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Imagen con el cartel de la película 'Lo Imposible'

El estreno de ‘Lo Imposible‘ (Juan Antonio Bayona, 2012) lleva mucho tiempo marcado como uno de los grandes eventos de nuestro cine de este año, y no es para menos, ya que estamos ante el segundo trabajo de Juan Antonio Bayona tras ‘El Orfanato’ (2007), su exitosa ópera prima. Además, ha conseguido sacar adelante una ambiciosa superproducción (dentro de los cánones de nuestro cine) y que dos intérpretes tan conocidos internacionalmente como Ewan McGregor y Naomi Watts encabezasen el reparto. ¿Qué podía salir mal? Pues más de lo que muchos esperaban.

Manipulando con descaro al espectador

Uno de los grandes ejes del mundo del cine es la capacidad que tiene para conectar con las emociones del espectador (ojo, no me refiero sólo a sus virtudes para hacer llorar a la gente). Este es un punto que muchas veces se desprecia por ser imposible conseguir objetivarlo de forma alguna, algo que hace que pueda verse como una especie de debilidad en el criterio personal a la hora de elegir ya no sólo si una película te gusta o no, sino incluso el hecho de acudir a tópicos extendidos para determinar cuáles son tus favoritas. Sin embargo, tal y como ya apuntaba, considero que toda película que se precie ha de saber jugar con lo emocional, pero de una forma equilibrada y sostenida para que nos deje una sensación de naturalidad que sea la que nos haga reaccionar de una forma u otra hacia lo que vemos en pantalla. El problema llega con las cintas que se olvidan completamente de la sutilidad sutileza y nos atacan en todo momento para que se nos ponga la piel de gallina o lloremos a moco tendido durante prácticamente todo su metraje, y ‘Lo Imposible’ cae de lleno en esa reprobable táctica.

Imagen de Naomi Watts y Tom Holland en 'Lo Imposible'

Es inconcebible, y más en la época de saturación informativa en la que vivimos en la actualidad, pensar que haya alguien que vaya a ver ‘Lo Imposible’ sin saber que aborda la tragedia sucedida por el tsunami que asoló el sudeste asiático en 2004. La primera molestia llega por empezar ya con los excesos dramáticos antes de que eso tiene lugar, algo que se hace a través de una de las constantes más molestas de toda la película: Los cansinos, excesivos y reiterados subrayados dramáticos a través de la banda sonora de Fernando Velázquez. He de reconocer que calificar negativamente sus composiciones sería un gran error, pero su utilización dentro de la película roza lo obsceno en su intento de ganarse la empatía emocional del espectador.

Eso sí, Bayona tampoco lo rehúye en lo referente a la puesta en escena, ya que realiza un trabajo tan impresionante como fríamente calculador, llegando a su máxima expresión en la escena en la que la familia se encuentra en el mismo lugar, pero lo desconocen, aunque, todo hay que reconocerlo, también ayuda lo suyo el guión de Sergio G. Sánchez, más centrado en incluir el mayor número de escenas dramáticas que en cuidar un poco más a los personajes. Las raras veces que consigue aunar ambas cosas (el hijo mayor buscando a familiares de otras personas por el hospital), el talento de Bayona consigue que el elemento manipulador pierda relevancia y, esta vez sí, emocionar al espectador. Por desgracia, no son más que pequeños chispazos en lo que es una violación directa de los sentimientos del espectador para intentar ser lo más emocional y lacrimógena posible, cayendo además en el error de querer recrearse en lo poético cuando tenía ante sí el momento con mayor potencial dramático (la operación a vida o muerte) de todo el relato.

La relativa redención de ‘Lo Imposible’

Imagen de Ewan McGregor en la película 'Lo Imposible'

Sin embargo, sería muy injusto atacar ‘Lo Imposible’ por sus fallos (o al menos para mí lo son) y no hablar de sus evidentes virtudes. Ya he apuntado que Bayona realiza un gran trabajo en lo técnico, algo en lo que consigue brillar como pocos cuando toca mostrar el tsunami, centralizando sus efectos en el personaje de Naomi Watts. Ahí lo lacrimógeno desaparece para dar paso a los devastadores efectos. Eso sí, todo vuelve a su manipuladora normalidad poco después, algo que apasionará a algunos, pero para mí excede con mucho el máximo permisible.

Pasando ya a lo positivo en todo momento, el trío protagonista raya a un grandísimo nivel. Eso era algo que uno ya podía esperar de Ewan McGregor (extraordinario el momento en el que se viene abajo al teléfono) y Naomi Watts (con un rol más pasivo, pero salvado a la perfección), siendo el joven Tom Holland la auténtica revelación de la película. No sé si recordaréis que cuando os hablaba de ‘Tan Fuerte, Tan Cerca‘ (Extremely Loud and Incredibly Close, Stephen Daldry, 2011) decía que incurría en muchos de los errores de los que aparecen en ‘Lo Imposible’ (aunque en la que nos ocupa hay mucho más talento en el guión y la puesta en escena), pero si algo las distancia de forma insalvable es el niño protagonista. En la primera era un chaval repelente que caía mal al espectador, pero aquí Holland canaliza a la perfección la fortaleza y sufrimiento por la que va pasando según se desarrollan los acontecimientos.

Tom Holland es el que consigue que ‘Lo Imposible’ sea una cinta rescatable más allá de situaciones puntuales y el evidente éxito comercial que va a ser. Además, su talento resalta más por el contraste por el poco interés que transmiten sus dos hermanos. Por lo demás, breves apariciones de otros rostros conocidos como una casi irreconocible Marta Etura y una muy envejecida Geraline Chaplin tan correctas en sus personajes como prescindibles son éstos dentro del relato. Personalmente, me gustaría destacar al otro padre de familia con el que se cruza Ewan McGregor, ya que es el que transmite una mayor humanidad y naturalidad a lo que se nos está contando. Sale muy poquito y estando casi siempre en un segundo plano, pero no quería dejar de comentarlo.

Imagen de los efectos del tsunami en 'Lo Imposible'

En definitiva, ‘Lo Imposible’ es un ejemplo de cómo el exceso de manipulación emocional puede acabar convirtiéndose en un cáncer para una película que habría sido mucho mejor si no hubiese incidido tanto en eso. Y es que hay producciones que acaban siendo cansinas por sus sobreexplicaciones sobre lo que vemos en pantalla, algo que aquí sucede a la hora de intentar llegar en todo momento y sin descaro alguno a la fibra sensible del espectador. El buen trabajo del reparto y escenas aisladas muy bien resueltas consiguen salvar a la película del suspenso, pero nada más.

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