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greenhell afiche

A lo largo y ancho de la historia del cine podemos encontrar en la mayoría de las filmografías de grandes directores algún que otro film maldito, expresión que no tiene por qué ir unida a la calidad del mismo. En el caso de James Whale —para el que suscribe merece un lugar de honor dentro del séptimo arte por ‘El doctor Frankenstein’ (‘Frankenstein’, 1931), ‘El hombre invisible’ (‘The Invisible Man’, 1933), ‘La novia de Frankenstein’ (‘Bride of Frankenstein’, 1935) y sobre todo ‘El caserón de las sombras’ (‘The Old Dark House’, 1932)— tendríamos que referirnos a ‘Green Hell’ (1939), film extraño donde los haya, y que el director realizó con todo despliegue de medios y gran reparto. Un film que fue maldito desde incluso antes de su estreno, provocando rechazo en casi todo el mundo, estando a día de hoy prácticamente olvidado.

Uno de los actores secundarios que aparecen en la película, el gran Vincent Price —era su quinta aparición cinematográfica—, confesaba años después en la cima de su carrera, que ‘Green Hell’ era probablemente la película más estúpida en la que había trabajado no entendiendo como no formaba parte de las listas de los peores films de la historia. Algo de razón no le faltaba a Price, ya que el film es una muy loca mezcla de géneros y tonos con situaciones dramáticas delirantes algunas de ellas, pero sinceramente tampoco creo que nos encontremos ante un film totalmente desdeñable y es justo rescatarlo del olvido para descatar algunos de sus curiosos aciertos, que son tantos como fallos.

greenhell sanders

El film se construyó como un producto al servicio de Douglas Fairbanks Jr. quien siguió los pases de su padre —Douglas Fairbanks, una de las grandes estrellas del cine mudo— aunque sin conseguir el prestigio de su progenitor. En ‘Green Hell’ se rodeó de un elenco realmente espectacular, la siempre fascinante Joan Bennett —inolvidable en varios títulos de Fritz Lang—, las grandes presencias de George Sanders y Vincet Price, más George Bancroft, Alan Hale y John Howard. Casi nada para una película que se pierde un poco en su arriesgada propuesta suponiendo uno de los primeros casos de película de aventuras con drama insertado, camino por el cual recorrería el género en años siguientes. El problema en el film de Whale —y que hace que nos preguntemos en qué estaría pensando Frances Marion, el guionista, cuando escribió la historia— es que dicho drama está metido a calzador, por lo que el contraste es inmenso.

‘Green Hell’ narra la historia de un aventurero, Keith Brandon (Fairbanks Jr.), que reúne a un equipo de lo más peculiar, amigos personales y amantes de las aventuras, con los que se irá a un país sudamericano para encontrar un templo inca en el que se haya un fabuloso tesoro de oro. A ellos se les unirá el misterioso David Richardson (Price) cuyos motivos para ir a la expedición no terminan de estar claros para el resto. Pronto descubriremos estupefactos que Richardson se había enamorado de dos mujeres y su decisión al respecto es… ¡¡huir a la selva sudamericana!! Tan loco detalle argumental desencadenará toda la parte dramática del film, con la que uno le entra literalmente la risa. Pensemos por un momento en la situación: un grupo de hombres viviendo durante más de un año en el centro de la selva sudamericana se ven desconcertados ante la imponente presencia de una mujer que ha venido en busca de Richardson. Esa mujer además es Joan Bennett —preciosa donde las haya— y para la ocasión incluso se ha llevado consigo zapatos de tacón. Olé.

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Dejando de lado las divertidas situaciones —y digo divertidas, porque hay que tomárselas de ese modo— que se producen entre un montón de machos ante la presencia de una hembra —y que pasará por celos estúpidos hasta declaraciones de amor ridículas— los logros de ‘Green Hell’ se encuentran en la puesta en escna de Whale cuando el relato es pura aventura. A pesar de cierto apresuramiento en algunos momentos —encuentran demasiado pronto el templo, y más tarde la sala de tumbas con el oro—, hay brillantez en otros, como todo lo relacionado con la inundación del templo o aquellos que trascurren en una selva de estudio muy bien ambientada y en la que Whale realiza ingeniosos travellings laterales —marca de su estilo— dotando de tensión esas partes. Instantes como el del acoso a la cabaña en los que Whale filma con un movimiento de cámara lateral de derecha a izquierda los pies de los protagonistas mientras vemos cajas llenas de municiones y tras un leve fundido la cámara vuelve hacia la izquierda y las mencionadas cajas se están quedando vacías, brillan con intensidad en un conjunto a todas luces desconcertante pero a su modo atractivo.

Tampoco se puede negar el cariño que la película desprende hacia los relatos de aventuras, aquellas que llevan a los hombres a arriesgarlo todo por conseguir un objetivo y sin las cuales no serían capaces de vivir. ‘Green Hell’ puede verse como un loco canto, con cierto punto de ingenuidad, a una forma de vida tal y como queda patente en esa simpática escena final en la que los personajes están a las puertas de una nueva aventura, conscientes de lo que harán hasta el último de sus días. Por eso y porque salvo Fairbanks Jr. es una gozada ver al resto de los actores —Sanders haciendo gala de su típica ironía y Hall tan entrañable como siempre— ‘Green Hell’ no merece el desprecio que obtuvo en su momento, y tampoco el olvido al que ha sido sometida con el paso del tiempo. Como detalle anecdótico decir que los inmensos decorados del templo fueron utilizados en futuras realizaciones de la Universal como ‘The Mummy´s Hand’ (Christy Cabanne, 1940) o ‘El fantasma de la ópera’ (‘Phantom of the Opera’, Arthur Lubin, 1943).

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