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Dario Argento fue durante los 70 el máximo representante del giallo, subgénero de misterio y terror, basado en novelas policiacas publicadas en los años 30 en Italia y cuyas portadas eran amarillas, que es lo que significa la palabra giallo. Los orígenes cinemtográficos podemos encontrarlos en el gran Mario Bava y su ‘La muchacha quesabía demasiado’ (‘La ragazza che sapeva troppo’, 1963). Luego directores como Lucio Fulci o Aldo Lado contribuyeron a fomentar el género. Incluso en los USA se hicieron eco de ello con la nada desdeñable ‘Black Christmas’ (id, Bob Clark, 1974), pero fue sobre todo Dario Argento quien le dio el espaldarazo definitivo al subgénero con films como ‘El pájaro de las plumas de cristal’ (‘L’uccello dalle piume di cristallo’, 1970), ‘El gato de las nueve colas’ (‘Il gatto a nove code’, 1971) o la que un servidor considera su mejor película, ‘Rojo oscuro’ (‘Profondo rosso’, 1975).

A finales de este año la editorial Cátedra publicará un libro como resultado de un ambicioso proyecto, un diccionario de directores, en el cual a un servidor le ha tocado hablar entre otros, de Dario Argento. Revisando su filmografía, me he encontrado con el típico dicho de que el tiempo no perdona, y es verdad en algunos casos. Ha supuesto para mí una grandísima decepción el comprobar como películas como la famosa ‘Suspiria’ (id, 1977) se revelan como insensateces mal narradas, con argumentos de lo más forzado y únicamente salvables en su uso del color. Por supuesto también me he visto algunas de sus películas más recientes, como es el caso de esta ‘Giallo’ (id, 2008), que hace referencia en su título al subgénero que le dio la fama y el reconocimiento. El resultado no está, desgraciadamente, ni a la altura de sus peores películas, que ya es decir.

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‘Giallo’ está producida por nada más y nada menos que Adrien Brody, que a saber qué interés tenía en poner dinero en un producto de semejantes características. Tal vez se considera un fan de Argento y ha hecho realidad uno de sus sueños. El caso es que Brody susituye al inicialmente previsto Ray Liotta, y también a Vincent Gallo, quien se salió del proyecto tras enterarse de que su ex-prometida, Asia Argento, hija del realizador y probablemente lo mejor que ha hecho el director nunca, iba a protagonizarla. Al final no pudo ser porque la actriz estaba embarazada y fue sustituida por Emmanuelle Seigner, esposa de Roman Polanski, para quien trabajó en las imprescindibles ‘Frenético’ (‘Frantic, 1988) o ‘Lunas de hiel’ (‘Bitter Moon’, 1992). Brody se permitió además el capricho de dar vida a los dos personajes antagonistas, haciendo un anagrama con su nombre haciéndose llamar Byron Diedra.

Un asesino en serie está poniendo en jaque a la policía italiana con una serie de horrendos crímenes en los que mata a chicas guapas —qué original el tío—, obsesionando hasta límites insospechados al Inspector de policía Enzo Avolfi (Brody), quien recibirá la ayuda de la hermana de una modelo desaparecida —personaje a cargo de la española Elsa Pataky— para resolver el caso de una vez por todas. Lo dicho, una estupidez de guión, que demuestra una vez más que Argento jamás ha sido un buen guionista —tal vez al respecto cabe citar que su mejor trabajo es su historia para la impresionante ‘Hasta que llegó su hora’ (‘C’era una volta il Wes’, Sergio Leone, 1968), en la que no escribió ni una sola línea para el guión—; aunque su gusto por el color rojo sigue bien patente en ‘Giallo’, pero esta vez totalmente desaprovechado, renunciando así a la creación de una adecuada atmósfera de terror o suspense.

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Dejando a un lado que las motivaciones del asesino, quien para colmo tiene una enfermedad en los riñoñes por lo que su piel es de color amarillo, homenaje a la palabra giallo ya de por sí ridícula, son de lo más absurdas, lo que más sorprende es ver a Adrien Brody metido en la piel de dos personajes. Por un lado el inspector encargado y obsesionado con el caso, y que no tiene ni la más mínima profundidad, ni siquiera el actor es capaz de dotar al mismo de un mínimo de personalidad. Por otro, y con un poco de maquillaje que lo convierte prácticamente en un muñeco feo de feria, al asesino, el cual es más bien torpe a la hora de secuestrar a sus víctimas, incluso cuando acaba con ellas. Lo cierto es que uno se pregunta cómo la policía tarda tanto en atraparle. Podemos encontrar incongruencias, por así llamarlas, de este tipo en muchas cintas del giallo, pero que el villano de la función se presente tan poca cosa como en el caso que nos ocupa es algo que llama poderosamente la atención, arruinando buena parte de la función, pues no causa ni el más mínimo temor.

Emmanuelle Seigner también demuestra que cualquier tiempo pasado fue mejor, haciéndose cargo de un personaje totalmente imprescindible. A su lado Elsa Pataky lo hace mucho mejor como la víctima sufridora con la que hay alguna escena sangrienta, de obligada presencia en toda cinta de estas características. Al respecto cabe citar también que el film se queda corto en sus escenas sangrientas, y también bastante cutre, algo inesperado en un realizador que nunca ha escatimado a la hora de mostrar sangre. En cualquier caso, sus mayores defectos provienen de un ritmo inexistente por culpa de una penosa narración, y la sensación de que ninguno de sus artífices se ha creído absolutamente nada de la historia. Próximamente Argento estrenará su particular versión sobre el vampiro más famoso de todos los tiempos, y en 3D. Qué miedo.

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