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Los cazadores de brujas, antaño niños hechizados por la misma, Hansel (Jeremy Renner) y Gretel (Gemma Arterton) se enfrentan a una amenaza maligna (Famke Janssen) que molesta al orden de todas las cosas y de la que se van a deshacer con toda su fuerza y brío.

Vivimos en tiempos, desde luego, un tanto extraños. Una de las consecuencias de la era del fan es la de hablar con el lenguaje amoroso a productos industriales. Otra, que también convendría examinar, es tomarse en serio géneros o historias que nunca han podido ser tomadas como algo que no sea una buena razón para el escapismo más inútil y feliz.

Me sorprende que el cine fantástico haya llegado a la burguesía, al señoritismo y a un cierto pijerío. Lo digo porque al sentarme a leer periódicos lo que leí sobre esta divertidísima película de Tommy Winkola es que “no tenía ni pies ni cabeza” o que era un “delirio absurdo”. No imagino a críticos de arte contemplando la llegada del cubismo y criticándolo por ser “Muy raro”. ¡Pero si estamos describiendo precisamente sus razones de ser! Por supuesto que no tiene ni pies ni cabeza ¡Se trata de cine fantástico!

Pero en estos tiempos de auténtica decadencia intelectual, lo que se lleva mucho es el ser señorito y nada me parece más triste, ni más signo de genuina pobreza y pocas ganas de fiesta, que ver una película como esta de Tommy Wirkola y ponerse a decir que no “suscita el más mínimo interés en el destino de sus personajes”. Pero ¿qué clase de tiempos idiotas estamos viviendo?

Con gran aburrimiento soporté la primera película de Wirkola, aquí llamada ‘Zombis Nazis’ (Dead Snow, 2009). Aquella película me pareció que no podía sobrevivir al chiste de su título y que estaba a condenada a ser fastidiosamente aburrida. Pero aunque la película fuera mala, es que ya va siendo hora de que nos demos cuenta de que el zombie ha sido sobreexplotado y absolutamente normalizado y que cualquier cosa que los incluya será predecible, porque ya no tiene demasiado sentido seguir con el mito.
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En cambio, aquí Wirkola está inspirado y está decente porque tiene un presupuesto más elevado y una idea con más posibilidades, y sobre todo está divertido. La película nace para ser entretenida, para encadenar disparates y figuras cuasi paródicas a medio camino entre el horror y la comedia, y para ser un pastiche fantástico sin mayores pretensiones. Que sean tantos los tiempos desorientados y esencialistas que permitan o exijan a esta película ser otra cosa que no sea lo que ha sido el cine fantástico de toda la vida (juvenil, divertido, suntuoso, excesivo) me parece altamente peligroso.

Porque, para empezar, parte de una falacia (el fantástico nunca ha sido serio, y nunca ha sido un género en el que declinar nada realmente importante) y para continuar es recomendable usar esos esfuerzos tiernos y maravillosos para otras empresas. Los que vayan al cine esperando una juerga, la van a encontrar. Gemma Arterton está sensacional y divertidisima, Peter Stormare se comporta como si fuera el secundario de una película de los ochenta y Famke Janssen interpreta a una bruja sin pretender ganar ningún Tony ni resultar hiperrealista. Como líder, Jeremy Renner demuestra más sentido del humor que en sus últimos blockbusters y tiene más ocasiones de lucimiento que siendo un arquero o Jason Bourne: el carisma de este actor desaprovechado es tremendo.
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Es decir, cine idiota, veloz, divertidísimo y lleno de sorprendente cachondeo. Y lo dice alguien que ni siquiera es feligrés del género fantástico: que yo, que estoy hecho un afrancesado, tenga que venir a deciros que esta película es una fiesta me parece ya algo terrible. Los que algún día vieron las películas de Sam Raimi y John Landis esperando que el fantástico como ese no fuera a morir jamás, ya pueden regresar al cine: al fin un director ha entendido de qué iban aquellos fastos y como se deben prolongar, aunque sea un poco.

Al compañero Sebelo no le gustó nada.

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