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Miel de naranjas

Llega a las pantallas entre las novedades del viernes ‘Miel de naranjas’, de Imanol Uribe, responsable, entre muchas otras, de ‘Días contados’ (1994), ‘Plenilunio’ (2000), ‘El viaje de Carol’ (2002) o ‘La carta esférica’ (2007). Ya señalábamos como sorprendente el tiempo que este salvadoreño de nacimiento y guipuzcoano de adopción se había tomado para regresar a la dirección. En su nuevo trabajo, nos trasladamos hasta los años cincuenta en Andalucía. Carmen consigue que su novio, Enrique, se quede a prestar el servicio militar en un juzgado de la ciudad. Este, a la vista de las injusticias que presencia cada día, se da cuenta de que para cambiar el rumbo de las cosas tiene que actuar. Pronto se verá involucrado en arriesgadas acciones que pondrán en peligro su vida y la de sus compañeros.

Gonzalo Berridi firma una fotografía basada en luces incidentales, que crean sombras y claros de vistoso resultado. Se disimulan en gran medida que el soporte es digital. Esa iluminación, aunque sea bonita, resulta artificial y pretenciosa, además de algo pasadas de moda. El diseño de producción está cuidado, por lo que la ambientación de época, conseguida y creíble, acompaña lo que se muestra. Pero no hay un gran despliegue de escenarios: predominan los interiores que son casi siempre los mismos y las escenas de acción –no como persecuciones o peleas, sino por oposición al diálogo– son las menos, minimizando las opciones de lucimiento de Uribe que se presta como testigo para dar fe de los hechos, sin aportarles tensión, emoción o empaque.

'Miel de naranjas'

Un guion ganador del premio SGAE

El guion, de Remedios Crespo Casado, ganó por unanimidad del jurado el VI Premio SGAE de Guion Julio Alejandro en 2009 y posteriormente vivió varias rescrituras efectuadas por su autora. Aunque tiene algún detalle encomiable, no destaca por su originalidad, su capacidad para intrigar ni por su profundización en los personajes. La estructura resulta trabada y poco funcional. Se toma demasiado tiempo hasta que presenta el verdadero asunto del que se ocupa y, una vez lo introduce, entra en él solo a medias. Se basa –quizá esto no fue cosa del guion, sino decisión de montaje– en trucos muy cuestionables, que consisten en guardarse un par de misterios en la manga que, además de no sorprender cuando se desvelan, dan una rara apariencia a la progresión narrativa mientras se están ocultando.

El interés sube muchos enteros cuando la cinta por fin se centra en el espionaje. La pena es que este aspecto ocupa poco espacio y el final se torna repentino y decepcionante, al resolver solo lo que les concierne a los protagonistas y no indicar nada sobre cómo quedó la situación general. Normalmente, cuando se sitúa una historia en la Historia es para que la narración concreta sirva de reflejo de lo universal y aquí eso último parece carecer de importancia o quizá es que se dé por hecho algo que habría que haber cerrado con mayor claridad. La resolución parece reflejada a medias, asimismo, en lo que se refiere a un conflicto que surge entre la pareja joven gracias a una revelación. La introducción de las subtramas, como aquella que atañe a Ángela Molina, está bien urdida, pero no elude sonar forzada.

'Miel de naranjas'

En cuanto al tono, no mezcla demasiado bien el manido drama de posguerra con la pobre historia de amor y con el tema de espionaje. Si se hubiese hecho hincapié en este último, situándolo como género por encima de todo lo demás, la película habría contado con un aspecto diferencial ante al resto de las cintas sobre la contienda civil y se sostendría sobre la intriga y la tensión que los films de espías suelen contener. La queja de los espectadores de que se hace demasiado cine sobre esta época española creo que no va tanto por la elección de la etapa histórica en sí, pues de sobra conocemos la profusión de films sobre la II Guerra Mundial no hay protestas en contra. Creo que el hastío llega porque estas películas no se despegan de la Historia para dejarse llevar hasta otros géneros, como el thriller, el de espionaje, el de superación… sino que se quedan anclados al drama que supone vivir aquellos hechos sin ir más allá. Comparar ‘Miel de naranjas’ con películas sobre la resistencia francesa, como ha hecho el director, es hacerle un gran favor.

Grandes nombres en el reparto

Encontramos el mayor aliciente en la interpretación de Karra Elejalde, quien aporta bastante personalidad y cierto humor, que nos alejan de la monotonía y la mediocridad de la cinta. Sus intervenciones elevan la temperatura de las escenas en las que concurre y cualquier persona que lo admire encontrará en ‘Miel de naranjas’ una opción con la que disfrutar de su carisma. Supongo que es contraproducente que el antagonista quede como personaje más interesante, pero contrarresta el maniqueísmo que encontramos tanto en esta como en casi cualquier otra película sobre el franquismo. Entre los secundarios se cuentan nombres de gran categoría, como Eduard Fernández, Nora Navas –a quien se puede ver en la siguiente fotografía y quien es posible que cuente con el mejor personaje de la película– Jesús Carroza, Barbara Lennie, José Manuel “Poga”, Carlos Santos y Antonio Dechent. Todos ellos llevan a cabo buenos trabajos y dotan al relato de autenticidad. Es decir, Uribe realiza un buen cometido dirigiendo a los veteranos.

'Miel de naranjas'

Sin embargo, los protagonistas no son ninguno de los mencionados, sino los jóvenes Ibán Garate y Blanca Suárez. Es aquí donde habría faltado más experiencia o capacidad expresiva. Ella no se me antoja muy verosímil en su excesiva perfección física, pero está correcta. Él resulta muy corto para el papel tan retador que tiene entre sus manos. Por ejemplo, hay un momento que podría ser el más sorprendente e indignante –el arrebato de celos machista que sufre cuando le es revelado algo que los espectadores ya imaginábamos– y cuya potencial fuerza dramática queda diluida ante la inexpresividad de Garate. A favor de ambos intérpretes hay que señalar que en guion los personajes no están retratados con gran profundidad. Ya que ambos jóvenes sirven como representaciones de grupos sociales –o del punto de vista del espectador en el caso de él–, apenas funcionan como seres individuales, con sentimientos, dudas y facetas.

Conclusión

La sensación con ‘Miel de naranjas’, a pesar de que lo dicho más arriba suene a derribo, no es tanto de haber visto una película insuficiente, sino quizá de insatisfacción por la diferencia entre lo que se podría haber encontrado y lo que finalmente aparece. El esfuerzo se aprecia y vista como conjunto, sin pararse a analizarla facción por facción, resulta solvente y válida. Sin embargo, no se puede obviar que trata temas de gran interés sin llegar a profundizar lo bastante en ninguno de los aspectos, ni a extraerles toda la miga que contenían.

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