'Hitchcock', superficial, engañosa y vulgar

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Imagen con un cartel de 'Hitchcock'

Me encanta el cine de Alfred Hitchcock y a él lo tengo por uno de los mejores directores de toda la historia del séptimo arte, pero las cosas cambian mucho cuando se hacen películas relacionadas de una forma u otra con la obra del mago del suspense. Él mismo demostró una gran habilidad para rodar nuevas versiones de varias de sus películas, pero los resultados han sido muy decepcionantes cuando han sido otros los responsables. Estafas como ‘Psycho’ (Gus Van Sant, 1998), anodinos entretenimientos como ‘Un crimen perfecto’ (‘A Perfect Murder’, Andrew Davis, 1998) o vulgaridades como ‘La ventana de enfrente’ (‘Rear Window’, Jeff Bleckner, 1998), y eso por no hablar de auténticos atentados como ‘Los pájaros 2: El fin del mundo’ (‘The Birds 2: Land’s End’, Rick Rosenthal, 1994), sólo sirvieron para hacernos recordar la grandeza de Hitchcock. Sin embargo, he de reconocer que la idea de ver una cinta de corte biográfico centrado en la problemática realización de esa obra maestra llamada ‘Psicosis’ (‘Psycho’, 1960) me resultaba atractiva y estimulante, pero la triste realidad se ha vuelto a imponer y ‘Hitchcock’ no es más que una propuesta muy por debajo de lo que podría haber sido.

¿’Hitchcock’ o ‘Alma’?

Una de las formas más sencillas de atacar ‘Hitchcock’ sería centrar mis acometidas en la elección de Sacha Gervasi y en los productores por haber confiado una cinta de estas características a un realizador novato en estas lides – en su haber sólo encontramos el estupendo documental ‘Anvil. El sueño de una banda de rock’ (‘Anvil: The Story of Anvil’, 2008)-, pero también sería una tremenda injusticia. El auténtico culpable de que la película se hunda en los más profundos abismos de la mediocridad es el guión de John J. McLaughlin a partir del libro de Stephen Rebello. La primera decepción llega en su forma de abordar la historia, ya que el auténtico eje del relato no es tanto la realización de ‘Psicosis’ como la crisis matrimonial del protagonista, llegando a tal punto que, durante muchas fases de ‘Hitchcock’, la gran protagonista es su esposa Alma, siendo quizá éste el mayor error de todos en los que incurre la película.

Imagen de la película 'Hitchcock'

Ya es suficientemente frustrante que se quiera llevar al límite la frase hecha de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer como para que se haga a través de un escarceo amoroso que todos sabemos que está condenado a no llegar a ninguna parte – la discreta actuación de Danny Huston tampoco ayuda nada a tomárselo en serio- . No ya sólo porque ellos continuaron juntos en la vida real, sino que se recurren a tópicos tan insultantes para ilustrarlo que acabe provocando el enfado en un espectador más interesado en los engranajes detrás de ‘Psicosis’ – lástima que no haya más desarrollo en aspectos como el trabajo de los censores o la problemática relación entre Hitchcock y Vera Miles- que en ver esa tontería que también daña al presunto protagonista, ya que sus visiones de Ed Gein rozan peligrosamente lo absurdo y, por desgracia, son la única muestra de su obsesiva personalidad – si obviamos un par de reacciones puntuales durante el rodaje-, otra de las grandes decepciones de esta ‘Hitchcock’, ya que reduce al mínimo la compleja personalidad del director de ‘Extraños en un tren’ (‘Strangers on a Train’, 1951).

Superficialidad y personajes mal definidos

Estaba claro que ‘Hitchcock’ iba a ser una propuesta en la que brillasen los personajes por encima de todo lo demás, pero lo que uno no podía esperar que estuviesen tan mal perfilados, algo que únicamente Anthony Hopkins y Helen Mirren consiguen a través de sus actuaciones – reseñables positivamente, pero tampoco nada especialmente maravilloso- que pase parcialmente desapercibido. Este mal asola sobremanera al resto de participantes de ‘Psicosis’, convirtiendo algunos personajes en meras anécdotas – inocuo James D’Arcy como Anthony Perkins- , estereotipos vulgares – intrascendente Scarlett Johansson en la piel de Janet Leigh- y, en general, un auténtico desfile de oportunidades desaprovechadas.

Rodando 'Psicosis' en 'Hitchcock'

El escaso brillo de los personajes es algo que encuentra su reflejo en la forma de mostrarnos el argumento de la película. Ya he comentado el exceso de peso que tienen las dudas amorosas de Alma, en especial por el escaso reconocimiento que tiene su duro trabajo, pero es que éstas se basan en tópicos sangrantes que encima sólo dejan espacio para una aproximación muy superficial a la creación de Hitchcock. Sí, se mencionan de una forma u otra las líneas maestras – dificultades para conseguir la financiación, problemas en el rodaje y con la censura, dudas sobre el resultado final, etc.-, pero todas ellas quedan reducidas con suerte a un par de minutos de metraje en las que no se indaga en demasía, sino que se limitan a decir que eso pasó. El problema es que para eso me leo la wikipedia, donde seguro que encuentro muchos más detalles que los que se nos ofrecen aquí.

El acabado visual y técnico de la película también juega en su contra, ya que es cierto que Gervasi consigue cierta fluidez narrativa que evita la llegada del sopor – su reducido metraje también ayuda lo suyo-, pero eso no es excusa para que transmite en todo momento la sensación de ser un telefilm que pretende hacerse pasar por una película. Este aspecto era perdonable en ‘The Girl’, deficiente obra televisiva que se centraba en la enfermiza relación profesional entre Hitchcock y Tippi Hedren, pero aquí se carga uno de los aspectos que mejor suelen funcionar en otras producciones de esta categoría. El maquillaje, tema controvertido y que algunos han llegado a decir que hace pensar en ‘La hora chanante’(2002-2006), tampoco está especialmente conseguido, pero le basta para estar entre lo mejor de la película.

Helen Mirren y Anthony Hopkins en 'Hitchock'

Cada vez que pienso en ‘Hitchcock’, menos me gusta, y lo cierto es que ya estaba muy decepcionado al acabar de verla. No hay nada que funcione realmente bien, y son muchos los problemas que van destruyendo la película hasta tal punto que lo más acertado sería considerarla como una falta de respeto hacia Alfred Hitchcock. No sé qué haréis vosotros, pero yo he llegado a la conclusión de que lo mejor que puedo hacer es intentar olvidar su mera existencia.

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