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‘La Vida Futura’ (Things to Come, 1936) es uno de los clásicos del cine de ciencia ficción, una película con una importancia vital en la historia del cine, pero más allá de sus valores técnicos o artísticos, la película es importante por lo que cuenta, algo que sigue vigente después de 70 años de su realización, y que seguirá vigente cuando todos nosotros seamos pasto de los gusanos: el afán de superación del hombre, mezclado con todos los avances tecnológicos, y la decisión de seguir avanzando o arreglar nuestra sociedad envuelta en guerras y desastres, como el utilizar todos esos avances para el progreso de la sociedad o para terminar diezmando a la población.

Resulta curioso ver cómo se atrevió esta película a hablar de ciertas cosas en pleno 1936, cuando había una guerra inminente, y como se aventuró su guionista, el gran H. G. Wells, que adaptó su propia novela, a intentar ver el futuro en el próximo siglo desde la realización del film. Un film que se divide en tres actos muy bien diferenciados: el estallido de una gran guerra que dura más de 30 años, la sociedad postapocalíptica después de esa guerra, y por último, el futuro, en el que ya se piensa en conquistar planetas.

Las tres partes están bastante diferenciadas entre sí, y prácticamente merece la pena estudiarlas por separado, ya que en conjunto el film no ha resistido demasiado bien el paso del tiempo. Ciertos problemas de ritmo y un exceso de teatralidad en las interpretaciones acentúan más aún sus defectos bien visibles hoy día. Digamos que la película empieza de una forma atrevida e interesante, continúa de forma más interesante todavía, pero termina siendo bastante aburrida y repetitiva en algunas cosas.

La primera parte destaca por su crudeza en las escenas de guerra, cuando cierta ciudad (a la que muy inteligentemente se le llama Everytown) es bombardeada sin piedad por el enemigo (el cual no tiene ninguna nacionalidad en concreto, simplemente “el enemigo”). Hay que destacar ahí el excelente trabajo de dirección artística, algo que el director del film, Willliam Cameron Menzies, tendría muy en cuenta, pues Menzies fue uno de los mejores directores artísticos de toda la historia del cine. Esa ciudad hecha añicos por las bombas es un prodigio de puesta en escena, con secuencias tan terribles como ese niño muerto entre los escombros, algo inaudito para la época. La segunda parte es sin duda la más interesante de las tres, incluso vista ahora, con toda la información que tenemos sobre nuestra propia historia. Es una visión deprimente de lo que sería el planeta después de una descomunal guerra, tras la cual vendría una plaga que casi acaba con la vida humana, la gente volviendo casi a la prehistoria, viviendo entre las ruinas de la ciudad, sin ningún tipo de tecnología a su alcance. Tiene lugar en la década de los 70, y sabiendo que eso no ocurrió, la visión resulta de lo más desesperanzadora y no ha perdido ni un ápice de su fuerza. Y la tercera parte se desarrolla en un futuro marcado por la búsqueda de la perfección, pero que a pesar de todos los avances científicos y tecnológicos que existen, los altos mandatarios aplican su tiranía sobre el pueblo, un pueblo que se rebela ante las grandes naves espaciales que nos llevarán a otros planetas.

El gran Raymond Massey es el que lleva todo el peso de la función en ‘La Vida Futura’, haciendo dos personajes a lo largo de la acción del film, exactamente 100 años. Interpreta al mismo personaje en las dos primeras partes de la película, y luego al hijo de éste. Lo curioso del asunto es que tanto uno como el otro son casi el mismo, y de hecho no parece evolucionar durante toda la película, tal vez como metáfora de ciertos ideales. Massey consigue momentos muy buenos y otros que no lo son tanto, por esa teatralidad antes comentada, muy típica de aquellos años, pero que chirría en ciertos instantes. A su lado, podemos disfrutar, dependiendo de como se mire, de Ralph Richardson, haciendo de “jefe” en la segunda parte del film, una especie de líder de la población, y que por supuesto es quien manda. Tal vez este personaje esté un poco caricaturizado, al recordar un poco a los viejos emperadores romanos, y burlarse en cierta medida de la tiranía, al demostrar que cualquier idiota puede ser un tirano.

Una película pasable, esquemática por momentos y bastante deslavazada, sin duda por las enormes ambiciones del proyecto. Afortunadamente, su mensaje sigue perenne e invita al más profundo de los debates. ‘La Vida Futura’ está editada en dvd por Manga Films, por si queréis echarle un vistazo. Su valor es más histórico y sociológico que puramente cinematográfico.

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