'Gracias por Fumar', divertidas lecciones de persuasión y manipulación

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Aaron Eckhart

Recientemente, con motivo de un trabajo para la facultad, sobre comunicación persuasiva, revisé ‘Gracias por Fumar’, la primera película de Jason Reitman, más popular ahora por su segundo film, ‘Juno’. A diferencia de lo que pensé cuando la vi en el cine (se estrenó en España en septiembre de 2006), sigue resultando (ácidamente) divertida, inteligente y contundente en un segundo visionado. Revisaré ‘Juno’ uno de estos días, a ver si pasa lo mismo, porque me pareció una exageración que estuviera nominada al Oscar como mejor película; bueno, también me lo pareció sobre las otras, exceptuando ‘No es País para Viejos’ (que en todo caso creo que no merecía ser elegida mejor película del año, como ya dejé claro en varias ocasiones anteriormente).

‘Gracias por Fumar’ (‘Thank You For Smoking’, 2006) nos presenta centra en Nick Naylor, el portavoz o relaciones públicas de las poderosas compañías tabacaleras. Cuando desde el senado se intenta poner una pegatina en las cajetillas, señalando el tabaco como veneno, Nick propone como solución acudir a Hollywood y recuperar el prestigio de los cigarrillos. Al mismo tiempo, intentará estrechar lazos con su hijo Joey, al que cada vez ve menos.

Por tanto, el protagonista tiene dos frentes o dos grandes conflictos principales: su polémico trabajo, donde es el mejor pero debe demostrarlo ante un grave peligro para su empresa (poner “veneno” en cada cajetilla de tabaco), y su problemática vida privada, Nick está divorciado y tiene un hijo al que está perdiendo poco a poco. Ambas vías se cruzan constantemente y ofrecen al protagonista numerosas posibilidades de demostrar su talento. Y su talento es la palabra. Afortunadamente, aunque haya mucho diálogo, mucho discurso y mucha palabrería barata, ‘Gracias por Fumar’ no resulta pesada ni aburrida en ningún momento, todo lo contrario.

En apenas 90 minutos, Jason Reitman, director y autor del guión, basado en la novela de Christopher Buckley, tiene tiempo para todo, no lo desperdicia con secuencias innecesarias o subhistorias de relleno. Va al grano, como el protagonista de la historia. Reitman le imprime un ritmo magnífico al film, que hace que no despeguemos la mirada de la pantalla. El único “pero” que se le puede poner a la realización es que comete en varias ocasiones el mismo error que critica; se cae en la obviedad, en el mensaje fácil. También se acude a lo tópico especialmente en la parte final de la película, traicionando un poco el tono descarado y a contracorriente del que hace gala la mayor parte del tiempo. Desde luego, no es una obra redonda, pero sí muy disfrutable.

Y ahora vayamos al protagonista, porque es el rey de la función, lo más destacado de la película. Nick Naylor es Aaron Eckhart. Naylor es el rey. Eckhart es el rey. Este actor, cuando quiere, cuando se aleja de su físico, apropiado para papeles de soso guaperas para sosas películas, puede ser realmente bueno. Algunos lo descubrimos gracias a las dos mejores películas de Neil LaBute, sus estupendas ‘En Compañía de Hombres’ y especialmente ‘Amigos y Vecinos’ (su mejor título hasta el momento, en el que, desgraciadamente, parece muy perdido). Creo que Eckhart demostró en ambos títulos y, luego, en el que nos ocupa, que es un actor que puede hacer cualquier cosa. Pronto le veremos “subir de nivel”, al haber participado en el rodaje de ‘The Dark Knight’, encarnando a Harvey Dent (posteriormente, Dos Caras).

Sigamos con Naylor, un héroe/villano contemporáneo. Resulta de lo más refrescante. Es un tipo que normalmente estaría en el bando de los “malos”, sería el rival del protagonista, honrado, moralista, recto y lleno de valores. Aquí es el héroe. Es el personaje con el que el público tiene que identificarse. Jodido asunto. Sin embargo, entra Eckhart y asunto resuelto. El actor está sencillamente perfecto, inmejorable. Con esa sonrisa encantadora y esa mirada de chico bueno, es capaz de soltar la mayor chorrada de la Historia y hacerla creíble para el público.

Siguiendo por esta senda, la película puede verse como un estupendo manual de técnicas de persuasión y de manipulación masiva. Cómo colarle a la opinión pública que tienes razón aunque la empresa para la que trabajas esté destrozando la salud de millones de personas. Sólo un genio para la palabra y la persuasión sería capaz de hacerlo. Naylor lo es. Y en ‘Thank You For Smoking’ se muestra buena parte de su arsenal para convencer y mover a cualquiera a modificar su actitud. El carisma, la rapidez y seguridad de sus razonamientos, la simplicidad de los mismos, y la identificación de los intereses de la audiencia son algunas de las bases de su estrategia.

Las secuencias de la película más destacables, en este sentido, son las siguientes: desde luego, el comienzo, en ese talk-show (magnífica, por cierto, la crítica a estos programas) donde Nick está solo y acaba por estrecharle la mano al niño enfermo de cáncer; la secuencia del colegio, donde Nick expone su profesión; la charla con su hijo sobre el helado de vainilla (“si tú estás equivocado, yo tengo razón”); la secuencia con el enfermo vaquero al que debe sobornar; y, por último, el enfrentamiento final entre Nick y el senador que encarna William H. Macy, representante de la agria sociedad puritana estadounidense, donde se habla de la libertad del individuo y de la no necesidad de tratarle como un niño pequeño al que hay que sobreproteger. Esto está muy bien, pero tampoco deja de ser una manipulación.

A Nick, a las tabacaleras, le conviene hablar de libertad y de la inteligencia del individuo para saber qué es malo para su salud y para decidir si quiere consumirlo o no. Pero si el público es así, entonces, ¿qué importa la pegatina? Lo cierto es que ellos pierden dinero si se pone el aviso explícito de que el tabaco es veneno. Quieren asociar libertad con fumarse un cigarro. Hay una gran masa de gente ahí fuera que es vulnerable a este tipo de mensajes. Así que es preferible, para los de este negocio, que sigan pensando que las consecuencias dañinas de este tipo de productos es algo lejano, ajeno, que no va con ellos. Viva la libertad y hacer lo que uno quiera. Como con los accidentes de tráfico y el alcohol o las armas y la protección. Sí, libertad, pero sobre todo educación. Algo que hoy día escasea de forma alarmante y es, sin embargo, la mejor forma para combatir las estrategias persuasivas de este tipo de compañías (o de los dirigentes políticos).

El reparto de ‘Gracias por Fumar’ está lleno de caras conocidas, siendo éste uno de los habituales recursos para que un film al margen de los grandes estudios tenga publicidad y sea atractivo para el gran público. De esta forma, al margen de Eckhart, tenemos a Maria Bello, Sam Elliott, Cameron Bright, Adam Brody, Katie Holmes, David Koechner, William H. Macy, J.K. Simmons, Rob Lowe y Robert Duvall. Evidentemente, y como pasa siempre, tantos nombres no tienen espacio suficiente en el metraje. Es, como digo, más bien una forma más de hacer llamativo el producto. Una forma de vender, de persuadir al público; los famosos son garantía. ¡Mira la cantidad de actores famosos, tiene que ser una buena peli! Un razonamiento muy propio de los que van al cine o al videoclub a ver algo, cualquier cosa, porque no tienen información (ni les interesa, para eso preguntan a sus amigos/familiares). También resulta, hay que reconocerlo, un elemento demasiado jugoso para los que nos apasiona el séptimo arte, tanto actor famoso junto… tiene que verse, al menos para poder opinar (maldita mitología).

De todos los actores secundarios, cabe destacar especialmente a Macy, que borda el papel del senador conservador que reta a Nick. También destacar la labor de Elliot, que protagoniza una secuencia de gran tensión, Duvall, que casi siempre está bien, Simmons, que borda los papeles de jefe/padre malhumorado, y Lowe, que interpreta a un divertido directivo de Hollywood; por el contrario, Holmes no pega en el papel, no es muy verosímil que maneje a Nick de esa forma. En cuanto a los otros miembros del “escuadrón de la muerte”, es una pena que no se les aproveche más, sus trabajos daban mucho juego.

En definitiva, calificar ‘Gracias por Fumar’ como una interesante y divertida comedia, crítica, inteligente y con un ácido sentido del humor, donde brilla un persuasivo Aaron Eckhart.

3,5

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