Inéditas en España: 'Mad Monster Party', el guateque monstruoso

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Imagen con el cartel de 'Mad Monster Party'

Ya os comenté que este pasado Halloween aproveché para verme varias películas con unos amigos, siendo ‘Mad Monster Party‘ (Jules Bass, 1967) la que puso punto y final a la noche de cine. Además, si no me fallan los datos, esta película de culto era la ocasión ideal para retomar mi especial de películas inéditas en España, ya que es una de las muchas películas que jamás llegaron a verse en nuestros cines, siendo especialmente grave en este caso al tener ya ya 45 años. Esto resulta más chocante al ver ahora en nuestros cines a ‘Hotel Transilvania‘ (Hotel Transylvania, Genndy Tartakovsky, 2012), una cinta con la que comparte ciertos elementos.

Una propuesta singular

Hasta la llegada de ‘Pesadilla antes de Navidad‘ (Nightmare before Christmas, Henry Selick, 1994), la animación por stop motion era una rareza practicada sobre todo para producciones checas por lo general también invisibles en España. Sin embargo, la creación de ‘Mad Monster Party’ invitaba al optimismo sobre su posible éxito, en especial por la implicación directa de varios colaboradores de la mítica revista Mad. Harvey Kurtzman (junto a Len Korobkin), uno de los creadores de la misma, se encargaría del guión y Jack Davis, artista gráfico de Mad, se encargaría del diseño de la mayoría de los personajes.

Mad Monster Party

Los homenajes son uno de los puntos fuertes de ‘Mad Monster Party’, en especial a los personajes clásicos del cine de terror de la Universal, algo muy patente por el hecho de que en la trama aparezcan Frankenstein o Drácula entre otros muchos. Además, consiguieron que Boris Karloff, ya en franca decadencia y, aunque eso aún no se sabía, en los últimos años de su vida, prestase su voz al Barón Boris von Frankenstein, algo que se tuvo muy cuenta a la hora de diseñar a su personaje. Eso sí, en el caso de Peter Lorre eso no fue necesario (algo lógico dado que había fallecido en 1964) para que el lacayo del protagonista nos recuerde irremediablemente al protagonista de ‘M, el vampiro de Düsseldorf‘ (M, Fritz Lang, 1931). Todo ello convierte a ‘Mad Monster Party’ en una delicia sobre el papel, pero las debilidades de la misma pronto quedan al descubierto.

Endeble y alargada

El hecho de que el Barón Frankenstein organice una reunión de monstruos para elegir a su sucesor es una premisa innegablemente interesante, viéndose fortalecida por el singular encanto de la (algo primitiva) animación en stop motion (quizá demasiado estática en determinadas situaciones), pero los intereses de Kurtzman y Korobkin parecen estar más centrados en subrayar en exceso lo singular de la propuesta que en desarrollar conveniente la historia de la misma.

Estoy convencido de que habrá muchos seguidores de los múltiples números musicales que aparecen durante los poco más de 90 minutos de metraje, siendo evidente, y estoy pensando sobre todo en Tim Burton, la influencia posterior de alguno de ellos, pero a la hora de la verdad sirven más para entorpecer el devenir dramático de los acontecimientos que como (muy) discutible interludio para hacer hincapié en los diseños de otros personajes o por el interés individual de cada una de las canciones. Gusten o no (yo me sitúo en un punto intermedio tirando hacia el no), son fácilmente prescindibles, sin que por ello ‘Mad Monster Party’ corra el riesgo de convencionalizarse, uno de los aspectos a evitar. Eso sí, me gustaría destacar a modo personal la que acompaña a los, estos sí, maravillosos títulos de crédito iniciales, ya que su sonoridad incluso le lleva a uno a acordarse de las películas de James Bond.

Una vez establecida la premisa y desvelada la identidad del sucesor del Barón, ‘Mad Monster Party’ se estanca y va perdiendo interés de forma acelerada hasta su explosivo desenlace. Es cierto que las canciones poco ayudan, pero los complots para liquidar al sucesor y así apoderarse del último invento del Barón son ineficientes y, sobre todo, cansinos. Es ahí donde Kurtzman y Korobkin deberían haber apostado por una mayor economía narrativa que permitiera acortar al máximo el metraje de la película, ya queesos últimos 30-40 minutos son un lastre en el que vemos lo huecos que están los personajes y lo previsible que va a ser todo (el sucesor se va salvando como quien no quiere la cosa).

Sigue habiendo buenas ideas en el diseño de escenarios y de personajes que van apareciendo por primera vez en esa parte de ‘Mad Monster Party’, pero o has caído rendido a los excesos kitsch de los que echa mano o todo se hace muy cuesta arriba para el espectador. Con todo, tuvo un éxito suficiente para conseguir que rodara una ignota secuela televisiva bajo el título de ‘Mad, Mad, Mad Monsters’, pero ha sido ‘Mad Monster Party’ la que ha conseguido mantener cierta popularidad como película de culto, algo muy merecido pese a sus evidentes debilidades, ya que de culto no equivale a ser buena.

Imagen de la película 'Mad Monster Party'

En definitiva, ‘Mad Monster Party’ conserva cierto encanto por la mezcla de su estrafalario argumento con una singular animación en stop motion, dejando para el recuerdo aciertos parciales como la escena de créditos iniciales. La pega es que el interés de la historia va deteriorándose por un guión que confía demasiado en el encanto kitsch de unas canciones que rara vez funcionan, a lo que tampoco ayuda que la trama central tarde bien poco en perder todo fuerza. Se siguen agradeciendo los guiños que se incluyen aquí y allá, pero la sensación que queda es que ‘Mad Monster Party’ hubiera funciona mucho mejor como medioametraje que en ningún caso superara la hora de duración.

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