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Imagen con un cartel de 'Los amantes pasajeros'

Que el estreno de una película española se convierta en todo un fenómeno acontecimiento es algo que muy pocos pueden lograr, pero es algo ya habitual en el caso de Pedro Almodóvar. Lo difícil para muchos es saber discernir si una cinta del director de ‘Hable con ella’ (id., 2002) merece la pena o no, ya que parece que en nuestro país sólo tengan voz los fans y los detractores más acérrimos de su cine, convirtiendo eso en poco útil para los demás la opinión que ellos puedan darnos. El caso de ‘Los amantes pasajeros’ (2013) era especialmente peligroso, ya que suponía el regreso a la comedia del realizador manchego, siendo la ocasión propicia para radicalizar aún más esas tendencias.

Por suerte, yo estoy muy lejos de encontrarme en cualquiera de esos dos bandos, ya que no tengo problemas en alabar cintas como ‘La piel que habito’ (id., 2011) o ‘Todo sobre mi madre’ (id., 1999) y no cortarme al expresar mi insatisfacción con otros trabajos suyos como ‘Carne trémula’ (id., 1997) o ‘La mala educación’ (id., 2004). Con esto me gustaría dejar clara mi neutralidad ante el cine de Almodóvar y que no me dejo llevar por ninguna de esas corrientes al decir que ‘Los amantes pasajeros’ es un pasatiempo tan aceptable como prescindible.

El flashmob de 'Los amantes pasajeros'

Seguro que muchos de vosotros os acordaréis del primer tráiler de la película, ya que en el mismo podía verse un fragmento de un flashmob de la canción ‘I´m so excited’ realizado a bordo de un avión por los personajes interpretados por Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo. No es casualidad que la película haya adoptado el título de esa tema de The Pointer Sisters en el mercado internacional, ya que la sensación que me quedó al ver ‘Los amantes pasajeros’ es que su mera existencia se debe a que a Almodóvar debió gustarle mucho esa escena en su cabeza y decidió construir una historia para justificar su utilización. Y es que no deja de ser el momento cumbre de una producción con tan escasas aspiraciones que resulta difícil concebir que pueda molestar o aburrir a alguien.

La premisa es cierto que resulta bastante curiosa, pero Almodóvar está más interesado en los pequeños dramas personales de parte de la tripulación y viajeros —los de clase económica no importan un pimiento—, detalle normalmente loable, pero con el que no sabe lidiar. El principal problema es la importancia repentina de alguno de los personajes —el caso de Guillermo Toledo es el más representativo— para luego caer en el olvido, creando así una falta total de implicación hacia lo que les pase. Es algo seguramente premeditado para conseguir que los disparates que suceden a bordo pasen desapercibidos dentro del tono ligero y relativamente poco ambicioso del conjunto —los matices de crítica económica no funcionan demasiado bien—, pero el poso que deja es el de ser una tontería sin pies ni cabeza en la que puede pasar cualquier cosa.

A bordo del avión de 'Los amantes pasajeros'

La gran salvación de la película está en su estupendo reparto, ya que todos ellos demuestran su talento al mismo tiempo que se pliegan a las peculiaridades del cine de Almodóvar. Desde el simpático —y, eso sí, prescindible— prólogo con una aparición especial de Antonio Banderas y Penélope Cruz hasta cualquier personaje aleatorio que salga sólo al final, todo el elenco están intachable en su cometido. Lo que falla es la construcción de los mismos en el guión, donde se presta más atención a dar la sensación de ser una cinta de Almodóvar que a realmente llevar más allá sus signos de estilo. Sí, hay homosexualidad —y varias “locas”—, comentarios fuera de tono, excentricidades, estrambóticas relaciones entre personajes y casi cualquier cosa que se os pueda ocurrir propia del realizador manchego, pero todo se queda en la superficie, algo bastante permisible en lo cómico, pero que echa por tierra todas las situaciones en las que hay que dar más cancha a lo dramático —las llamadas telefónicas—.

Los habrá que quieran ver en ‘Los amantes pasajeros’ un retrato de España con un estilo próximo al de las comedias del destape pasado por el filtro de su director, pero tengo claro que ése no es el objetivo de la película. Estamos ante un canto a la vida, la diversión y el desenfreno con el que Almodóvar se toma un descanso en su transición hacia un mayor americanismo en su obra —personalmente esperaba que diera el salto a Hollywood tras la estupenda ‘La piel que habito’—, y es que como colofón final a esa etapa de su cine es bastante comprensible que haya desatendido según qué aspectos, pero no por ello hay que perder todo espíritu crítico, que es lo que parece haberle le ha pasado a Almodóvar a la hora de construir el libreto de ‘Los amantes pasajeros’.

Una curiosa escena de 'Los amantes pasajeros'

En definitiva, ‘Los amantes pasajeros’ es un pasatiempo más o menos disfrutable en función de la debilidad personal que uno tenga hacia los tics característicos del humor propio del cine de Pedro Almodóvar. Nunca llega a resultar aburrida —su breve duración ayuda mucho— y todos los actores cumplen con naturalidad, pero el guión no deja de ser una tontería articulada alrededor de varias gracietas que en ningún caso sostienen toda la película. Si tenéis que elegir entre los estrenos de esta semana, os recomendaría ir antes a ver ‘Oz, un mundo de fantasía’ (‘Oz: The Great and Powerful’, Sam Raimi, 2013), en el fondo otro optimista pasatiempo como éste, pero mucho más logrado y que sí consigue permanecer en la memoria espectador.

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