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En mi anterior post os hablaba de un film de serie B, ‘La pequeña tienda de los horrores’ (‘The Little Shop of Horrors’, 1960), dirigida por uno de los reyes de la serie B, Roger Corman. En este ciclo de cine negro nos paramos en otro rey de la serie B, Edgar G. Ulmer, quien fuera ayudante de director de realizadores como F.W. Murnau, y que en el Hollywood de los años 30 debutó con la fascinante ‘Satanás’ (‘The Black Cat’, 1934), muy deudora del expresionismo alemán que Ulmer conocía tan bien. Pero algo tan peligroso como liarse con la mujer de un influyente productor hizo que Ulmer fuese relegado a dirigir películas de segunda categoría; ‘Detour’ (id, 1945) es la más famosa de todas, y también una de las más conocidas dentro de ese tipo de cine, si es que eso sirve para algo, porque yo tengo muy claro que hay films de serie B muy superiores a aquellos de alto presupuesto.

En cualquier caso, también tenemos que sumar el dato de que ‘Detour’ supone todo un paso arriesgado dentro del Film Noir, del que subvierte todas sus reglas, logrando crear una pieza única en la que Ulmer compensa el limitado presupuesto con la creación de una atmósfera casi onírica y un manejo del punto de vista absolutamente innovador y lleno de detalles muy inteligentes. Durante muchos años el film se aprovechó de una de esas leyendas urbanas que pululan por el mundo del séptimo arte, y es que se creía que había sido filmada en una semana tan solo. En verdad fueron 28 días, un dato simplemente anecdótico al lado de la impecable labor de síntesis que Ulmer lleva a cabo con su guionista Martin Goldsmith. Si hay una película que ofrece lo máximo con un mínimo de elementos esa sin duda es ‘Detour’.

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(Frome here to the end, Spoilers) Tom Neal da vida a Al Roberts, el pobre desgraciado, nunca mejor dicho, que protagoniza una historia, donde lo absurdo se hermana con el fatal destino tan característico del Film Noir. El inicio nos muestra a un personaje totalmente hundido moralmente, en una cafetería en un presente no demasiado definido. Una canción le hace recordar, y de paso a nosotros, cómo ha llegado a esa situación. El primer plano de Al se torna oscuro y permanece así durante todo el relato, como suspendido en el tiempo, y su narración, los hechos tal y cómo él lo has visto sirven a Ulmer para desplegar todo un arsenal de claro oscuros sin parangón, que el desconocido Benjamin H. Kline, con una larga trayectoria en el cine mudo, convierte en algo digno de elogio. Esas calles con niebla, mientras Al acompaña a Sue a casa, o esa carretera solitaria que tantas desgracias traerá, invitan a un ambiente de pesadilla que casi traspasa la pantalla.

Al trabaja como pianista en New York, y se ve separado de su prometida Sue, quien marcha a California en busca de nuevas oportunidades como cantante —atención a las conversaciones telefónicas que Sue mantiene que Al, una vez ella se ha marchado, la composición del plano y la pose de la actriz, Claudia Drake, son del todo irreales, como dando a entender que Sue está muy lejos de Al, no sólo físicamente—. Cuando lleva un tiempo lejos de su amada, no lo resiste más y casi sin dinero en el bolsillo decide atravesar el país haciendo autoestop. Será recogido por un misterioso hombre, a partir del cual se sucederán una serie de acontecimientos que arrastrarán a Al hacia su fatal destino. El desvío al que hace alusión el título original del film simboliza el camino que sigue Al a partir de esos momento, presa de los acontecimientos, y que le apartan de su destino ansiado: Sue. No deja de ser irónico que Al actúe por amor y el salir en busca de ese amor le haga apartarse cada vez más del mismo.

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Si Al no se sintiese arrastrado por el sentimiento más fuerte que existe tal vez no le habría pasado nada de lo que le ocurre. Un extraño amor fou que no es consciente de serlo. Un ingenioso detalle de guión que contrasta con la aparición de un segundo personaje femenino que se apodera completamente de la función. Tras una muerte accidental, casi absurda pero en todo momento creíble —¿cuántas muertes suceden realmente de repente?— y con un detalle magnífico —el golpe posterior contra una piedra podría hacer pensar a cualquiera que que en realidad es un asesinato, por lo que Al sería el principal y único sospechoso—, Al toma la identidad de su misterioso acompañante y se encontrará, cual broma cruel del destino, con una mujer de la que aquel ya había hablado a Al, y no precisamente bien. Ann Savage aparece en pantalla y todo se revoluciona, el mito de la femme fatale es pisoteado y elevado de nuevo a las alturas. Vera se aparta totalmente del glamour que caracterizaba a las femme fatales de aquellos años; su aspecto vulgar además no está reñido con su malvada personalidad.

Así pues Vera es el monstruo de la pesadilla personal de Al a quien termina de arrastrar definitivamente hacia el abismo cuando se produzca uno de los asesinatos no deseados más originales que se recuerdan. Con sólo una puerta cerrada y un cable de teléfono, Ulmer construye un instante de mucha tensión y que supone el punto más alto de la fatalidad que inunda la historia. Otra muerte absurda con la que el destino parece burlarse de Al mostrando una vez más que da igual lo que intente luchar contra ello, su vida está marcada para siempre, como bien marca ese ambiguo final —señalar que la ambigüedad, ya sea moral o de otra índole, es una de las señas de todo buen Film Noir— ante el cual Al ya no se resiste. Como anécdota cabe señalar que años más tarde Tom Neal fue juzgado y sentenciado por el asesinato de su esposa, como si la mala suerte del film le hubiese acompañado hasta el final de sus días.

Ann Savage y Tom Neal participaron en alguna película más y Ulmer nos dejaría alguna que otra perla de idéntica índole dentro del Film Noir, y de la que hablaremos en un futuro en este ciclo. De momento, dejaros atrapar por el poder de fascinación de ‘Detour’, film extraño y sugestivo donde los haya.

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