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'La reina de España', interminable agonía
Críticas

'La reina de España', interminable agonía

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Seamos justos y reconozcamos que pocas películas españolas alcanzan el suficiente éxito como para que tenga sentido hacer una secuela desde un punto de vista económico. Por desgracia, eso nos deja sin continuaciones que algunos estamos deseando ver -lástima de la escasa repercusión de la estupenda ‘Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo'-, mientras que en otros casos sus responsables simplemente prefieren ignorar esa posibilidad.

Con ‘La niña de tus ojos’ todo apuntaba a que la película de Fernando Trueba iba a quedarse como un título puntual que funcionó muy bien en taquilla y fue la gran triunfadora de los premios Goya de ese año. Sin embargo, dieciocho años después nos llega ‘La reina de España’, una secuela que no puedo decir que tuviera muchas ganas de ver, pero lo que no espera era la interminable agonía que padecí durante su visionado.

Volver para esto

No logro entender cuál es el motivo para hacer algo como ‘La reina de España’ más allá de que Trueba quiere mucho a los personajes de ‘La niña de tus ojos’ y estaba deseando reencontrarse con ellos. Ese es el principal atractivo de su primer acto, el cual utiliza como piedra angular a Blas Fontiveros (Antonio Resines) y una película que Macarena (Penélope Cruz) va a rodar en España.

Tras un curioso prólogo que nos lleva a conocer la evolución de la carrera de Macarena, la película no tarda en convertirse en una sucesión de reencuentros en la que todo el mundo reacciona con sorpresa y alegría ante el regreso del personaje de Resines, al que daban por muerto. Ahí el guion del propio Trueba tenía la posibilidad de incidir en su traumática experiencia, pero eso no parece interesarle tanto como deleitarse en sus personajes. Primer error.

Escena La Reina De Espana

Una vez ultimados los reencuentros y hechas las presentaciones de nuevos personajes, Trueba pasa a centrarse en una combinación de cinefilia y mitomanía con la que apuesta por un toque ocurrente que podría haberle sentado bien a ‘La reina de España’. El problema es que no tarda en volverse un tanto forzado y además acaba redundando demasiado en ciertos detalles -pienso sobre todo en el director de la película dentro de la película-, perdiendo así cualquier gracia que hubieran podido tener en primera instancia -que era poca, no nos engañemos-.

Además, ‘La reina de España’ tarda bien poco en demostrar lo absurdo de su existencia al convertirse en una sucesión de pequeñas gracietas que oscilan entre lo anodino, lo patético y el dar directamente vergüenza ajena. De nuevo, todo ello consecuencia de parecer querer tanto a sus personajes que poco le importa que ‘La reina de España’ tenga un auténtico sentido del rimo más allá de las secuencias individuales.

En picado

Cary Elwes Penelope Cruz La Reina De Espana

Ahí es cuando ‘La reina de España’ empieza a volverse insufrible, porque si uno se para a pensar cuál es el gran argumento central, no logra entender que el afectado no fuera consciente de que iba a pasar algo así, mientras que las ocurrencias concretas no fluyen de forma natural, ralentizan el avance de la historia -uno no tarda en desear únicamente que todo se acabe de una vez y sigue alargándose una y otra vez- y simplemente no tienen gracia.

No todo es malo, ya que los actores se sienten cómodos en sus personajes y encaran con total convicción una serie acciones que por sí solas deberían hacerles pensarse muy mucho si lo aceptarían con tanta alegría en cualquier otra producción. También los recién llegados lo hacen -hasta un Mandy Patinkin que está desaprovechadísimo-, resultando especialmente sorprendente en el caso de un Cary Elwes que casi salva un personaje que cae de lleno en el ridículo en varias ocasiones.

El problema es que ese "entusiasmo" de los actores no compensa, ni de lejos, todos los demás problemas, en especial cuando actúan de forma cuestionables. Dejando de lado lo disparatado del plan final, lo realmente grave es que su ejecución resulta tan esperpéntica que hasta casi justifica ese aparición estelar de cierto personaje histórico -bien defendido por la sorpresiva elección para interpretarlo- por mucho que no deje de ser una mera excusa para mofarse de él de forma un tanto gratuita.

Alrededor de todo ello hay un gran esfuerzo de producción que, por desgracia, no luce tan bien como debiera. No llega en ningún momento a resultar acartonado, pero ese intento de replicar el coqueteo de Hollywood con nuestro país de hace varias décadas sabe a poco y ni siquiera consigue imprimirlo al ADN de ‘La reina de España’ más allá de esas ocurrencias cuestionables.

’La reina de España’, la peor fiesta posible

Penelope Cruz En La Reina De Espana

En cierta medida, ‘La reina de España’ me recuerda a ‘¡Ave, César!’ (‘Hail, Caesar!’), ya que ambas no dejan de ser una fiesta con mucho de celebración del séptimo arte. Lo que las diferencias, además de la calidad, es que la de los hermanos Coen apostaba por un frenético ritmo al que Josh Brolin daba unidad lo mejor que podía, mientras que aquí la cosa nunca termina de despegar y no existe un verdadero punto de vista dominante que añada una mayor consistencia.

A todo eso hay que añadir su multitud de problemas, quedando claro bien pronto lo innecesaria que era ‘La reina de España’. Aunque lo cree, tampoco tiene esa chispa que combata cualquier atisbo de superficialidad y que lo haga todo más llevadero. Simplemente es una mala película que encima acaba eternizándose por gustarse tanto a sí misma, lo cual le hace perder aún más puntos.

En definitiva, ‘La reina de España’ es una secuela que prácticamente nadie que pedía y que seguramente aún menos disfruten. Sólo la entrega de los actores evita que el desastre sea aún mayor, pero ni siquiera eso logra que su visionado no acabe convirtiéndose en poco menos que una tortura, en especial cuando se cree divertida sin serlo -en especial por su tendencia a querer dar su momento a todos sin importar que realmente aporte algo al conjunto-. Prescindible es quedarse corto.

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