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‘Los amos de Brooklyn’ (‘Brooklyn´s Finest’, Antoine Fuqua, 2009) es una película que permanece en el limbo por así decirlo en cuanto se refiere a su estreno español. Programada para la primera mitad del 2010 aún sigue sin saberse cuándo llegará a las carteleras, o si acaso se editará directamente al mercado del DVD y el Blu-ray, y lo cierto es que hablamos de una película que lejos de ser una maravilla no se merece el desprecio, o ignorancia, por parte de nuestros queridos distribuidores que, agobiados por la enorme cantidad de películas que llegan del otro lado del charco, desearían que el año tuviese 800 días. O eso o simplemente son unos vagos que no saben cómo vender un film que se aleja de la moda imperante en el actual cine de consumo hollywoodiense.

Antoine Fuqua es un caso extraño de director, es la sensación que tengo desde su debut. A veces tira por la sobriedad —la sobrevalorada ‘Training Day’ (id, 2001) o ‘Lágrimas del sol’ (‘Tears of the Sun’, 2003)—, y otras veces hace que nos acordemos de su familia —‘El rey Arturo’ (‘King Arthur’, 2004) o ‘Shooter’ (2007)—, muy parecido en forma a Clark Johnson, otro realizador de color, pero éste metido ahora de lleno en las series de televisión, como por ejemplo ‘The Wire’ —curiosamente, hasta cuatro actores de esta serie hacen acto de presencia en el film de Fuqua—, en la que Johnson hace un extraordinario papel como actor en la quinta temporada. Las coincidencias de ‘Los amos de Brooklyn’ con ‘The Wire’ no son pocas, y también con el film más conocido de Fuqua, aquel por el que Denzel Washington ganó un Oscar de consolación.

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El argumento del film encierra tres historias paralelas, en plan ‘Crash’ (id, Paul Haggis, 2004), en las que tres policías de Nueva York conviven en el día a día en la zona de Brooklyn. Clarence (Don Cheadle) es un policía que por su trabajo de infiltrado ha perdido a su mujer y gran parte de su vida; para colmo ha hecho demasiada amistad con Casanova Phillips (Wesley Snipes), el delincuente que quiere meter entre rejas. El detective Procida (Ethan Hawke) sólo piensa en cuidar de su familia, a la que le quiere dar un buen lugar donde vivir, pero su sueldo no alcanza para ello, siendo varias las veces que se le pasa por la cabeza el cometer un delito para conseguir dinero. Por último Eddie Dugan (Richard Gere) es un policía a punto de retirarse y que su última semana de trabajo recibe el encargo de enseñar a policías novatos, lo que le traerá graves consecuencias.

Los ecos de ‘Training Day’ son más que evidentes. Fuqua habla una vez más del lado oscuro de la ley, centrándose sobre todo en aquellos que hacen el trabajo diario en las calles y no detrás de una mesa en un despacho. Pero esta vez Fuqua es más ambicioso al tejer su hilo sobre tres líneas narrativas completamente diferentes, lo que le hace no poseer el control absoluto de las tres, creando así instantes muy intensos,pero también otros muchos que no dicen nada y alargan demasiado el film dejando una extraña sensación de déjà vu en líneas generales. La sobriedad de la puesta en escena —Fuqua remite a algunos de los thrillers de los 70 dirigidos por Richard Fleischer, William Friedkin o John Frankenheimer— no posee la firmeza de otros directores que con este material nadarían como peces en el agua, pero al menos se le agradece el evitar los lugares comunes que visitan formalmente las películas actuales, sobre todo los thrillers.

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Así pues los tramos protagonizados por Don Cheadle, Wesley Snipes y Ethan Hawke —hasta la utilización del mismo actor remite a ‘Training Day‘— se tornan más facilones por así decirlo, el riesgo de Fuqua es minúsculo, y en el caso de Hawke cae en subrayados innecesarios. Sin embargo el tramo en el que la estrella es Richard Gere desprende una extraña fascinación y el actor nos sorprende con una más que convincente interpretación, una de las pocas memorables de su extensa filmografía. Gere se aleja en todo momento del lucimiento y del divismo típico de algunas estrellas hollywoodienses que sólo quieren un gran número de planos. Eddie Dugan es un ser entrañable, carismático, y al mismo tiempo un cobarde. Su plena decepción con el sistema le hace no tener ni el más mínimo sentimiento de humanidad, y el ayudar al prójimo no entra en sus intereses, hasta que se produce el típico punto de inflexión en este tipo de personajes.

Llama la atención que lo mejores momentos de ‘Los amos de Brooklyn’ estén llenos de pequeños detalles en apariencia simples. Sólo una escena llega para explicar de qué hablo. El tan esperado momento de Eddie de dejar la policía, cuando ante un funcionario de lo más aburrido entrega su placa y ésta es tirada a una caja junto a otras placas. La expresión de Eddie, tras más de 20 años en el servicio, es toda una declaración de intenciones, y las consecuencias de su estado de ánimo compondrán toda la parte final del film, en la que Fuqua se sigue luciendo en detalles. El mostrar hasta entonces la forma de actuar de los policías —disparan contra cualquiera a la hora de entrar en una casa, con lo que Fuqua no juguetea ideológicamente, sólo realiza un descarnado retrato de un trabajo que no es fácil—, entronca directamente con el modus operandi de Eddie siguiendo a una chica desaparecida explotada como prostituta. El ciclo se cierra en esa expresión final de Eddie, difuminándose delante de la cámara, tan solo como cuando no ayudaba al prójimo. Un final ejemplar que sobresale en una película que podría haber estado muchísimo mejor.

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