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Hop

Hop: “¿No te extraña ver un conejo que habla?”

David Hasselhoff: “Mi mejor amigo es un coche que habla.”

Aunque aquí estas tradiciones las cumplamos sin que signifiquen mucho para nosotros, estamos hartos de ver películas en las que se pone en peligro la capacidad de Papá Noel para repartir regalos, lo cual malograría la Navidad. ‘Hop’ (2011) nos cuenta la misma historia, pero es el conejito de Pascua quien no quiere llevar a cabo su reparto en lugar de Santa y es la Semana Santa lo que está en peligro. E. B. es un conejo adolescente que debe heredar la profesión de su padre, Easter Bunny, pero que, en lugar de ello, desea convertirse en batería de rock y viajar por el mundo. Decide probar suerte en Hollywood, donde Fred, un vago al que sus padres acaban de echar de casa para que encuentre trabajo y piso, lo atropella. E. B. – Hop en el doblaje y en los subtítulos– finge que está herido, por lo que Freddy se siente obligado a llevarlo a la mansión que tiene que vigilar durante la ausencia de los dueños.

Tim Hill, director de ‘Alvin y las ardillas’, y los productores de ‘Gru, mi villano favorito’ se unen para llevar a cabo un producto que cuenta con un 3D de movimientos fluidos y creíbles, con un diseño simpático de personajes animales y con una perfecta integración entre la animación y la imagen real. Se ha desdeñado la opción de otras películas infantiles de ofrecer una segunda lectura que atraiga a los adultos y el público objetivo son los niños y niñas de muy corta edad, ni siquiera los jóvenes o los adolescentes. Pero me da la impresión de que incluso a los más infantes, como mucho, lograrán contentarlos, no entusiasmarlos o divertirlos.

Hop

La caza de huevos de colores es mucho menos universal y está menos extendida que la costumbre de entregar regalos el 25 de diciembre, por lo que el riesgo de que el conejito nos haga la pascua dejando de hacerla, constituye un endeble conflicto. Eso no tendría por qué ser un problema ya que, bien planteado, hasta el incordio más lejano se entendería como motor de una narración en cualquier parte del mundo. Pero es que ‘Hop’ apenas presenta argumento en el que basar los movimientos ni peripecias con las que rellenar los minutos y, a partir de un flojo punto de partida, el desarrollo argumental es casi inexistente. La resolución que toma el protagonista humano de encargarse de la misión, que podría constituir el primer punto de giro, se da casi al final y, hasta llegar ahí, solo se incluyen escenas de relleno sin humor ni capacidad para entretener. Para rematar, el personaje de Hop no es tan gamberro o malicioso como para sostener por sí mismo el interés de secuencias sin progresión, como sí ha ocurrido con otras cintas de animación.

Actores de gran categoría, como Hugh Laurie y Hank Azaria –con acento español en uno de sus papeles–, ponen las voces a la versión original, pero ni sus inclusiones elevan la calidad del resultado. Los únicos guiños orientados a un público que haya pasado la pubertad son la intervención de David Hasselhoff –no porque su papel sea profundo, sino porque hay que tener una edad para conocerlo– y el minicameo físico de Russell Brand, que es quien pone voz al conejo. Kaley Cuoco apenas cuenta con líneas de texto o apariciones y, para más inri, encarna a la hermana del protagonista y no a su posible interés romántico. Y es que ‘Hop’, por no tener, no tiene ni trama amorosa.

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James Marsden, quien, a sus treinta y muchos, hace un papel de veintipocos años, se pasa el metraje exagerando gestos y poniendo caras como si él mismo también fuese un personaje de animación. Es muy probable que el actor asumiese que aquí había llegado a su fin su carrera cinematográfica y por eso ahora esté interpretando un denigratorio papel en ’30 Rockefeller Plaza’ (‘30 Rock’), donde al menos puede asegurar que está siendo irónico.

Conclusión

‘Hop’ presenta nulo interés, aún menor que el que su sinopsis, tráiler o imágenes previas nos harían augurar. Con la misma orientación infantil, se podría haber sacado partido a ciertas posibilidades desaprovechadas, como la confusión entre Hop y un muñeco, que no es nada novedosa, pero siempre da juego, o el despliegue de imaginación que podría surgir en la fantástica factoría de caramelos que emula al emporio de Willy Wonka, retratado por Tim Burton en ‘Charlie y la fábrica de chocolate’. Todo es excesivo para que el conjunto se quede corto: escenas en las que se abusa de la música para amenizar, intérpretes contratados para sobreactuar y un desperdicio de esfuerzos de postproducción sirven para dejar en muy buen lugar a todos sus referentes o competidores. Tan inocua que no llega ni a resultar empalagosa, aunque los caramelos salgan hasta por el trasero.

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