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Hammer Film Productions, la mítica productora británica, de la que han salido un buen número de joyas del cine de terror —muchas de ellas a cargo del maestro Terence Fisher— las cuales han influido poderosamente en el cine moderno de horror, lleva unos cuatro años intentando resurgir de sus cenizas. Empezaron con el film directo al mercado casero, ‘Beyond the Rave’ (Matthias Hoene, 2008), que proponía una peculiar visión sobre el mito vampírico, tan del gusto de las audiencias. Siguió codeándose con el mismo con la interesante ‘Déjame entrar’ (‘Let Me In’, Matt Reeves, 2010), resbalaron con la vacía ‘La víctima perfecta’ (‘The Resident’, Antti Jokinen, 2011), y pasaron desapercibidos con la inédita en nuestras salas ‘Wake Wood’ (David Keating, 2011). Ahora han logrado brillar a cierta altura con ‘La mujer de negro’ (‘The Woman in Black’, James Watkins, 2012), un entretenimiento de primera para los amantes del miedo.

Watkins tiene en su haber la poderosa ‘Eden Lake’ (2008), film inédito por estos lares, un survival estremecedor que lograba llegar más lejos que ciertos denominados autores en su descripción de la ignorancia y los peligros de una equivocada educación. Su protagonista era el muy de moda en estos momentos Michael Fassbender, pero la película apenas se vio. Ahora Watkins ha tenido la suerte de contar con Daniel Radcliffe, recién salido de la saga de Harry Potter, lo cual garantiza al film una distribución comercial más que satisfactoria. Aunque el actor resulte lo más flojo del film, paradójicamente su presencia logrará arrastrar a más gente al cine para que todos sean testigos de un buen relato de terror, sin abuso de efectismos ni efectos visuales, y a la antigua. En cierto modo ‘La mujer de negro’ rinde homenaje a las viejas formas de entender el terror, logrando que los que gozamos con los imprescindibles títulos de la productora, nos hagamos la boca agua imaginando que el futuro de la casa sigue por los derroteros del film de Watkins.

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La famosa novela de Susan Hill, ya llevada a la pequeña pantalla en 1989, está adaptada por la guionista Jane Goldman, cuyo currículum habla por sí solo. La historia narra la misteriosa aventura paranormal de un abogado viudo cuando vaya a tasar una vieja y monumental casa en una apartada región. Una vez allí comprobará que los niños desaparecen poco a poco, víctimas de horribles muertes. Pronto descubrirá qué está pasando en el lugar. Una premisa que recuerda sobremanera a los films clásicos del subgénero de fantasmas, operación que no sobresale por original en una época en la que las mejores películas de la temporada parten de un ejercicio de nostalgia hacia tiempos pasados en el celuloide. Curiosamente James Watkins, que se revela como un cinéfilo con bastante memoria, rinde tributo a films no salidos de la Hammer, con lo que el juego del homenaje cobra un doble sentido.

Las apariciones fantasmales de la mujer del título recuerdan sobremanera a uno de los títulos clave del cine de terror: ‘Suspense’ (‘The Innocents’, Jack Clayton, 1961), adaptación de la famosa novela de Henry James ‘Otra vuelta de tuerca’, cuyos ecos resuenan también en el film de Watkins. El realizador sabe que la puesta en escena es clave a la hora de hacer cine de calidad. ‘La mujer de negro’ viaja por lugares comunes, como lo hacen todos los films de fantasmas recientes, incluso tiene un momento de guión que a mi parecer resulta de lo más forzado —el cuerpo del niño nunca encontrado es algo que a Arthur (Radcliffe) parece no importarle lo más mínimo, debido a la facilidad con la que él lo encuentra—; no obstante los aciertos están en la inspirada cámara de Watkins, siempre teniendo en cuenta el espacio físico, acentuando muy bien los momentos tensos, basados en la imprescindible atmósfera y alejados de efectismos, ruiditos y subidón de volumen.

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Toda la parte de la casa es la más importante e interesante. Un cuento de fantasmas desarrollado entre cuatro paredes, y que divierte y asusta mucho más que la incertidumbre que baña a los lugareños, conocedores del secreto de la mujer fantasma, en una trama que daría para otra película, y sobre la que Watkins pasa por encima para concentrarse en lo verdaderamente importante, asustar al espectador. Si bien la labor de Daniel Radcliffe, recién salido de la saga del mago niño y buscando nuevos horizontes en su profesión como actor, deja bastante que desear. Y aunque su elección no se aparta demasiado de la política a seguir por la Hammer en sus años de esplendor —elegir actores jóvenes para los papeles protagonistas—, su elección es totalmente equivocada, ya que en cualquier momento parece que va a sacar su varita mágica y arreglar todo el entuerto de un plumazo. A su lado Ciarán Hinds llena de matices su breve personaje, demostrando que muchas veces la labor de un buen secundario llena mucho más que la de un actor principal.

Aunque puedan parecen distintas, ‘Eden Lake’ y ‘La mujer de negro’ coinciden en su visión de la infancia. Una mala educación, o una infancia llena de desgracias, puede dar lugar a monstruos tan reales como los del primer título, o venganzas eternas de la mano de un fantasma en pena por haber arrancado de su lado a su hijo. Dos films viscerales, uno en su brutalidad explícita, el otro como agobiante y cruel relato fantasmal, que hablan a su manera de la importancia de esos años tan difíciles y complicados que cierran aquello denominado niñez. Es curioso que de esa premisa, que bucea en ambas películas, hayan salido dos trabajos que describen lo horrendo que puede llegar a ser el ser humano. Y en ambas se hace pagar el error a los adultos por el trabajo mal hecho con sus descendientes. Ya sea en un mundo lleno de violencia o en la gótica mansión habitada por un fantasma, hay que exorcizar los pecados. Curiosamente y no por coincidencia el destino de los personajes centrales en ambos films es el mismo.

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