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La guerra de Charlie Wilson

‘La guerra de Charlie Wilson’ (‘Charlie Wilson´s War’) se estrenará el día 22 de febrero. Está dirigida por Mike Nichols y protagonizada por Tom Hanks, Julia Roberts y Philip Seymour Hoffman. El guión de Aaron Sorkin se basa en el libro de George Crile ‘Charlie Wilson’s War: The Extraordinary Story of the Largest Covert Operation in History’ (La guerra de Charlie Wilson: la extraordinaria historia de la mayor operación encubierta de la historia), que a su vez relata hechos reales. Nos cuenta cómo el congresista Wilson, animado por las ideas anticomunistas extremas de su amiga Joanne Herring, recaudó dinero para entregar armas de forma encubierta a los afganos y que así estos luchasen contra los soviéticos sin que se supiese que habían tenido ayuda estadounidense.

Tom Hanks declaraba que el libro sería buen material para un documental, pero que para convertirlo en película de ficción, habría que añadirle algo de chispa. Indudablemente lo han conseguido en un guión al que le sobran atributos y cuya mayor audacia está en no tomarse en serio ni a sí mismo, ni la historia relatada, ni muchísimo menos a sus personajes. Ese acercamiento ligero, lleno de humor, que presenta ‘La guerra de Charlie Wilson’ se consigue gracias a unos protagonistas que tienen casi más defectos que virtudes, si los juzgamos desde el punto de vista desde el que se suele presentar a los héroes en las películas, más concretamente norteamericanas.

El ritmo de unos diálogos escritos de maravilla demuestra de nuevo el buen hacer de los creadores del film. Es necesario destacar la conversación que sostienen Philip Seymour Hoffman y Tom Hanks mientras la jefa de prensa le informa al congresista de que le van a acusar por consumir cocaína. A la rapidez de su ejecución se suma una puesta en escena, casi de vodevil, tan divertida que nos daría igual de lo que estuviesen hablando para disfrutar esta secuencia.

Nada de esto sería posible si las interpretaciones de sus actores principales no fuesen tan geniales como lo son. Es normal que ocurra así cuando se halla en el reparto Philip Seymour Hoffman. De hecho, cuando está presente en alguna escena, “vampiriza” a los demás, aunque su personaje sea el que menos relevancia tenga en el debate. Su participación, es menor en importancia y minutos de presencia en pantalla que la de Hanks. Y lo sorprendente es que incluso este hombre, tan dado a los gestos faciales y el histrionismo, nos ofrece una actuación diferente a sus trabajos habituales que logra que su claro protagonismo sea un punto a favor y no en contra de la película. Tom Hanks crea un personaje mucho más maduro y complejo de lo que suele ofrecer y con su cambio incluso físico –¿peluca? ¿más años?— se le puede ver con otros ojos. Julia Roberts está correcta y sorprende por su acento sureño, pero no destaca como ellos dos. No es poco decir que le pueda sostener el pulso a Hoffman cuando sus personajes se enfrentan y, gracias a su aspecto, supone un completo acierto de reparto.

Si nos centramos en el tema tratado, es muy interesante ver cómo se podían conseguir las cosas sólo con algo de esfuerzo y casi sin que las autoridades llegasen a darse cuenta. Por ello, aunque ‘La guerra de Charlie Wilson’ esté repleta de frases patrióticas –que quizá están incluidas con sarcasmo, no lo sé— en realidad hay una enorme crítica a la manera de llevar la política exterior del país y al funcionamiento interno de órganos como la CIA o a la falta de criterio y atención a la hora de distribuir los presupuestos de Estado. O más que interesante, quizá es aterrador.

Supongo que debería dar igual estar en un bando o en otro de los contendientes de la Guerra Fría para identificarse con los objetivos de los protagonistas, ya que éstos están bien presentados. Y también es verdad que no se ha vuelto por completo a ese patriotismo desaforado y no cuestionado que tenían los films estadounidenses en aquella época y que podía revolver el estómago. Patriotismo que, afortunadamente, el cine ha perdido con los años, pues hoy en día, la política exterior se cuestiona mucho más y hasta ellos se han dado cuenta de que no todo es blanco y negro. En ‘La guerra de Charlie Wilson’, gracias a esa ausencia de maniqueísmo en los personajes que comentaba al principio, seguimos sin estar en un film carente de matices, pero lo que sí se presenta sin dejar lugar a la duda es quiénes eran los buenos en aquella guerra que en teoría no se estaba luchando, como hacían las películas de los ‘80. Si piensan que sus productos se consumen en todo el mundo y no sólo en su país, quizá podrían rebajar el tono enardecido de algunos diálogos para resultar menos evidentes. Aunque ya decía que quizá todo eso esté lleno de sarcasmo, es difícil decirlo. Sé que el contenido político no hace que un film sea mejor o peor, pero nadie me negará que puede entorpecer el disfrute para algunos espectadores. Y, por otro lado, nunca fue buen cine presentar las cosas de manera obvia.

En definitiva, dejando aparte algunos momentos de declaraciones patrióticas difíciles de aguantar, ‘La guerra de Charlie Wilson’ es una película ejecutada de manera notable, que presenta un buen retrato de personajes, diálogos hábilmente escritos y ritmados, así como unas interpretaciones grandiosas. Su tono desenfadado permite la inclusión de mucho humor y convierte su visionado en una diversión.

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