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Los protagonistas de Los Mercenarios 2 posan para el cartel

-¿Me vas a matar como a una oveja o como a un hombre?

-¿Quieres ser un hombre? Yo te haré un hombre.

Hace dos años, Sylvester Stallone hizo realidad el sueño de los fans del cine de acción de las décadas 80 y 90 reuniendo a varios de sus representantes más famosos en un solo film, ‘Los mercenarios’ (‘The Expendables’), honesta resurrección de una clase de películas que asociamos con nostalgia al ya prácticamente extinguido videoclub —cita obligada los fines de semana hasta hace solo unos años—. Con más de 270 millones de dólares recaudados en todo el mundo —costó 80—, se puso en marcha la segunda parte y volvió a repetirse el aluvión de rumores relacionados con los nombres que integrarían el reparto. Estrenada en España el pasado fin de semana, ‘Los mercenarios 2’ (‘The Expendables 2’, Simon West, 2012) llega con la lógica promesa de ofrecer un mayor espectáculo. Más presupuesto —100 millones—, más iconos del género y más minutos para Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger —cameos estelares de la primera entrega—. Sin embargo, el resultado está lejos de resultar satisfactorio.

‘Los mercenarios 2’ arranca igual que la anterior, con una misión de rescate en la que el comando liderado por Barney Ross (Stallone) no escatima en balas y explosivos, creando una auténtica masacre en el bando enemigo —cuya identificación resulta irrelevante, son meros blancos de tiro—. Del prólogo cabe rescatar la aparición de Trench (Schwarzenegger) y la única escena de lucha de Jet Li en toda la película; lo demás es ruido, caos, bromas tontas e incontables extras recibiendo disparos o saltando por los aires. Acto seguido, con los mercenarios de vuelta en casa, tocan las primeras escenas de relajación del grupo, simplemente charlando, y ahí es donde, sin disparos ni golpes que desvíen la atención, queda al descubierto el nefasto guion que hay detrás del último blockbuster del verano. Sencillamente, se quedan ahí mirándose sin saber qué decir, y cuando abren la boca… el sonrojo es inevitable —según Jason Statham solo Stallone, Willis y Schwarzenegger tenían permiso para improvisar, los demás tenían que limitarse a los diálogos escritos por Stallone y Richard Wenk—.

Sylvester Stallone y Chuck Norris en una escena de la película

¿Acaso era necesario un buen guion? No. No lo tenía ‘Los mercenarios’ y no era de esperar que lo tuviera ‘Los mercenarios 2’. Nadie con una pizca de sentido común pagaría la entrada pensando encontrar grandes diálogos, personajes complejos o una historia absorbente. Pero hay un largo camino entre un estupendo guion y un pésimo guion; si el objetivo es convertir la película en un carrusel de escenas de acción —el ingrediente esencial— hay que preocuparse por ofrecer cierta variedad de situaciones, una progresiva dificultad a la hora de superar los obstáculos —el último debería parecer imposible de resolver— y sobre todo aprovechar al elenco de “action heros” que aparecen en el cartel. La sensación que deja esta segunda parte es que el guion ha sido el asunto de menor importancia a la hora de sacar adelante la producción, que no se han esforzado por crear el gran espectáculo que nos han vendido y que han confiado demasiado en la permisividad de los fans. Por lo que estoy leyendo, les ha salido bien, parece que la mayoría se conforma con lo mínimo: ver a los actores en la gran pantalla, un incesante tiroteo y un par de peleas. Y felices.

Pues a mí no me vale cualquier cosa. Me temo que —posiblemente por la cada vez más activa labor de los publicistas (que infiltran “topos” en foros de aficionados para crear corrientes de opinión)— el público está olvidando que con el pago de la entrada va unido el derecho a quejarse si no ha quedado satisfecho. Y no es cuestión de exigir demasiado o tener altas expectativas, sino de esperar que se aprovechen, se expriman, los recursos disponibles, además de no empezar a rodar con un libreto que contiene algunas de las frases más bochornosas de la historia del cine. Se tienen en consideración limitaciones y códigos pero nada de eso no está reñido con un poco de ingenio al elaborar situaciones o conversaciones —casi nunca superan las dos líneas—. Es divertido ver a tantas estrellas del género juntas, las constantes referencias a sus éxitos, la autoparodia de Chuck Norris o un duelo final entre Stallone y Jean-Claude Van Damme. Lo que no tiene gracia es que ese enfrentamiento no saque partido a las habilidades del belga. O que su personaje, el gran villano de esta secuela, se pase la mitad del tiempo trasladándose de un sitio a otro. O que Li sea reemplazado a los diez minutos por la insípida Yu Nan —china también, claro—, que solo interesa al mercenario más trastornado (Dolph Lundgren).

Pero lo más decepcionante de ‘Los mercenarios 2’ es que la mayor parte del espectáculo violento —la clave de todo esto, el motivo por el que vamos al cine— consiste en que los protagonistas abren fuego contra individuos anónimos. Aburre ese constante “plano del actor con pose chulesca disparando/plano de extras muriendo” que se acaba creando. Y con el elenco que había es una pena, una oportunidad perdida. El estreno de esta segunda aventura de las “leyendas del cine de acción ochentero” —en realidad solo unos pocos encajan en la cacareada etiqueta— ha provocado comparaciones con las nuevas películas del género —Stallone y compañía, de la vieja escuela, han criticado el exceso de efectos digitales, y en parte tienen razón—, incluyendo las de superhéroes. Se le pueden hacer otras críticas pero parte del éxito de ‘Los Vengadores’ (‘The Avengers’, Joss Whedon, 2012), que también afrontaba el reto de reunir a un extraordinario equipo, es que se creaba el espacio necesario para el lucimiento de cada personaje. Por desgracia, no hay nadie con la mitad del talento de Whedon entre los responsables creativos de ‘Los mercenarios 2’, a la que le habría venido de maravilla una reescritura.

No está funcionando tan bien como la anterior pero parece claro que recuperará con creces lo invertido —acumula 74 millones en un par de semanas— y que veremos, además de la anunciada versión femenina, ‘Los mercenarios 3’. Sería buena idea recuperar al personaje de Mickey Rourke, sustituido aquí en cierto modo por Liam Hemsworth —atentos a cuando explica por qué dejó el ejército—, volver a dar más minutos a Li, buscar mejores guionistas, reducir los tiroteos anodinos —nada que ver con los que orquestaba John Woo en sus buenos tiempos— y aumentar las luchas cuerpo a cuerpo, y dejar vía libre al que seguramente interpretará al nuevo enemigo de los mercenarios: Nicolas Cage. Con un poco más, conseguirían mucho. Veremos si son capaces de mejorar esta segunda parte o siguen acomodados a costa de sus seguidores más conformistas.

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