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‘Emergo’ es la ópera prima del catalán Carles Torrens —su apellido invita a hacer bromas sobre las descargas de películas, pero vamos a portarnos bien—, y sin embargo de quien más se habla es de su guionista, montador y director de segunda unidad, el orensano Rodrigo Cortés. Antes de verse embutido en su tan comentada ‘Luces rojas’ (‘Red Lights’, 2012) participó en este film que ha tardado lo suyo en estar disponible en el mercado español. Tal vez por pertencer al género del terror, filmado con la técnica de found footage, tan de moda en los últimos años, no convencieron a nuestros queridos dsitribuidores de lanzarla debidamente. Aunque no cuenta nada nuevo, y cede ante todos los tópicos del género, con la apropiada campaña publicitaria esta película habría sido un éxito.

Lo cierto es que la propuesta de ‘Emergo’ se parece sospechosamente a la realizada por James Wan con mucha más pericia e ingenio en la divertida e inteligente ‘Insidious’ (id, 2010), en la que se hacía un sentido repaso/homenaje por muchos de los clásicos del género de casas encantadas con ‘Poltergeist’ (id, Tobe Hooper, 1982) —la primera película como productor de Spielberg, y que muchos aseguran que él dirigió— a la cabeza. Las decisiones que suelen tomarse hoy día en los found footage, como por ejemplo, la elección de actores no conocidos para aumentar realismo, ya las habría tomado el Rey Midas en el citado film, uno de los más influyentes en toda historia posterior de fantasmas o casas encantadas que se precie.

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(From here to the end Spoilers) El libreto de Cortés narra como un equipo de investigadores de lo paranormal deciden pasar un fin de semana en un apartamento —el 143 de su título en inglés— donde se suceden fenómenos extraños. Llamadas telefónicas sin respuesta, objetos que vuelan de aquí para allá, ruidos imperceptibles y sospechosos, y manifestaciones varias a través de alguna que otra posesión tienen muy preocupado al dueño del piso —no es para menos— que cree que un fantasma, el de su mujer muerta, les acosa. No es el mismo pensar el que tiene el jefe de investigadores que incluso, y para los despitados que se pierden en este tipo de historias, explica en un momento dado las diferencias entre poltergeists y fantasmas. Algo así como Christopher Nolan —una de las influencias de Cortés, sobre todo en su último film— pero más cutre.

El principal problema de ‘Emergo’, que ya digo ahora que me parece superior a muchos de los found footages que se estrenan sin que eso signifique gran cosa, es que su guión sigue punto por punto muchos de los clichés del género, y dado lo gran cinéfilo que es Cortés —pude comprobarlo en persona—, este está lleno de demasiadas referencias a títulos de sobra conocidos por el espectador con bagaje. Pero no sólo eso, sino su estructura, la cual no está sujeta a ningún tipo de sorpresa, ni una sola variante, nada verdaderamente personal que marque la diferencia. Las apariciones fantasmales están tam milimétricamente preparadas que uno sabe el momento justo en el que sucederán, como si fuera la segunda o tercera vez que se ve la película. Y así es, esta película ya la hemos visto.

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Torrens se limita a filmar el guiónde Cortés sin que nada le haga destacar como narrador, salvo algunas aisladas decisiones de montaje. El film es menos aburrido que la mayoría de los found footage —digámoslo ya, suelen ser coñazos soberanos—, pero es tan mecánico que en mi caso resulta difícil de disfrutar y algunas de sus “bromas”, la de ‘El exorcista’ (‘The Exorcist’, Williams Fridkin, 1973) por ejemplo, me producen más sopor que otra cosa. Lo mismo con los problemas de una familia algo rota e influenciada por el recuerdo de la madre, o esa incomunicación que hay entre padre e hija, la cual se pasea todo el film con cara de autista cabreada. ‘Emergo’ no tiene personajes, tiene clichés que pululan cuales fantasmas por el film. Al menos los actores, a excepción de Michael O´Keefe que parece como desubicado, aportan algo de credibilidad o sustancia.

Una pena teniendo a un tipo tan inteligente, persistente y pasional como Cortés en la historia. Me extraña el hecho de que el film no contenga ni una sola escena para el recuerdo —todas las películas de Cortés contienen al menos una—, y más aún en un film que se sustenta en el miedo. Ni siquiera la secuencia de los flashes, demasiado larga, o ese final que no sorprende lo más mínimo por culpa del delator movimiento de cámara.

Si la intención era crear un ejercicio cinéfilo y cinematográfico, de acuerdo —y considero que el cine de género es el camino por el que debe seguir nuestro cine—, aunque le falta chispa. Si la intención es hacer pasar un rato divertido con un cuento de miedo, la cosa ya se me antoja más floja. Y sin sentido del humor —salvo la escena que alude al film de Friedkin—, algo que es muy habitual en su guionista.

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