivel tan alto que es algo que podemos pasar por alto. Si os acercáis al cine estos días y ya habéis visto todo lo que os interesaba que ya se hubiese estrenado ante sde hoy, por favor, que sea para ver ‘El topo’.

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