Compartir
Publicidad
Publicidad
Goya 2016 | 'Techo y comida', el dolor en silencio
Críticas

Goya 2016 | 'Techo y comida', el dolor en silencio

Publicidad
Publicidad

‘Techo y comida’ (Juan Miguel del Castillo, 2015) tiene tres nominaciones a los Goya, dos de ellos, director novel y actriz principal, muy merecidas. Soy de los que piensan que ha merecido bastantes más, porque estamos ante una de las películas más valientes del año —algunos piensan que es esa que insulta a Federico Carcía Lorca—, al tratar de frente, y sin ningún tipo de artificio, algo tan serio como la crisis económica.

La historia se centra concretamente en una mujer de 25 años, y las penurias que pasa con su hijo, cuando les comunican que deben abandonar la vivienda en la que viven por falta de pago del alquiler. Uno de sus productores definió la película como “neorrealismo actual”, muy acertada definición. Aquellos films italianos que mostraban, con terrorífico realismo, la situación de su país, parecen navegar entre las imágenes de ‘Techo y comida’, en la que sólo hay dolor, ni una sola concesión, y mucho buen cine.

Natalia de Molina —que se enfrenta en la nominación a actrices muy consolidadas, pero es la que ha hecho la mejor interpretación, de lejos— llena la pantalla en cada uno de los fotogramas en los que sale, que son prácticamente todos. Su tour de force es impresionante, porque sin ningún tipo de exceso o histrionismo, consigue lo que muchos actores sólo sueñan: ser un personaje, antes que interpretarlo. Su Rocío es de esos personajes que no se pueden, NO SE DEBEN, olvidar.

Directa

Techoycomidaf2

La actriz, que además posee un feeling asombroso con el actor joven que interpreta a su hijo, Jaime López —con una única secuencia a criticar negativamente, la de la discusión por la televisión, que me parece forzada—, se entrega en cuerpo y alma a las ideas de un director, que además se hace cargo del guion y del montaje, esto es, la espina dorsal de cualquier película. Su trabajo en ‘Techo y comida’ está lleno de secuencias prodigiosas que no solo hablan de tú a tú al espectador, sino en las que sus intenciones se muestran como algo mucho mayor.

Por ejemplo, la secuencia en la que Rocío acude al abogado. El director toma la acertada decisión de enfocar única y exclusivamente a Natalia de Molina en el plano, largo y jodido, el abogado jamás aparece enfocado. Qué forma más brillante de hablar de la injusticia que se comete con los desahuciados. Para Juan Miguel del Castillo la ley simplemente no existe, es cháchara en fuera de campo, y lo triste de semejante realidad está reflejado en el rostro de Rocío, que hiela la sangre.

Se nota que el director quedó impresionado con la historia de una vecina que tuvo a la que echaron de su piso y él jamás se dio cuenta de su situación económica, un tema pocas veces, o ninguna, reflejado en las películas que hablan de la crisis actual. Por eso parece poner todo su corazón en su obra, narrando con mimo, y sin caer en ningún tipo de subrayado, o maniqueo absurdo. Cuenta las cosas como son. Su cámara muestra, en silencio, el dolor, palpable, que ahoga a su protagonista.

La vida no tiene música

Techoycomidaf3

Digo silencio porque en ‘Techo y comida’ se echa mano de algo que muy pocos estarían dispuestos a hacer, y menos en una ópera prima: prescindir de banda sonora —salvo la canción que suena en los títulos de crédito finales—. Haber adornado su terrible historia con una banda sonora, habría sido un subrayado, una manipulación emocional. El director sabe de sobra que su historia, como la vida, no tiene banda sonora —salvo el ruido de cuatro guays disputándose la presidencia de este país—. Esta crisis no ha traído más que desgracia a nuestras vidas, algo de lo que tardaremos en recuperarnos.

‘Techo y comida’ no hace concesiones, no se pone alegre, ni abraza la esperanza en ningún momento, porque NO EXISTE. Muestra, con contundencia, la ayuda que Rocío recibe, en la sombra casi, de una de sus vecinas —el amor al prójimo, traducido en ayuda, sin necesidad de pedir nada a cambio—, y lamentablemente muestra el peor lado del drama, el que enfrenta a Rocío a su casero, ambos pertenecientes a la misma clase trabajadora, y enfrentados, sin buscarlo, por el mal de los de arriba.

‘Techo y comida’ no busca agradar, de ahí que cierto sector se muestre impasible ante el film, porque a nadie le gusta la verdad. Pero hay un plano que es toda una hostia a nuestra sociedad, una imagen que vale por sí misma, sin necesidad de bonitas palabras en un discurso, la de Rocío abrazándose a su hijo mientras en el fondo la gente celebra un gol de nuestra selección contra Italia en el 2012. Me acuerdo de otra película española que hizo algo parecido con el Mundial del 2010, excelente comedia que nos evade de la realidad. Ésta es la vida, donde la sonrisa más grande la produce conseguir un bono de comida.

Temas
Publicidad

También te puede gustar

Publicidad
Publicidad