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Todo lo que vemos o creemos ver no es sino un sueño dentro de un sueño (Edgar Allan Poe)

Con esa frase da comienzo el siguiente film de John Carpenter tras su estruendoso éxito ‘La noche de Halloween’ (‘Halloween’, 1978), y que el director creía que estaba siendo un fracaso de crítica y público. Refugiado en televisión, donde acaba de hacer ‘Someone´s Watching Me!’ (1978), y en pleno rodaje de ‘Elvis’ (id, 1979) —la primera colaboración de Carpenter con su actor fetiche, Kurt Russell—, recibe una llamada de sus productores avisándoles del fenómeno en el que se está convirtiendo el film protagonizado por Jamie Lee Curtis y Donald Pleasence, así que hay que moverse rápido y ponerse manos a la obra con un nuevo relato de terror.

La historia de ‘La niebla’ (‘The Fog’, 1979) se les ocurrió a Carpenter y su amiga Debra Hill cuando visitaron Stonehenge y vieron un banco de niebla que les hizo plantearse la siguiente pregunta: ¿qué hay dentro de la niebla? Tan sencilla cuestión da lugar a un cuento de horror, nunca mejor dicho, que confirma por un lado la pericia y talento de John Carpenter parea crear atmósferas terroríficas, aunque por otro desvela unos claros intereses comerciales —con escenas filmadas a pocos días del estreno, que a mi juicio no debieron filmarse— que lastran un poco una obra que realmente inquieta con muy pocos elementos.

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(From here to the end, Spoilers) En el centenario del pueblo pesquero San Antonio Bay una misteriosa niebla que parece tener vida propia esconde a los fantasmas de un barco que los lugareños ayudaron a hundir hace años para que la lepra no llegase a la localidad. Tan atractiva premisa hurga de forma nada disimulada en nuestros temores más antiguos, realizando un ejercicio de cinefilia a ratos deslumbrante. Carpenter no sólo sigue estilizando su estilo, sino que rinde homenajes muy sentidos a Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft, marcando la importancia del miedo a lo desconocido. Es realmente curioso comprobar como el film no funciona en sus momentos más evidentes, incapaces de estropear la fascinación que emite el film y que sin embargo entorpecen el ritmo en determinados momentos.

El inicio de ‘La niebla’ es toda una declaración de intenciones, y una de las mejores secuencias jamás filmadas por Carpenter. John Houseman, en una aparición especial, interpreta a un viejo pescador que alrededor de una hoguera cuenta un cuento de terror a un grupo de niños que le escuchan muy atentamente. Lo hace justo cinco minutos antes de medianoche, de que empiece el día del centenario, y el cuento es precisamente lo que ocurrió hace cien años en la costa de San Antonio Bay. La interpretación de Houseman, la iluminación —Dean Cundey, ahora relegado a films que nadie conoce, demostrando que era de los mejores—, y la planificación de Carpenter obran el milagro, la tensión se hace latente y nuestro interés por saber más se hace evidente. Sin trucos ni efectismos.

De hecho los pocos efectismos del film están mal insertados y parecen responder a una necesidad puramente comercial. Cabe citar al respecto la cabeza de uno de los muertos llena de gusanos, obra y gracia de Rob Bottin —quien también interpreta, junto a más amigos de Carpenter, a uno de los fantasmas—; o aquella innecesaria secuencia con Jamie Lee Curtis —su presencia es la prueba más contundente de la intenciones comerciales, pues su personaje es uno de lo más inútiles jamás vistos en una película— sufriendo el ataque de un resucitado, totalmente falta de coherencia y que parece sacada de una película de zombies, en pleno esplendor en aquellos años gracias a George A. Romero.

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Afortunadamente nos queda la mano tan personal de John Carpenter que logra una muy conseguida atmósfera —ocultando de forma muy inteligente el bajo presupuesto del film al utilizar el aspect radio 2.35:1, del que muchos realizadores renegaban por la imposibilidad del primer plano, algo que Carpenter demostró no tenía ninguna base, dando un aspecto de película cara— y un crescendo terrorífico a base de narrar sin prisa pero sin pausa —algo prácticamente impensable hoy día—, convirtiendo a la niebla en un personaje más y que acecha a cualquier habitante de San Antonio Bay, cuya mezcla de panorámicas son un prodigio de montaje —obra de otro de los amigos del director, Tommy Lee Wallace—, y que unidas a la realizadas del faro del lugar, hacen crecer poco a poco una tensa inquietud, al igual que el uso de la excelente banda sonora, compuesta por el propio Carpenter.

El clímax también es uno de los más logrados de la filmografía de su realizador, en esa iglesia donde una serie de personajes son acosados por los fantasmas envueltos en la niebla. La impresionante presencia de los espectros frente al padre Malone —Hal Holbrook en un personaje que era para Christopher Lee— más las reminiscencias hawksianas del relato —un grupo encerrado y enfrentado a un peligro mayor, y esa advertencia final que rememora a ‘El enigma de otro mundo’ (‘The Thing from Another World, Christian I. Niby, 1951), film que Carpenter reharía tres años más tarde— convergen en un final perfecto que compensa con creces algunos de sus defectos.

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