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Marcus Ray (Jean-Claude Van Damme) y su compañero Tommy Hendricks (Rob Schneider) son dos estafadores de poca monta que son detenidos por vender imitaciones de materiales de imitación. Cuando descubren que un agente de la CIA (Paul Sorvino) es también un topo al servicio de la mafia rusa, los problemas comienzan.

Hay un inevitable halo de olvido respecto a esta película de 1998 de Tsui Hark y del canon Van-Damme. Para mi, cuenta con una excelente dirección y una serie de logros estéticos y argumentales bastante interesantes, entre ellos el cinismo que despliega acerca del mundo del comercio de baratijas en la era contemporánea, pero nadie la tiene en estima suficiente.



Van-Damme colaboró con Tsui Hark antes en el vehículo para lucimiento de Dennis Rodman y él llamado ‘Double Team’ (id, 1997) una fallida pero interesante aproximación al subgénero en clave hiperbólica. Sin embargo, su segunda colaboración resultó mucho más inspirada. El título original de ‘En el ojo del huracán’ (Knock Off, 1998) hace referencia directa a las imitaciones que abundan en el mercado cantonés de los originales.

Resulta original que en un panorama como en el que vivimos, en el que hemos decidido trasladar la producción de bienes reales o output a otros países más empobrecidos, una película de acción, sin aparente discurso crítico, sea la que más muestra y describe esta situación. La ironía fatal que preside el argumento está en que nadie está limpio porque las redes del comercio, basadas en el beneficio, no tienen por qué ser leales a la ley si eso no es conveniente.

Van-Damme tiene aquí acompañamiento, pero mucho más logrado. Y es que Rob Schneider brilla con luz propia en esta película, aunque ya hubiera sido comparsa de otro héroe de acción, Sylvester Stallone nada menos, en ‘Juez Dredd’ (Judge Dredd, 1995). La película de Hark, sin embargo, entiende muy bien la picaresca de su punto de partida y por eso mismo Schneider juega muy bien las bazas de su sentido del humor.

Los aficionados conocerán al director por clásicos como ‘Érase una vez en China’ (Wong Fei Hung, 1991) y secuelas, todas al servicio de la construcción de un imaginario nacional chino, en un tiempo en el que Hong-Kong contaba los días para dejar de ser colonia británica. De hecho, este hecho rodea cada uno de los minutos de esta película, siendo bastante revolucionaria y política sin perder ápice de desenfreno. Las persecuciones y las aparatosas set-pieces son alucinantes, capaces de envejecer a muchas de las grandes producciones actuales.

El resultado de la mezcla entre Hark y Van Damme es más que satisfactorio: la película está dirigida con un montaje frenética, pero sin perder claridad expositiva y las set pieces, todas en fábricas y en barcos transportistas, nunca habían sido tan espectaculares.

Fans o no del astro belga están invitados, y es que esta muestra de inventiva visual no se da por desgracia en el cine de acción contemporáneo. Al tratar la picaresca y dibujar un mundo de traidores materialistas, la película se hace más verosímil que otros acercamientos al género con pretensiones más aparentemente hondas. En mi opinión, esta es una película ejemplar y entretenida.

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