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Los conflictos bélicos casi siempre han sido revisitados en el séptimo arte desde una perspectiva masculina incluso en sus argumentos. El hecho de que la actriz/estrella Angelina Jolie haya elegido el conflicto de los Balcanes, con mujeres de protagonistas, como tema de su primera película tras las cámaras no debería sorprender a nadie. Jolie, a menudo interesada en asuntos humanitarios, no sólo ha dirigido ‘En tierra de sangre y miel’ (‘In the Land of Blood and Honey’, 2011), también ha escrito el guión y ha participado como productora, imagino que por aquello de controlar el proyecto. En salas comerciales, en las que por cierto ha pasado desaparcibida, se ha estrenado una versión de poco más de dos horas, mientras que Jolie insiste en que hay un montaje de cuatro horas y media. Si el presente ya acusa problemas de ritmo y tiende al aburrimiento, no quiero ni imaginarme ese director´s cut.

Toda ópera prima llevada a cabo por un actor es de una gran interés para el que suscribe, teniendo con ellos agradables sorpresas de saltos a la dirección —Clint Eastwood, Ida Lupino, Mel Gibson, por citar tres ejemplos dispares— y otras que no lo son tanto —Sofia Coppola, Sean Penn, Dennis Dugan,…—. En el caso de Angelina Jolie, limitada actriz con un Oscar injusto y un par de buenas interpretaciones me decanto por el segundo grupo, pues las limitaciones como realizadora son aún más evidentes que las de sus trabajos frente a la cámara. Un presupuesto de diez millones de dólares, actores desconocidos para el gran público y de procedencia yugoslava, rodaje en escenarios reales donde ocurrieron los hechos y buenas intenciones no llegan para salvar del desastre un film tan desequilibrado como ‘En tierra de sangre y miel’.

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La Guerra de los Balcanes ha supuesto el conflicto bélico más horrible —¿qué conflicto bélico no lo es?— de la reciente historia en Europa. Un desastre de grandes proporciones que generó atrocidades de todo tipo y que Jolie centra en el abuso que sufrieron las mujeres bosnias, sometidas a crueldades por parte de los soldados serbios, desde violaciones a palizas. Lo realmente curioso de esto es que Jolie, teniendo un material tan terrible como el citado, no logra provocar en el espectador, al menos en el que esto suscribe, la más mínima emoción. No llega con que sepamos que lo que cuenta es horrible, hay que saber narrarlo. Para la ocasión, Jolie se inventa una forzada historia de amor, núcleo central de una película que se pierde queriendo abarcar más y con serios problemas de desarrollo dramático.

Una mujer bosnia, Ajla —una entregada Zana Marjanov— y un hombre serbio, Danijel —Goran Kostic recordando a Christopher Eccleston— inician una relación justo antes de estallar la guerra, lo cual hará cambiar absolutamente todo. Ella pronto cae prisionera y es retenida por soldados al mando de Danijel, quien hace todo lo posible por proteger a Ajla, a la que guarda para sí. La película también abarca la historia de la hermana de Ajla, escondida con unos pocos para sobrevivir, y ahí el film se resiente, pues está lleno de elipsis absurdas, dejando incluso cabos sueltos. Es muy probable que el famoso director´s cut que Jolie defiende se pare más en el personaje de la hermana y estén mejor cuidados esos aspectos, pero uno juzga lo que hay, y esto no es más que un pobre intento de remover conciencias con personajes muy planos y poca convicción en su puesta en escena.

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Poco importa que el director de fotografía sean Deam Semler —ganador de un Oscar por la multipremiada ‘Bailando con lobos’ (‘Dances With Wolves’, Kevin Costner, 1990)— si Jolie no muestra ni un ápice personalidad a la hora de filmar. Que los escenarios estén impecablemente fotografiados nada tiene que ver con narrar con la imagen, de hecho, ese es el gran fallo de ‘En tierra de sangre y miel’ al lado del pobre desarrollo de los personajes, los cuales carecen de evolución y no están bien definidos. En concreto el personaje de Danijel se resiente del mencionado desequilibrio por cuanto sus motivaciones no terminan de resultar claras y su supuesto viaje hacia la locura de la guerra no termina de cuajar. No resulta ni simpático ni odioso, al igual que el resto, que provocan indiferencia. Ni siquiera la presencia de Rade Serbedzija, que casi siempre hace el mismo papel, anima la función.

Así Jolie desaprovecha una gran oportunidad de hacer una película importante por lo que cuenta, cayendo en todo tipo de errores, desde la utilización de armamento y vehiculos que no existían en el conflicto —un mal menor— hasta el pobre uso del fuera de campo —los fusilamientos de hombres o el episodio del bebé muerto—, y sobre todo la incapacidad total y absoluta de emocionar, de hurgar en nuestras emociones mostrando el horror de la guerra. También se tambalea ese amago de historia de amor entre los protagonistas por su poco feeling o tal vez porque los actores parecen no estar dirigidos. Angelina Jolie parece haber seguido un manual para dirigirla —la película posee todos los tópicos formales del género y más— y se ha olvidado de que para narrar una historia humana sobre la supervivencia hay que poner un trozo de humanidad en ello, un trozo de corazón si se quiere decir así. Jolie parece tener un corazón muy, muy frío, o simplemente no vale para esto.

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