'G.I. Joe: La venganza', un desastre de película

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Imagen con un cartel de 'G.I. Joe: La venganza'

La insistencia de Hollywood en explotar fórmulas que han demostrado su rentabilidad en la gran pantalla o en otro formato no es algo especialmente censurable, ya que las juntas de accionistas de las grandes productoras exigen resultados inmediatos y eso no invita demasiado a correr grandes riesgos. La cosa se complica cuando, aunque no sea algo demasiado habitual, algún gerifalte decide que la decepción económica –más o menos acusada según cada caso- de una de sus películas es algo irrelevante y decide dar luz verde a una secuela con la idea de corregir aquello donde falló la primera entrega, salvando la viabilidad comercial de la franquicia. Eso es lo que ha sucedido en el caso de ‘G.I. Joe: La venganza’ (‘G.I. Joe: Retaliation’, John M. Chu, 2013), pero tengo bastante claro que Paramount se ha equivocado completamente al aportar 185 millones de dólares para que se haga lo que ha acabado siendo un completo desastre.

Seguro que muchos ya estaréis pensando que me estoy dejando cegar por sus –inexistentes- cualidades artísticas, pero lo cierto es que estoy convencido de que ‘G.I. Joe: La venganza’ como mucho acabará recuperando su excesivo presupuesto, quedando así claro que Paramount tendrá que esperar unos cuantos años para volver a probar fortuna con un auténtico reboot. El motivo de ello es toda la indecisión que ha rodeado al estreno de la película, y eso suele ser un lastre insalvable en el caso de un blockbuster. Bien reciente tenemos el caso de ‘Jack el caza gigantes’ (‘Jack The Giant Slayer’, Bryan Singer, 2013), que también sufrió un notable aplazamiento en su fecha de estreno para luego acabar estrellándose con estrépito en su llegada a los cines. ¿Le pasará lo mismo a ‘G.I. Joe: La venganza’? Yo apuesto a que sí, aunque siendo una decepción menor a la última película de Bryan Singer. Eso sí, en lo que realmente nos interesa andan demasiado parejas como para determinar cuál de ellas funciona peor como película y entretenimiento palomitero.

Imagen de la película 'G.I. Joe: La venganza'

Si hay algo que me gustaría destacar positivamente de ‘G.I. Joe: La venganza’ es que evita abusar de los tópicos recientes del cine de acción contemporáneo que os comentaba hace unos días. Aquí no hay eternas persecuciones automovilísticas ni misiones imposibles con el héroe enfrentándose a un helicóptero –explosiones sí que hay unas cuantas-, pero, por desgracia, el guión de Rhett Reese y Paul Wernick, conocidos principalmente por ser los autores del libreto de ‘Bienvenidos a Zombieland’ (‘Zombieland’, Ruben Fleischer, 2009), es tal despropósito que ese vano intento de desmarcarse de la moda reinante pierde todo atractivo. Eso sí, no parece que esté motivado por cambios impuestos por la productora para hacerla más rentable, ya que los rumores que apuntaban a un remontaje para dar mayor protagonista a Channing Tatum han acabado siendo falsos y la parece que era cierto que el retraso se debe a una mera adición del 3D —presente en varias escenas, pero que no aporta nada relevante— para poder cobrar las entradas más caras a los incautos que se dejen seducir por esa tecnología.

Uno de los más grandes errores que comete la película es creer que tener un ritmo frenético es el que no pasen cosas sin parar, aunque la cohesión entre ellas sea muchas veces inexistente, se aniquilen totalmente las posibilidades dramáticas de ciertas situaciones o, lo peor de todo, se convierta a ‘G.I. Joe: La venganza’ en un espectáculo redundante en el que te importe un pimiento lo que le suceda a sus protagonistas. Habrá quien piense que eso no tiene especial trascendencia si se nos ofrece una montaña rusa repleta de grandes escenas de acción, algo que es cierto que puede servir para pasar un rato distraído, pero mucho me temo que no es el caso.

Imagen de Bruce Willis en 'G.I. Joe: La venganza'

La campaña promocional de la película ha insistido bastante en las últimas semanas en unas escenas en la que unos ninjas hacen unas peripecias imposibles en los laterales de una montaña y justo es reconocer que es el momento más espectacularmente único de la función. No me convence demasiado la forma en la que John M. Chu utiliza la cámara lenta para subrayar el contacto físico, pero es una secuencia efectiva que logra captar nuestra atención. Por desgracia, el resto de momentos de acción son bastante planos, con muchos tiroteos, peleas cuerpo a cuerpo en la que se abusa de los planos cortos y cerrados y una sobredosis de explosiones —¿en serio pretenden que nos conformemos con esa anecdótica destrucción de Londres cuando la de París estaba muchísimo más elaborada en la primera entrega?— que sólo consiguieron hacerme bostezar en mi butaca. Tampoco ayuda demasiado que es cierto que ‘G.I. Joe’ (‘G.I. Joe: The Rise of Cobra’ no era una gran película –y tampoco una tan siquiera decente-, pero al menos Sommers sabía que lo más adecuado era optar por un tono de entretenimiento ligero, pero aquí Chu opta por un acercamiento más serio –intragable todo lo relacionado con el gran maestro de Snake Eyes y Storm Shadow- que nunca funciona. De hecho, las gracietas reservadas para Jonathan Pryce cuando puede revelar sus auténticas intenciones a otros líderes mundiales son de lo poco salvable que hay.

Ya en la primera entrega existía un problema de exceso de personajes, lo cual se traducía en que muchos de ellos carecían de interés y sus apariciones únicamente servían para complicar innecesariamente la historia. Aquí se ha optado por una simplificación total de la importancia de cada personaje –hay algún caso especialmente sangrante como el de Destro-, pero esto también se vuelve en contra de la película al hacer que, por ejemplo, el poco conocido D.J. Coltrona, uno de los protagonistas, no aporte nada –con la relativa salvedad del momento voyeur en el que espía a Adrianne Palicki mientras ésta se cambia de ropa-.

Escena de combate de 'G.I. Joe: La venganza'

Aún peor es la aparente necesidad de que todos los personajes sean muy intensos, algo que no funciona si sus motivaciones están tan desdibujadas. La gran excepción es Bruce Willis, quien tengo muy claro que sólo aceptó el papel para cobrar un jugoso cheque, pero que al menos encara su personaje con una necesaria dosis de humor y autoconsciencia que hace que sus breves apariciones –ni 10 minutos estará en pantalla- sean un soplo de aire fresco. Es una pena que Dwayne Johnson siga sin encontrar un vehículo que explote conveniente sus posibilidades como héroe de acción, ya que presencia tiene de sobra y ha demostrado en varias ocasiones que posee el punto de carisma necesario para ser uno de los grandes héroes de acción de nuestro tiempo.

‘G.I. Joe: La venganza’ es mala —incluso peor que su ya deficiente primera entrega— y aburrida; así de sencillas son a veces las cosas.

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