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Un cartel de Headhunters

Como suele ocurrir con la mayoría de best sellers, el tremendo éxito de la trilogía ‘Millennium’ de Stieg Larsson no solo dio origen a las inevitables adaptaciones cinematográficas —una hablada en sueco y otra en inglés— sino que generó un interés por el subgénero del “thriller nórdico“. Con mayor presencia en las librerías —o quizá debería decir las secciones de librería de centros comerciales—, en cine también hemos tenido recientemente títulos como ‘Dinero fácil’ (‘Snabba Cash’, Daniel Espinosa, 2010) o ‘Headhunters’ (‘Hodejegerne’, Morten Tyldum, 2011), estrenada en España el pasado verano.

Para destacar el atractivo de la propuesta en el mercado internacional, los encargados de su publicidad nos subrayan tres elementos: adaptación de una novela de Jo Nesbø, músico y afamado escritor de novela negra, están implicados (tres) productores de ‘Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres’ (‘Män som hatar kvinnor’, Niels Arden Oplev, 2009) y en el reparto figura Nikolaj Coster-Waldau, conocido por encarnar a uno de los personajes más carismáticos de la serie ‘Juego de tronos’ (‘Game of Thrones’, 2011-2013), lo hemos tenido en cartelera este año con ‘Mamá’ (Andrés Muschietti, 2013) y ‘Oblivion’ (Joseph Kosinski, 2013). Profesionales competentes, un rostro popular y la promesa —servida por algunas críticas entusiastas— de un emocionante entretenimiento. No es lo que yo encontré.

Los hombres que no valoraban sus virtudes

Synnøve Macody Lund, Nikolaj Coster Waldau y Aksel Hennie en la pelicula Headhunters

Ulf Ryberg y Lars Gudmestad firman el guion de ‘Headhunters’, que arranca con una de esas presentaciones rápidas y ágiles más propias del medio televisivo, donde se siente la necesidad de enganchar al espectador desde el primer segundo —para que no zapee—, una secuencia acompañada por diálogos supuestamente agudos sobre un método infalible para robar cuadros, más una música que encajaría perfectamente en una comedia comercial firmada por realizadores impersonales como Brett Ratner o Dennis Dugan. Mala señal. Pero dicen que no conviene fiarse de las primeras impresiones, y no sería la primera vez que una película empieza mal o floja y luego mejora…

Esta vez no es el caso aunque hay tramos efectivos que pueden ser suficientes para ocupar una tarde aburrida. El protagonista, Roger Brown (Aksel Hennie), cumple perfectamente una de las misiones del papel: resultar antipático. Desde el principio cae mal con el tono prepotente con el que habla de su doble vida —como cazatalentos y ladrón—. Es parte del entramado porque todo lo que le va a ocurrir después debe servirle como lección y el público debe disfrutar con el proceso. No obstante, en ningún momento sientes que el tipo haya sufrido suficiente y que es hora de que coja el toro por los cuernos; es un auténtico capullo que no merece la segunda oportunidad que le sirven en bandeja los que manejan los hilos de ‘Headhunters’.

Aksel Hennie en Headhunters

El antagonista es Clas Greve (Coster-Waldau), un triunfador que ha dejado los negocios en la cima de su carrera —o eso quiere hacer creer—. Roger lo elige como su próxima víctima al descubrir que ha heredado una valiosa pintura —un recurso que recuerda demasiado a la trama de ‘Ladrona por amor’ (‘Gambit’, Ronald Neame, 1966) recientemente objeto de remake— pero al investigarle descubre que Clas tiene un brillante pasado militar y que era especialista en rastrear y cazar enemigos. Nadie en su sano juicio querría a alguien así como rival pero Roger tiene deudas y quiere demostrar que puede ser más listo que Clas —quien hace aumentar sus complejos—; como dije antes, es gilipollas. Y se mete en un lío cada vez más disparatado y violento que va dejando algunos cadáveres por el camino.

Irónicamente, la película comete el mismo error que su protagonista: no aprecia lo que tiene o puede aportar y se centra en perseguir ideales equivocados. Técnicamente impecable, ‘Headhunters’ fracasa al decantarse por emular el cine de entretenimiento más convencional de Hollywood, limitándose a copiar ideas y tópicos en lugar de intentar proponer un relato diferente, de aprovechar las singularidades de la ambientación —podría tener lugar en cualquier otra parte— y preocuparse más por el desarrollo de los personajes que por la acción sin sentido, el impacto gratuito y los giros absurdos —atención a la increíble resistencia física de Roger, las convenientes torpezas de Clas o el papel de las amantes—. Supongo que vale para pasar el rato mientras uno está comiendo, viajando o haciendo cualquier otra cosa, pero no le pidáis más.

2 estrellas

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