'En campaña todo vale', la falsedad de la política

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En la actual comedia estadounidense hay varias vertientes y modelos. Adam McKay, productor de ‘En campaña todo vale’ (‘The Compaign’, Jay Roach, 2012) es director y productor de varios títulos cómicos, y en ocasiones colabora con otro de los gurús de la comedia actual: Judd Apatow, quien le produjo la exitosa ‘El reportero’ (‘Anchorman: The Legend of RoN Burgundy’, 2004), film que disparó la fama de Will Ferrell, precisamente uno de los intérpretes centrales del film que nos ocupa. En los films en los que mete mano McKay suele haber cierta irreverencia, cierta incorrección política, nunca mejor dicho en este caso y unos cuantos chistes escatológicos de mayor o menor fortuna. En este caso los dardos del film son el cada vez menos interesante mundo de la política, puesto más que nunca en tela de juicio debido al desastre que nos está tocando vivir por culpa de cuatro iluminados que se lo quieren quedar todo.

La película ha sido dirigida por Jay Roach, quien es probable que haya realizado su mejor trabajo hasta la fecha, alejado de las tonterías de la saga Austin Powers, en las que rozaba la vulgaridad y acercándose más al equilibrio obtenido en ‘Los padres de ella’ (‘Meet the Parents’, 2000) —olvidémonos de las secuelas, puras operaciones comerciales sin chispa ni sentido—. Todo un logro que hace que nos relajemos después del desastroso remake de ‘La cena de los idiotas’ (‘Le dîner de cons’, Francis Veber, 1998) que hizo hace dos años y que aquí se tituló ‘La cena’ (‘Dinners for Schmucks’), sin duda una de las cintas más inútiles de toda la historia. ‘En campaña todo vale’ revela a un Roach más a gusto con el material, haciendo algo que en la comedia actual escasea: economizar, sintetizar.

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(From here to the end, Spoilers) ‘En campaña todo vale’ habla en base del enfrentamiento entre dos candidatos al congreso en Carolina del Norte. Cam Brady (Will Ferrell) y Martin Higgins (Zach Galifianakis) son los rivales en cuestión, el primero ocupando el cargo desde hace años, sin que nadie le haga frente, hasta que un buen día aquellos que manejan el cotarro en las altas esferas —una sentida intervención de dos veteranos como Dan Aykroyd y John Lithgow, dando vida a dos tiburones sin escrúpulos— deciden que hay que quitarle de en medio y renovar la imagen del distrito lanzando a un nuevo congresista, que enseguida se hará con el corazón del votante. El enfrentamiento será sin piedad, ambos se conocen desde que iban al colegio, y utilizarán todas las armas posibles para ganar.

Es precisamente en esas armas donde la película alcanza cotas desternillantes, porque lejos de reflejar la realidad en clave de comedia se opta por llevar todas las situaciones a límites impensables, exagerando sin compasión cada una de las tretas utilizadas por los dos políticos intentando humillarse el uno al otro. Hablar una y otra vez del terrorismo sin venir a cuento, o hasta dónde es capaz de llegar Brady con la mujer de su contrincante son dos de las muchas hipérboles que Roach filma con sentido del humor dejando en ridículo absoluto el mundo de la política, y lanzando efectivos dardos sobre sus aún más ridículas figuras. La carcajada está servida aunque sea a ratos y sólo en una comedia se puede llegar tan lejos.

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No soy un fan de Will Ferrell, suele molestarme más que gustarme, y en ‘En campaña todo vale‘ parece pasárselo en grande dando vida a una figura política en el plan en el que al actor le gusta imitarlos, y su compenetración con el ahora muy de moda Zach Galifianakis es perfecta. Este da vida a un hombre de lo más peculiar, encargado de una oficina de turismo local, y que en cierto modo representa al hombre medio, amante de los valores familiares, lleno de rarezas —¿quién no es raro hoy día?— y donde recae todo el peso emocional del film, mientras que a Brady se le retrata como un idiota integral capaz de los trucos más rastreros. Tan marcado contraste se pierde en su tramo final, lleno de concesiones al público y en el que se suaviza sin rubor todo lo visto con anterioridad.

‘En campaña todo vale’ es previsible hasta decir basta, pero sirve para pasar un rato entretenido y divertido, lo cual es más que suficiente. No estaría de más que algunos de esos seres —no me atrevo a llamarlos seres humanos— que se dedican al mundo de la política engañando, mintiendo y robando al pueblo que los votó, le echaran un vistazo a la película. No tengo la más mínima duda de que se reirán de sus propios defectos, al fin y al cabo es el propósito de la película. Pero subsiste en sus imágenes cierta verdad, escandalosa, terrible e imperdonable, aquella que refleja el ansia de poder, de ganar unas elecciones a toda costa y que les lleva a algunos a vender a su propia madre, algo que no dudo han hecho muchos en este país.

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