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La boda de mi mejor amiga

En numerosas ocasiones, he hablado de Paul Feig, el alma de la serie que tanto he recomendado, ‘Freaks and Geeks’, que, además de guionista y director, es actor y autor de algunas novelas autobiográficas desternillantes. ‘La boda de mi mejor amiga’ (‘Bridesmaids’, 2011), que se estrena esta tarde, está dirigida por este hombre que, recientemente, se había recluido en la televisión, aunque la palabra “recluido” puede no ser la adecuada, ya que se ha encargado de series de gran prestigio, como ‘Arrested Development’, ‘The Office’, ‘Bored to Death’ o ‘Mad Men’. Y es que una historia de perdedores, nada complaciente con su protagonista y basada en un humor de la vergüenza ajena, como la que nos ocupa, es el material perfecto para este realizador de la pandilla de Judd Apatow.

La actriz protagonista, Kristen Wiig, ha escrito el guion junto con Annie Mumolo, quien da nombre al personaje principal, lo que nos haría pensar en un mero guiño o en un componente autobiográfico. Ante la inminente boda de su mejor amiga, de cuya organización se tiene que encargar por ser la dama de honor, Annie empieza a darse cuenta de que su vida es un completo desastre y, desquiciada, comenzará a provocar que se vaya convirtiendo en un desastre aún mayor, mientras que destruye, al mismo tiempo, los preparativos de su amiga.

‘La boda de mi mejor amiga’ es desenfadada y divertida y tiene una cantidad considerable de humor. Los chistes previstos son algo tópicos, a diferencia, por ejemplo, de la originalidad de las ocurrencias de los dos ‘Resacones’. Y se podría decir que son de un gusto más bien masculino, suponiendo que todavía haya alguien por ahí con ideas de “películas para tías” –“chick flicks“– y “películas para tíos”. No obstante, lo que causa más hilaridad son las situaciones embarazosas en las que se encuentra o se mete solita la protagonista y en especial dos momentos que seguro que se perderán en la versión doblada: cuando intenta dar un discurso en supuesto español y cuando hace una mención a un famoso patrio en la zona de primera clase del avión.

Wiig tiene vis cómica y un físico que invita a la empatía y a la lástima. El resto de las actrices, exceptuando quizá a Maya Rudolph, la futura novia, también son muy humorísticas. Melissa McCarthy es muy grande y Rose Byrne merece una mención especial, ya que, desde el personaje que más desagradable debería parecer, crea a un ser frágil y entrañable.

La boda de mi mejor amiga

Exaltación de la amistad

Suelo buscar que el cine me haga reír y apreciarlo mucho cuando una película lo consigue y, aunque ‘La boda de mi mejor amiga’ tenga ese propósito como intención principal y lo cumpla, en ella he apreciado otros de sus aspectos muy por encima. La parte emotiva de la amistad y la pequeña trama romántica, en la que destaca un encantador Chris O’Dowd (‘Los informáticos’ o ‘The IT Crowd’), que podría decirse que es lo mejor del conjunto, lograron tocarme la fibra. Y quizá es esa otra de las habilidades de Feig quien, en ‘Freaks and Geeks’, por mucho que pudiese presentar situaciones risibles, lo que más provocaba era arrancar una lagrimita de emoción ante los sufrimientos o alegrías de los personajes. Sus caracterizaciones eran tan realistas que llegaban muy cerca.

La Annie de nuestra historia no es un personaje encomiable, no es una víctima, ni siquiera es mejor persona que la Barbie pija, que resulta molesta por ser tan perfecta. Es un personaje deplorable, que se hunde en su miseria y estropea la vida a quienes la rodean. Así es la protagonista. Me satisface encontrar esta valentía a la hora de abordar a un principal, sin miedo a que los defectos creen una distancia, sino con la conciencia de que lo que harán es enriquecer al personaje. Eso engrandece a sus autores. De esta forma, ese momento bajo que debe haber en toda historia de amor o amistad –aquí hallamos ambos en paralelo–, es decir, esa ocasión en la que parece que todo se ha perdido y va a salir mal… bueno, ese momento, en lugar de ser un bache conocido del que sabemos que se va a salir y solo vemos como trámite, se convierte en un instante de reflexión y transmisión de emociones. Aunque, es muy posible que no todos los espectadores lo vean de esta manera.

En los últimos años, las comedias están tendiendo más a tratar la amistad que el amor romántico. No digo que no existiesen desde siempre películas sobre el compañerismo y el amor entre colegas, pero me refiero a una ligera variación con respecto a la comedia romántica en la que se exalta la amistad por encima de otros sentimientos. En ‘Resacón en Las Vegas’ o ‘Supersalidos’ los objetivos románticos de los protagonistas, ya sea la futura novia en la primera o las chicas a las que tratan de seducir en la segunda, tienen un papel muy secundario con respecto al mejor amigo. Lo mismo sucede aquí, donde el futuro marido de la mejor amiga apenas aparece en imágenes y no tiene ni una sola frase de diálogo. El auténtico clímax y la resolución principal provienen de la reconciliación con la amiga, más que del hallazgo de una pareja.

La boda de mi mejor amiga

Lo mismo, pero distinto

Comentábamos, no hace mucho, que la aparente falta de ideas en Hollywood se debe en realidad a la falta de valentía de los ejecutivos para venderle al público planteamientos nuevos. Los que van a financiar las películas buscan que se les ofrezca lo mismo, es decir, una premisa que se parezca ya a películas preexistentes. Pero, obviamente, quieren que tenga algo distinto. Así es ‘La boda de mi mejor amiga’. Es un film que muchas personas rechazarán porque pensarán que es lo de siempre. Lo encuentro lógico, pues tanto el título, como el cartel, como el tráiler les va a remitir a centenares de productos que ni siquiera les gustaron cuando esos elementos se veían por vez primera.

Lo que ocurre es que la película que nos ocupa ha sabido muy bien conseguir esa otra exigencia, la de “distinto”. Aparentemente, es lo mismo, pero a todo se le ha dado la vuelta. La boda es solo un punto de partida, un detonante para que esta mujer se replantee su vida y una excusa para aglutinar a los personajes, pero la ceremonia en sí apenas aparece y no tiene la más mínima importancia ya que, como hemos dicho, el noviazgo de la que se casa es intrascendente.

Sabiendo de antemano que en esta ocasión la comedia la llevarán las mujeres y que habrá gamberrismo en lugar de petardeo y que no serán los personajes femeninos más típicos y deplorables… incluso partiendo de eso, el resultado vuelve a dar la vuelta a las expectativas y ofrece mucho más, yendo a lo profundo y a lo emotivo. Está claro que estoy siendo generosa con los siete puntos sobre diez, pero, si se hace un repaso a lo que el año 2011 nos está ofreciendo en cine, no se puede dar con muchas películas que merezcan esta puntuación y, aunque sea una tontería calificar por contraste, me apetece darle tantas estrellas porque no solo lo pasé bien, sino que me marcó un poquito.

Mi puntuación:

3,5

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