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“¿Dónde estás? Has dejado morir a un niño. Dejas que pase todo.”

Jack O´Brien (Hunter McCracken)

Hoy hemos podido ver la película más esperada del festival de Cannes 2011, la que más expectación ha generado, y a priori la gran favorita para lograr la Palma de Oro de esta 64ª edición. Y quizá por eso se han oído los mayores abucheos hasta el momento, ya en el ecuador del certamen, acallados rápidamente por aplausos aún más ruidosos. Creo que es la reacción más lógica a esta experiencia cinematográfica titulada ‘El árbol de la vida’ (‘The Tree of Life’), el quinto largometraje del singular Terrence Malick, que como se esperaba no ha venido a presentar su trabajo. Pero sí Brad Pitt, uno de los protagonistas, y eso es más que suficiente para que todo el mundo se vuelva loco otra vez, apenas dos días después de la visita de Johnny Depp debido a la mediocre cuarta entrega de ‘Piratas del Caribe’. No sé que habría ocurrido si coinciden ambos, quizá una multitud de auténticos homenajes a ‘Scanners’. Y no os creáis que se trata solo de fans que vienen expresamente a buscar una foto o un autógrafo de su estrella, los periodistas acreditados se derriten igualmente con estas visitas, me temo que el principal motivo por el que este festival sigue siendo tan relevante hoy en día.

Seis años después de ‘El nuevo mundo’ (‘The New World’), Malick regresa con una obra cuyo propósito es el de plasmar el disfrute y los sinsabores, los milagros y los misterios, de la vida, tanto desde un punto de vista íntimo, como desde una perspectiva épica, cósmica (hay escenas que recuerdan a ‘2001’). ‘El árbol de la vida’ nos traslada a la década de los 50, a un tranquilo pueblo estadounidense para mostrarnos la infancia de Jack (interpretado en su mayor parte por Hunter McCracken). También nos sitúa en la actualidad, con Jack (Sean Penn) convertido en un arquitecto de éxito. Y lo más asombroso, nos lleva a la creación del universo, del planeta Tierra y de las primeras formas de vida. Todo ello a través de fascinantes imágenes y una música exquisita (la fotografía es de Emmanuel Lubezki, la música la firma Alexandre Desplat). Es un viaje intenso que te obliga a reflexionar sobre tu propia existencia y que deja con ganas de más, pese a durar unos 138 minutos. Aun así, no ha colmado mis expectativas. Esperaba un 10 y encontré un 9. La vi a las ocho y media de la mañana y todavía no me la quito de la cabeza.

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El eje central de ‘El árbol de la vida’ es Jack, el hijo mayor de una familia cristiana que se origina en el Texas de los años 50. Décadas después, entre los rascacielos que dominan su vida cotidiana, Jack rememora su infancia, con una mezcla de felicidad y amargura, de dudas y certezas, buscando el sentido a todo lo que ocurrió, a todo lo que ocurre, tratando de comprender qué visión era la más acertada, la de su madre o la de su padre, el camino de la gracia o el de la naturaleza. El padre (Brad Pitt) es un hombre autoritario, duro, que exige disciplina, coraje, fuerza y éxito a sus hijos (hay una escena en la que pregunta a Jack si le quiere, y éste responde con un seco “sí, señor”); su deseo es que no sean pisoteados por otros, ni que cometan sus mismos errores. La madre (Jessica Chastain) es bondadosa, generosa, inocente y cariñosa; ama a sus hijos profundamente, representa la visión de la vida opuesta de su marido, con el que tiene fuertes discusiones. Sus creencias y formas de ver la vida serán puestas a prueba con una tragedia.

Pero como he dicho, la película no se limita a Jack, también asistimos a vivencias desde el punto de vista de sus padres y sus hermanos (encarnados por Laramie Eppler y Tye Sheridan) y ni más ni menos que el origen de nuestro mundo, desde la creación del cosmos hasta los dinosaurios (sensacional la escena del animal herido). La idea que enlaza todo parece ser el esfuerzo de Jack por encontrar un sentido a la existencia y una conexión con todo lo que ha existido, desde el inicio hasta el final. Precisamente, el desenlace de ‘El árbol de la vida’ es la parte que menos me gusta del film, la que me ha hecho desconectar del relato, y supongo que será uno de los puntos que dividirá fuertemente a defensores y detractores de una obra ambiciosa y atrevida. Al menos eso se le debe reconocer a Terrence Malick, que se arriesga siempre, que no se pliega a las exigencias del mercado (grandes como Steven Spielberg o Martin Scorsese sí lo han hecho). Y tampoco se puede discutir el formidable acabado estético, un precioso y poético mosaico de escenas que se sienten auténticas, extraídas directamente de la realidad, nunca forzadas o impuestas para impresionar al espectador, que seguro verá reflejadas en la pantalla vivencias muy similares a las propias.

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Terrence Malick vuelve a recurrir a una narración muy fragmentada que difumina la barrera del espacio y el tiempo (buscando sensaciones y emociones, más que el progreso de una historia), algo que está muy acentuado al inicio de la película, llegando a abrumar y desorientar (hasta cinco montadores ha requerido este film); como ocurre siempre con este cineasta, uno se queda con la sensación de que un montaje extendido podría corregir fuertes saltos y aclarar importantes omisiones, dando mayor solidez al conjunto. Quizá sea solo cosa mía, pero creo que Malick podría haber abarcado algo más en el retrato de la vida de Jack, cuya madurez apenas es tratada; el Jack adulto es un personaje muy secundario, lo que desaprovecha la siempre interesante presencia de Sean Penn, que se limita a poner cara de desorientación y poco más. Asimismo, me llama la atención que se obvie por completo el sexo o la reproducción (en ese matrimonio con fuertes convicciones religiosas, algo se podría haber tratado); quizá se ha reservado para la siguiente película, ya en fase de post-producción. Por último, quiero destacar la inspirada dirección de actores, en especial con los niños, protagonistas de escenas insuperables.

A la rueda de prensa, en esa sala minúscula donde apenas entran unos 150 profesionales (de 4.500 que hemos sido acreditados), asistieron los actores Brad Pitt y Jessica Chastain, acompañados por los productores Dede Gardner, Sarah Green, Grant Hill y Bill Pohlad (Pitt también es productor, por cierto). Como podéis suponer, casi todas las preguntas las tuvo que contestar el protagonista de ‘Seven’, si bien muchas de ellas se centraron en intentar conocer un poco mejor al ausente Terrence Malick. De él se dijo que es extremadamente tímido y trabajador, muy culto, espiritual y risueño, aparte de lo que lo típico de siempre (“es un genio”, “es una persona maravillosa”...). A Pitt le preguntaron si en la vida real es tan rudo con sus hijos como el personaje que interpreta (lo que leéis), algo a lo que respondió con humor: “Sí, les doy unas buenas palizas”. Se le vio entusiasmado hablando de Malick y el rodaje, comentando que le había sorprendido la manera en la que el director buscaba lo espontáneo en cada escena, lo inesperado, lo que no se puede fingir, el “accidente afortunado”. Chastain estuvo de acuerdo y dijo que uno de sus momentos favoritos, protagonizado por una mariposa, fue improvisado. Hay mucho de eso en la película, aviso. Planos de árboles, puertas, amaneceres, volcanes, pájaros, manos acariciando el viento. No os engañéis, esto es puro Malick.

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Juan Luis Caviaro desde Cannes, 16 de mayo de 2011.

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