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Los Puentes de Madison

Hasta hace tan sólo unos días no había visto ‘Los Puentes de Madison’, una de las películas más famosas del gran Clint Eastwood. Alberto, fan declarado de la película (aunque no la puso entre sus favoritas el muy coruñés), ya me amenazó en su momento con no permitirme volver a pisar su estupendo local hasta que no hubiera contemplado ese triste y emotivo final bajo la lluvia. Y es que, en ocasiones, sin razón aparente, hay títulos de este calibre que vas dejando para más adelante, como si nunca fuera el mejor momento para sentarse y enfrentarse al visionado; eso sí, entre tanto te has ido tragando un mar de productos penosos. Es lo gracioso del asunto.

En fin, a lo que iba. Hace poco compré la película en cuestión, a muy buen precio, y me decidí a verla antes que acabara el año. Deliciosamente acompañado, me encontré tras ver ‘Los Puentes de Madison’ con una sensación ligeramente agridulce. El film tiene partes gloriosas pero también otras lamentables. El resultado global es muy poderoso, desde luego, pero no deja de ser una pena que tenga esos bajones puntuales tan extraños.

El guión de ‘Los Puentes de Madison’ (‘The Bridges of Madison County’, 1995), escrito por Richard LaGravenese, está basado en la novela homónima de Robert James Waller. Se nos sitúa en 1965 y se nos narra la historia de Francesca, una solitaria ama de casa, de origen italiano, residente en Iowa. Mientras su esposo y sus dos hijos se encuentran de viaje, Francesca conoce a un fotógrafo que ha llegado al Condado de Madison para realizar una serie de fotografías sobre los puentes cubiertos de la zona; ambos se enamoran. Los cuatro días que pasan juntos suponen para ella un giro fundamental en su vida. Una historia que reflejará en un diario dividido en cuatro partes que sus hijos descubren después de su muerte.

La película parte de la muerte de la protagonista, Francesca, para, a través de su diario, leído por sus dos hijos, contarnos la corta pero intensa historia de amor extramatrimonial que vivió con Robert, el fotógrafo del National Geographic que, casualmente, se paró junto a su casa. Eastwood hace gala de esa impresionante mezcla de sensibilidad y fuerza que caracteriza su cine. Increíble lo de este genio, lo fácil que puede lograr, en tantas películas, que se te ponga la piel de gallina. El amor que sienten los dos protagonistas se respira, se siente, se intuye, pero casi nunca se ve, apenas se nos revela de forma notoria. Es imposible no acordarse de esa maravilla titulada ‘Breve Encuentro’ (David Lean) mientras se ve ‘Los Puentes de Madison’. No sólo por la historia, por su desarrollo y desenlace, sino también por la nostálgica y dulce voz en off femenina que nos relata la experiencia, o por esa escena casi calcada en la que una ruidosa amiga de la protagonista interrumpe la inocente intimidad de los amantes. De todas formas, que no se me malinterprete, son películas muy diferentes y que la sinopsis tenga similitudes es de lo más corriente. También podríamos incluir aquí a ‘Deseando Amar’ y cerrar un fascinante triángulo cinematográfico sobre el adulterio.

El reparto de ‘Los Puentes de Madison’ podría dividirse en dos apartados, o dos parejas, muy diferentes. Por un lado, tenemos a los dos personajes que protagonizan la parte del presente, papeles de Victor Slezak y Annie Corley, y, por otro, a los dos amantes sobre los que gira la historia central, encarnados por Meryl Streep (nominada al Oscar por este trabajo) y Clint Eastwood. Es en la primera pareja de personajes donde está lo peor de la película. Me resulta incomprensible que Eastwood permitiera semejantes actuaciones, lamentables, por parte de Slezak y Corley, aparte de que sus diálogos sean también flojísimos y en ocasiones absurdos. Lo de Corley es de juzgado de guardia, hay momentos en que incluso parece que imita al Chandler de ‘Friends’. No te llegan a estropear la película, ni muchísimo menos, pero cada vez que salen es que dan ganas de darle al botón de avanzar; a excepción, eso sí, de uno de los momentos finales, en el puente, que es bellísimo.

Todo lo contrario ocurre con los protagonistas, con Meryl Streep y Clint Eastwood. Ambos están sensacionales, inmejorables, formando una pareja memorable. Streep, sin duda una de las actrices de mayor talento que ha dado Hollywood, aparece sensual, fascinante, encarnando a la perfección a una mujer que, por unos días, encuentra una vía para esa dar rienda a la pasión que dormía olvidada en su interior. Atención al sutil acento que adorna su impresionante actuación o a esos graciosos gestos nerviosos que hace con las menos. En cuanto a Eastwood, me resultaría rarísimo que no hubiera estado también nominado al Oscar por esta película, si no fuera porque su faceta como actor siempre ha sido muy infravalorada. La leyenda viva nos ofrece todo un recital interpretativo y nos regala algunos momentos poderosísimos, como cuando se le saltan las lágrimas o el ya mencionado desenlace bajo la lluvia.

Por tanto, no incluiría ‘Los Puentes de Madison’ entre las cinco mejores películas de Eastwood como director, pero sí estaría entre las dos o tres primeras si me tocara defender la calidad de Eastwood como actor; algo que se ha venido discutiendo desde que casi no moviera un músculo para Sergio Leone. A Streep no hay que defenderla, pero si llegara el caso, aquí también realiza un trabajo extraordinario.

Como conclusión, nos encontramos ante un drama romántico de factura elegante y sencilla, de aire nostálgico, de emociones contenidas, con un final precioso que te mantiene sin respiración. Un título que debe estar en vuestra estantería favorita.

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