'La saga Crepúsculo: Eclipse', sobre la pureza, la imprimación y otros absurdos

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Jacob: ¿Ocurre algo?

Bella: Unos vampiros quieren matarme.

Jacob: Lo mismo de siempre.

Las risas fueron adueñándose de la sala poco a poco. Un buen número de las muchachas que habían entrado a ver “la película del año”, emocionadísimas, como si asistieran a un evento sin igual en sus vidas, no podían evitar el estupor y la burla ante lo que veían, y lo que se decía en la pantalla. Y no era para menos, aunque en realidad toda la película es para tomársela a cachondeo. La chica protagonista, Bella (Kristen Stewart), 18 años, se retuerce como gata en celo, por “consumar” la relación con su amado, Edward (Robert Pattinson), 100 años, vampiro. Cuando de los besos se va pasando al desnudo, él se detiene y pronuncia una frase que suena como un jarro de agua fría, tanto para Bella como para todas las fans que observaban embobadas la escena: “No hasta después del matrimonio”.

Que en una película pensada para el público adolescente, y destinada a arrasar en taquilla, logrando récords y cifras estratosféricas, cuyo merchandising inunda los centros comerciales, se haga semejante apología de la virginidad (la pureza) y el matrimonio, resulta cuanto menos sorprendente. Cabe señalar aquí que la autora de los libros en los que se basan las películas, Stephenie Meyer, pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones). Así que cuando su protagonista debe decidir entre quedarse con un chico frío (literalmente) y responsable que se contenta con admirarla, y otro musculoso, caluroso e impulsivo (Taylor Lautner) que se cree tan irresistible que no para de acosar y forzar a la chica a que lo ame, la cosa está bastante clara. Lo cierto es que entre lo malo y lo peor, Bella tampoco tiene mucho donde elegir.

Más de lo mismo…

Todo comienza con una decisión“, dice el cartel. ‘Eclipse’ es la tercera entrega de una saga de cuatro capítulos (y cinco películas, el último libro se divide en dos), y tienen la desfachatez de hablar de comienzos. Y de decisiones, cuando la única que tiene que tomar Bella ya quedó clara en la primera película. Quiere dejar de ser humana para convertirse en vampira, como su amado. Lo pensó, lo dijo, lo exclamó, lo exigió, en la primera entrega. También en la segunda. Y ahora lo vuelve a repetir en la tercera. Así es, tres películas girando exactamente sobre lo mismo. A estas alturas, las tres adaptaciones de los libros de ‘Crepúsculo’ llevan recaudados más de 1.200 millones de dólares en todo el mundo. Y eso que la última se acaba de estrenar, todavía le queda un largo recorrido comercial.

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No exagero en absoluto cuando digo que los que no vieron la segunda parte pueden ir a ver ‘Eclipse’ sin ningún problema, no se perdieron nada. ‘Luna nueva’ fue una absoluta pérdida de tiempo en la que no sucedió ningún hecho relevante, por lo que la tercera comienza donde prácticamente donde acabó la primera; nada ha cambiado para los protagonistas, los conflictos y los obstáculos siguen siendo los mismos, la supuesta gran decisión de Bella y unos malos que son extremadamente fáciles de derrotar. En ‘Eclipse’, Bella y los Cullen deberán hacer frente a una misteriosa horda de jóvenes vampiros (“néofitos” los llaman) liderada por un tal Riley (Xavier Samuel), un títere de alguien más poderoso cuya identidad se desconoce. Los Volturi, la realeza en el mundo chupasangre, se mantienen al margen mientras el cada vez más numeroso ejército se pone las botas y se encamina a Forks, con la intención de enfrentarse a Edward y compañía.

Con esa amenaza en el horizonte, resulta esencial la ayuda de los indios-lobos, aun cuando éstos son los enemigos ancestrales de los vampiros, a los que llaman los fríos (éstos a su vez podrían llamar a sus rivales “perrillos gigantes”, pero se lo callan). Jacob está tan desesperado por conseguir el amor de Bella (en realidad, Isabella) que decide apuntar a su clan de mutantes al combate, con la esperanza de que quizá todo acabe ahí (nuestro mismo deseo). Y así es como se reactiva el triángulo amoroso. Bella puede quedarse sin segundo plato, así que empieza a mirar a Jacob con otros ojos, siempre resistiendo la tentación de su cuerpo y prefiriendo aún seguir virgen, como desea el vampiro. Una escena en lo alto de un monte helado, ya en el último tramo del film, junta a los tres en poco espacio, pero aún así no se avanza nada; Edward admite que Jacob sería un mejor novio para la chica, pero todo sigue igual.

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Y cuando digo todo, es que es todo. El comienzo del cuarto capítulo de la saga (‘Amanecer’) no será diferente del de la segunda, habiéndose producido tan pocos cambios en la historia y los personajes. Jacob pretende ser un joven Schwarzenegger, los lobos se llevan mejor con los vampiros, y poco más. Ahora bien, esta tercera entrega es más entretenida que la segunda, y más intensa que la primera, si bien no era muy complicado conseguirlo. Uno puede llegar a divertirse bastante con la cantidad de absurdos y despropósitos ideados por Meyer, la guionista Melissa Rosenberg y el director David Slade, un hombre que no hace mucho dijo que se pegaría un tiro antes de ver ‘Crepúsculo’ (luego aclaró que era una broma, una vez firmado el contrato con Summit Entertainment). Quizá se disparó realmente, porque ‘Eclipse’, ‘Luna nueva’ y ‘Crepúsculo’ parecen filmadas por la misma persona, aunque figuren los nombres de Slade, Paul Weitz y Catherine Hardwicke como realizadores.

... con un poco de oscuridad

El fichaje de Slade sólo parece tener sentido y estar justificado en los flashbacks y las escenas que implican a Riley, auténticos chispazos de tensión y tenebrismo que recuerdan inevitablemente a la fallida ’30 días de oscuridad’, el segundo largometraje del limitado realizador, que no supo sacar jugo del cómic de Steve Niles y Ben Templesmith. Tampoco le saca mucho partido Slade al tercer libro de esta saga, pero ocurren tantas cosas, y hay tantos personajes involucrados, que se consigue tapar el tedioso romance, y se pasan las dos horas con menos bostezos de los esperados. Los segmentos del pasado, los delirantes diálogos (“No es momento de ponerse a comparar tufos”) y las mareantes peleas consiguen aturdir lo suficiente como para no pensar en lo que se está viendo, y habiendo temido lo peor, resulta que ‘Eclipse’ es, con diferencia, la película menos mala de la saga.

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Cabe destacar, entre los pocos aciertos del conjunto, el estupendo trabajo de fotografía de Javier Aguirresarobe y la efectiva banda sonora de Howard Shore. En cuanto al reparto, Pattinson sigue pareciéndome el más talentoso de los tres protagonistas, como he dicho en otras ocasiones, a ver si se deja de lado la saga y puede demostrarlo; Stewart no es más que una chica mona que sigue a rajatabla eso de que que hay que mirar a la cámara con cara de asco; Lautner también sigue a lo suyo, aportando únicamente un físico tan espectacular como ridículo (se supone que va sin camiseta durante muchos minutos porque al transformarse en lobo pierde la ropa, pero hay una chica-lobo que… sí, siempre lleva camiseta, ¡y sujetador!). Anna Kendrick, Catalina Sandina Moreno, Dakota Fanning y Bryce Dallas Howard también se pasean por el escenario y se les reserva algún momento, pero apenas tienen relevancia, sólo es más distracción para tapar las carencias argumentales y narrativas. Veremos qué nos tienen preparados para el final, del que se va a encargar Bill Condon.

2

PD: La “imprimación” es, según Jacob, cuando se aman dos o más personas, llegando a un estado de unión en el que se pueden comunicar sin palabras (básicamente, una justificación para hacer un trío con dos chicas). Pero también es, por lo visto, “el proceso mediante el cual damos una capa previa a la aplicación de la pintura sobre una superficie”. Por si sale el tema en una conversación.

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