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‘Expediente Warren. The Conjuring’ (‘The Conjuring’, James Wan, 2013) está siendo un éxito allá donde se estrena y provoca elogios de todo tipo. Es completamente absurdo hablar de cómo está el género del terror en la actualidad. Llenar párrafos hablando del sugerir por encima del mostrar y preferir una atmósfera a efectismos varios son los lugares comunes en los que se puede caer al hablar de una películas como la de James Wan. Que sí, chavales, que el miedo ya no lo sentimos como antes, que asustarnos no es tan fácil y bla bla bla. Tan tremenda obviedad, que puede aplicarse a cualquier otro género, por triste que parezca, queda anulada sin miramientos en el que me parece el mejor largometraje dirigido por Wan hasta la fecha, superior incluso a su disfrutable ‘Insidious’ (id, 2010), donde ya daba muestras de manejar con destreza los resortes del actual cine de terror.

Y aunque hay quienes parecen obviar el trabajo realizado por Ti West en los últimos años —director que rehúsa en todo momento de golpes de efecto logrando inquietar de forma clásica como pocas veces se ha visto— James Wan ha conseguido ponerse a su altura logrando un equilibrio perfecto entre forma y fondo logrando que lo primero sea lo segundo. Que alguien que ha empezado su carrera con un film tan poco atractivo como ‘Saw’ (id, 2004) —un festival de estridencias sanguinarias con unos minutos finales que salvan la película de la quema— haya terminado demostrando un más que envidiable pulso narrativo, espero que iniciando así una etapa de madurez, es algo que sólo puede celebrarse. Y ‘Expediente Warren. The Conjuring’ es una celebración perfecta para el caso. Un auténtico carrusel del miedo como diversión.

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(From here to the end, Spoilers) El libreto de Chad y Carey Hayes —escritores cuyo currículum es mejor olvidar— encuentra en un director tan hambriento como Wan al narrador perfecto. Una historia basada en hechos reales que alcanza entidad propia como cuento de terror al lograr una conexión muy directa con el espectador, conocedor de todos los trucos, pero irremediablemente entregado por esa atracción que siempre ha supuesto el miedo atávico, nuestros temores más profundos y asentados. La oscuridad, el bien y el mal, los fantasmas, lo desconocido. Todo ello se da la mano en la película, en la que Wan no esconde sus influencias de películas como ‘Poltergeist’ (id, Tobe Hooper, 1982) —probablemente una de las películas preferidas de Wan—, además de los ecos de muchos e innumerables films que hablan de casas encantadas y fantasmas que perturban la paz de los vivos.

La referencia se torna personalidad propia cuando Wan, consciente de que menos es más, no abusa de trucos modernos para conmocionar al espectador, introduciéndole paulatinamente en un relato que poco a poco se oscurece, y en el que los personajes femeninos cobran mucha más importancia que los masculinos, algunos de ellos meramente anecdóticos. El acierto ha sido plantear el film como una especie de túnel del terror con el que viajamos por lugares perfectamente reconocibles en el género, y que a pesar de que todo ya está contado, consigue su propósito, hacer que lo pasemos bien con ese miedo logrado a partir de una muy adecuada atmósfera y un crescendo dramático que convierte elementos cotidianos —por ejemplo, unas palmadas— en verdaderos momentos-shock, que además para sorpresa del presente están introducidos con coherencia sin tirar de lo de siempre —montaje caótico y efectos de sonido ensordecedores—.

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No seré yo el que asegure que ‘Expediente Warren. The Conjuring’ es la mejor película de terror de los últimos años, pero sí me atrevería a decir que dentro del género es una de las películas más enriquecedoras que existen. Su ambientación en los años 70, además de recordar el origen real de los hechos narrados, sirve como perfecta declaración de intenciones por parte del director, un retorno a un tipo de cine que ya no se hace y menos en el terror. Por esa casa llena de oscuros secretos y en la que el matrimonio Warren desplegará todo su saber, Wan se luce con una puesta en escena que no abandona jamás la sobriedad. Tomemos como ejemplo el que yo considero el momento de terror más logrado: el de la aparición encima del armario —brutalmente desvelado sin piedad en muchos avances—, es un instante poderoso al que se ha llegado de forma coherente, y la fisicidad del mismo es lo que impresiona, más un sabio uso del tempo por parte de Wan al no mantener el plano más de lo necesario. Eso es tenerlos bien puestos en el actual panorama cinematográfico.

En cuanto al trabajo actoral, a veces muy descuidado en este tipo de producciones, hay que destacar las labores de Vera Farmiga, actriz que debería ser una estrella, y una muy sorprendente Lili Taylor, quien probablemente carga con el personaje más complejo de todos —la actriz confesó inspirarse en ‘El exorcista’ (‘The Exorcist’, William Friedkin, 1973) para su rol—; ambas están muy por encima del siempre soso Patrick Wilson, que parece estar convirtiéndose en el actor fetiche de Wan para nuestra desgracia. Su Ed Warren me parece lo peor de la película por culpa de un actor que no llega a meterse, o creerse, completamente el papel, aunque del mismo parte uno de los elementos más interesantes de la película, aquel que establece una diferencia entre creencias religiosas y la existencia del bien y el mal. Lo que está bien claro es el ataque a esa empresa llamada Iglesia, quieta ante los problemas del mundo aunque el mismísimo Demonio esté de por medio. Ver para creer. En este caso gritar para creer.

Otra crítica en Blogdecine:

‘Expediente Warren. The Conjuring’, destilando el miedo (de Sergio Benítez)

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