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Entre todo el lote de estrenos de estas fechas, en el que destacan aventuras en 3-D —recientemente, el oscarizado Juan José Campanella sostenía que en un plazo de 5 años absolutamente todas las películas se rodarán en este formato— se ha estrenado de tapadillo una pequeña producción norteamericana titulada ‘Luciérnagas en el jardín’ (‘Fireflies in the Garden’) cuya realización data ya del 2007. Como nuestros inteligentes distribuidores piensan que nadie la habrá visto, deciden estrenarla ahora por si aquellos que no conocen Internet o el mercado internacional del DVD se acercan a una sala durante esta Semana Santa para verla. No es la primera vez, y desde luego no será la última, que una película sufre este tipo de trato.

‘Luciérnagas en el jardín’ tiene un reparto espectacular, o casi; anotemos, Willem Dofe, Julia Roberts, Emily Watson, Carrie-Anne Moss (guapísima) y Ryan Reynolds, rostros conocidos entre el gran público, y que sin duda son el principal reclamo de un film que juega a ser un drama trascendental para terminar siendo una inofensiva película de corte telefilmesco. Aunque todo hay que decirlo, con interesantes apuntes en su tratamiento, uno de ellos, el trabajo de dirección de un primerizo Dennis Lee; no así en lo que respecta a su guión, también obra del director.

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La historia parte de un poema de Robert Frost, siendo ésta la segunda vez que en el cine se recurre a los poemas del poeta estadounidense. La ocasión anterior fue en el curiosísimo film de Don Siegel ‘Teléfono’ (‘Telefon’, 1977), en el que Charles Bronson protagonizaba una interesante trama de espionaje. ‘Luciérnagas en el jardín’ habla sobre la reunión de una familia cuyos secretos del pasado empiezan a salir a la luz debido a un trágico accidente. Una premisa mil veces vista y que en esta ocasión no aporta nada nuevo al menos argumentalmente.

Todo en la película son lugares comunes. El patriarca que impone una dura educación a sus hijos con reglas inquebrantables de comportamiento; la esposa de éste, una mujer dedicada al profundo amor que inculca a sus hijos. El mayor es un escritor de fama resentido con su padre por la peculiar forma que tuvo de educarle; la hija pequeña acaba de ser aceptada en una importante facultad de Derecho. No falta la tía que en sus tiempos jóvenes fue un espíritu libre pero que ahora es una resignada y comprometida madre y esposa, el amante secreto y la ex-mujer ex-alcóholica que regresa para poner las cosas más fáciles. Personajes vistos mil veces que no sorprenden por nada en especial, sólo salvados por las buenas interpretaciones de su reparto, excepto un caso, Ryan Reynolds.

Reynolds es probablemente uno de los peores actores de su generación, incapaz de transmitir emoción alguna por lo que cada uno de sus personajes resulta totalmente increíble. Si en films de acción como ‘Blade: Trinity’ (id, Davis S. Goyer, 2004) o ‘X-Men orígenes: Lobezno’ (‘X-Men Origins: Wolverine’, Gavin Hood, 2009) su presencia ya resultaba molesta, en un film dramático literalmente sobra. Baste observar las escenas en las que comparte cámara con Willem Dafoe para mostrar lo que es un actor bueno y otro malo. La importancia del personaje de Reynolds en la trama pesa demasiado sobre el actor, incapaz de vestirlo más allá de lo que lo hace el guión. No nos creemos su dolor y no nos importan sus decisiones, por otro lado algo incomprensibles.

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Dennis Lee es capaz de juntar a todos los componentes de esta rota familia con la suficiente pericia y provocando a ratos cierto interés. Pero cuando se presenta la ocasión de poner todas las cartas sobre la mesa, de resultar profundamente dramático por alguna de las situaciones mostradas, Lee se baja los pantalones y se deja llenar por los convencionalismos. ‘Luciérnagas en el jardín’ pide a gritos dureza y da todo lo contrario, sugiriendo temas tabús llenos de morbo, que Lee sólo se atreve a insinuar para luego ablandarse. Sin embargo es capaz de una puesta en escena que aparta su película de los típicos telefilms, formalmente hablando. Un acertado uso de las elipsis alternado dos épocas distintas y una excelente banda sonora de Javier Navarrete destacan en una historia mucho más simple de lo que nos quieren hacer ver.

Al final queda la pobre sensación de haber asistido a uno de esos “lo que pudo haber sido y no fue”, que muchas veces es peor, por extraño que parezca, que salir del cine enfadado por haber visto una mala película. Hace ya unos cuantos años un director británico de nombre Mike Leigh se adentraba en el drama de una familia, llegando a revolver las entrañas e impactando en el espectador con verdades que resultaban puñetazos directos al corazón. ‘Secretos y mentiras’ es el título de aquella película. No se necesita decir más.

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