'La jungla: Un buen día para morir', un insulto para los fans de John McClane

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Imagen con el cartel de 'La jungla: Un buen día para morir'

John McClane es uno de los mejores personajes de la historia del cine. No sé exactamente qué lugar ocuparía, pero ampliaría la lista todo lo que hiciera falta para poder incluir al personaje que lanzó a la fama con todo merecimiento a Bruce Willis. Es cierto que el protagonista de ‘El protegido’ (‘Unbreakable’, M. Night Shyamalan, 2000) ha explotado en exceso los rasgos que definen a McClane en multitud de películas, pero su aparentemente inagotable carisma le servía para salir más o menos airoso incluso de auténticos bodrios como ‘Vaya par de polis’ (‘Cop Out’, Kevin Smith, 2010).

En lo referente a la saga Jungla de cristal es evidente que la presencia en la dirección de John McTiernan era lo que elevaba a la primera y tercera entrega por encima del resto, pero la segunda era un entretenido clon de ‘Jungla de cristal’ (‘Die Hard’, 1988) ambientado en un aeropuerto y la cuarta un entretenimiento cumplidor en una época en la que el cine de acción de Hollywood ya se estaba echando a perder. Pasábamos de un héroe cascadísimo y pasado de vueltas a una especie de superhombre invulnerable, pero seguíamos viendo a John McClane en pantalla, lo que ayudaba mucho a que no se hiciera aburrida cuando optaba por lo ruidoso por encima del ingenio. Por desgracia, ‘La jungla: Un buen día para morir’ (‘A Good Day To Die Hard’, John Moore’ 2013) lleva al extremo todas las debilidades de su predecesora y no tiene problemas en destrozar por completo todo lo que convirtió a McClane en uno de los personajes más queridos por los seguidores de este tipo de película.

Un John McClane de mentira

Bruce Willis es John McClane

Estoy convencido de que el atributo que más valoraba la gran mayoría en John McClane era su cinismo para enfrentarse a los problemas, lo cual nos ofrecía brillantes one-liners y mayores facilidades para conectar con un héroe que notábamos más cercano. Le machacaban a golpes, acababa tan sucio como si viviera en un cubo de la basura – mítica su camiseta blanca que según pasaba el metraje iba dejando de serlo progresivamente- y sangraba cada dos por tres. Era el héroe perfecto para conseguir una conexión emocional con sus peripecias y que realmente disfrutáramos de lo que aparecía en pantalla, incluso cuando en ocasiones podía rozar peligrosamente lo absurdo.

Pues bien, ya podéis ir olvidándoos de ese John McClane, ya que el que aparece en ‘La jungla: Un buen día para morir’ podría tener otro nombre y no notaríamos la diferencia. Tiene mérito haber destruido a un personaje tan peculiar como McClane, pero no es más que una mera consecuencia de la triste evolución del cine de acción de Hollywood: Los héroes de carne y hueso ya no existen. Sólo hay superhéroes o personajes tan invulnerables que nos importa un pimiento lo que les pase. Por no decir que la mecánica de la acción siempre tiene que incluir una persecución anodina y alguna gran explosión para evitar que el espectador se duerma ante lo que aparece en pantalla.

Las debilidades del cine de acción moderno

Bruce Willis y Jai Courtney en 'La jungla: Un buen día para morir'

Las peleas físicas han quedado totalmente marginadas en beneficio de un exceso de acción final que lo único que consigue es perder toda la fuerza al desligarlo de la parte humana de la historia. En ‘La jungla 4.0’ (‘Live Free or Die Hard’, Len Wiseman, 2007) ya había señales de ello, pero al menos respetaban la necesidad de un enfrentamiento final cuerpo a cuerpo y la carga aparatosa previa funcionaba con moderada corrección. Aquí lo que hay es un clímax que me recordó al de ‘Desafío total’ (‘Total Recall’, 2012), cinta en la que Len Wiseman, director de la cuarta entrega de la franquicia, incurría en todos los grandes males del cine de acción actual en su tramo final.

Es ya habitual en los entretenimientos de corte industrial el ofrecernos un relato más o menos dinámico que se echa totalmente a perder en su desenlace, donde la necesidad de ser lo más impactante posible hunde en la miseria todos los posibles logros previos. Pensad por ejemplo en la bochornosa persecución que echaba el cierre de ‘El legado de Bourne’ (‘The Bourne Legacy’, Tony Gilroy, 2012) o incluso pasemos ya directamente a los superhéroes y recordemos cómo ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ (‘The Dark Knight Rises’, Christopher Nolan, 2012), una brillante película durante su primera hora, flaqueaba en exceso cuando Batman llegaba para salvar a Gotham del pagafantas de Bane – aquí sufrimos con otro villano de pacotilla, pero es que encima lo es en todo momento- . Parece que estamos condenados a que los blockbusters cada vez fallen más en los momentos en los que han de lucir realmente los millones invertidos, pero el gran problema con ‘La jungla: Un buen día para morir’ es que la película no funciona en ningún momento.

Nada se salva en ‘La jungla: Un buen día para morir’

Una explosión

La contratación de John Moore para liderar la película me pareció bastante desacertada en su momento, pero lo que terminó de rematarlo fueron unas declaraciones suyas en las que comentaba que había que amoldarse a los gustos del público y que iba a rodar una cinta de acción seria en la que no habría casi espacio para el humor. Pensé que quizá fuera una salida de tono y que los productores tenían que saber que John McClane no es nadie si le quitas su toque cómico. Me equivoqué, ya que Bruce Willis no sólo pierde protagonismo por haber puesto a su hijo – anodino Jai Courtney- como sidekick – ¿Cuándo aprenderán en Hollywood que ese recurso prácticamente nunca funciona?- , sino que anulan esa faceta suya. Hay varios apuntes al inicio que invitan a pensar que no va a ser así – su hija diciendo que no estropee aún más las cosas o el taxista ruso al que le gusta la música de Frank Sinatra-, pero todo acaba finalmente reducida a alguna frase sin fuerza, siendo completamente imperdonable la patética utilización de su famosa catch phrase, la cual está incluida con calzador para que los fans no echen pestes por su ausencia.

El trabajo de puesta en escena tampoco sirve para redimir a John Moore, ya que es incapaz de que la película luzca realmente como un gran entretenimiento. Su querencia por los planos cortos – sólo los abandona realmente cuando puede mostrar tiroteos, persecuciones o grandes explosiones- parece una mera consecuencia de los intentos por ocultar el evidente recorte presupuestario que ha sufrido ‘La jungla: Un buen día para morir’ con respecto a su predecesora. Creía que eso se debía a la calificación R que ha recibido en Estados Unidos, lo cual limita al público que puede ir a verla, pero esto apenas se nota en el guión de Skip Woods más allá de alguna palabra malsonante que no añade nada de relieve a la acción. Con todo, se puede llegar a perdonar a Woods, ya que es evidente que el guión no estaba inicialmente pensado para formar parte de la franquicia, pero Moore demuestra una total inoperancia a la hora de dotar de la más mínima emoción al relato que nos está contando.

Imagen de la película 'La jungla: Un buen día para morir'

Me alegré cuando hace unos días se anunció que íbamos a tener ‘Jungla de cristal 6’, pero ahora espero que jamás llegue a ver la luz del día. El cine no necesita más secuelas que destrocen el encanto de las entregas que llevaron a muchos espectadores a convertirse en fans de las franquicias. Si en Hollywood quieren hacer basuras millonarias, por mi ningún problema, simplemente llegará un punto en el que no vaya a ver ninguna – y como yo otros muchos- , pero que dejen de jugar con nuestra nostalgia para intentar sacarnos nuestro dinero con porquerías como ‘La jungla: Un buen día para morir’.

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