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'La sombra de la traición'

Esta semana, las dos críticas que he publicado llevan en el título la palabra “sombra”. La anterior por traducción directa del original y la que se estrena mañana porque, casi tan extendida como la de añadirle a un sustantivo un adjetivo de terminación –al, está la costumbre de poner “la sombra de…” a los thrillers. Si ‘La sombra de la traición’ (‘The Double’, 2011), de Michael Brandt, ya de por sí esconde pocos atributos que lo distingan de los demás, la traducción no le ha hecho ningún favor.

Los films de espías se construyen en general a base de diálogos extensos y complicados, a los que hay que prestar gran atención y donde todo se descubre en despachos, escuchas, trampas, etc… Se trata de cintas reflexivas de personajes en su mayoría en el ocaso, que pueden contener un mensaje apaciguador. No suele haber acción ni seguimiento de indicios, esto se reserva más a los policiacos. ‘La sombra de la traición’ hace una combinación de las dos categorías y presenta una trama de espionaje, tratada como un policial. Hay diálogos y cierta nostalgia introducida por el personaje retirado, pero se van concatenando las pistas para descubrir el caso como en un “procedimental“ de detectives. Empleo el término televisivo, “procedimental“, porque el debut de Brandt en casi todos sus aspectos, los formales por encima de otros, remite a un capítulo de serie de los que tanto abundan.

'La sombra de la traición'

El núcleo de ‘La sombra de la traición’ está muy visto y nos retrotrae a la época de la guerra fría, no solo en cuanto a su contenido, sino asimismo porque parece una película de entonces, como bien indica mi compañero Alberto. No obstante, al menos se observa que los autores –el director y Derek Haas– no se han conformado con dar una ambientación de thriller, sino que han trabajado el guion a conciencia en cuanto a su trama y su estructura para animar el ritmo con constantes revelaciones que no dejan cabida a pausas. Prefiero un guion que presente alguna laguna –y el que nos ocupa, sí, alguna presenta–, en el que se distinga el esfuerzo, que una elegante sucesión de nada detrás de nada.

La decisión que más aprecié fue la de no reservarse para la conclusión un giro que se ha utilizado tantas veces como sorpresa final que, cuando se emplea, salgo del cine con sensación de que me han timado. En lugar de eso, esta información se desvela a modo de primer punto de inflexión, quizá porque los guionistas son conscientes de que se ha explotado este desenlace a tal extremo que ya resulta previsible. Otra de las opciones, casi seguro inevitable, resulta más perjudicial. La parte central, lejos de sostenerse sobre una absorbente persecución de gato y ratón, nos presenta una serie de escenas familiares, que están bien llevadas e interpretadas, más no responden al juego de espías. Mal que nos pese, esto es irrenunciable para que funcione uno de los mecanismos por los que la historia se sostiene y en el cual se basa por entero la credibilidad del protagonista.

'La sombra de la traición'

Gere y Grace

Los actores que triunfan por su apostura suelen aprovechar su madurez para demostrar que eran válidos intérpretes con mucho que aportar. No ha sido el caso de Richard Gere, quizá porque nunca fue buen actor o porque no está sabiendo elegir los guiones. Parece mentira que se conforme con esta opera prima de reducida inversión después de la fama de la que ha gozado y, aunque nunca he sido seguidora suya, estoy segura de que tiene más que ofrecer. Topher Grace, al que considero uno de los actores más sosos que se reparten por las producciones, en este caso saca partido de ese defecto y juega con él, interpretando, posiblemente, el papel en el que mejor ha quedado. Martin Sheen parece ya encasillado en políticos y mandamases a los que es posible que no le cueste mucho dar cuerpo. Tamer Hassan o Stephen Moyer, como los malos, ponen el único toque diferenciador, mientras que Chris Marquette u Odette Annable, proporcionan el mínimo relleno que se espera de unos secundarios.

Conclusión

Como aficionada a las intrigas en las que no solo se presencian investigaciones, sino que se participa desde la butaca tratando de adivinar el final, como quien juega, disfruto de este tipo de argumentos con poco que tengan de nuevo. Así, ‘La sombra de la traición’ me satisfizo lo justito en ese sentido. A un thriller de bajo presupuesto, que casi se envió directo al DVD, no le exijo más. En su contra añadiría que se torna tan poco memorable que a las pocas horas de ser vista ha desaparecido no ya su recuerdo, que siempre se logra resucitar con cualquier resorte, sino la sensación de haber estado en el cine o de haber presenciado la narración de una historia. Para tan poca recompensa, dudo si vale la pena gastarse unos euros. Eso sí, no descarto recomendarla para un futuro visionado casero cuando salga en alquiler o se emita por TV.

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