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Rooney Mara como Lisbeth Salander

¿Puedo matarlo?

(Lisbeth Salander)

Desde el pasado 13 de enero puede verse en España lo nuevo de David Fincher, la segunda adaptación cinematográfica del best-seller ‘Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres’ (‘The Girl with the Dragon Tattoo’ en Estados Unidos). Da igual lo que leáis, no se trata de un remake, no toma como base el guion de la película de 2009 sino que vuelve a llevar al cine la novela escrita por Stieg Larsson, y lo hace a su manera (¿acaso el ‘Hamlet’ de Kenneth Branagh es un remake?). Desde que se anunció el proyecto, se puso en duda la necesidad de filmar otra vez la oscura investigación de Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, estando tan reciente la estupenda versión sueca dirigida por Niels Arden Oplev y protagonizada por Michael Nyqvist y Noomi Rapace. ¿Tenía sentido hacer esta temprana readaptación? Desde un punto de vista comercial, teniendo en cuenta que el film ha recaudado a día de hoy 165 millones de dólares en todo el mundo, parece claro que la jugada ha sido acertada, existía la opción de hacer mucho dinero y no la han dejado escapar. Para la gente que ve una película con el objetivo de que le cuenten una historia, supongo que no hay ningún interés o escaso (¿comparar las películas, comprobar la fidelidad al libro?), se les va a narrar prácticamente lo mismo, el mismo caso, los mismos protagonistas, las mismas sorpresas, el mismo asesino… Entiendo que ellos la consideren innecesaria.

Por otro lado estamos los que disfrutamos de la puesta en escena, de las interpretaciones, de la experiencia audiovisual, más del cómo que del qué se narra, y desde esta perspectiva la readaptación de ‘Millennium’ tiene tanto sentido como cualquier otra película que parta de otro material, original o no; si hay cine en ella (no se trata solo de ganar dinero), bienvenida sea. Y en este caso es así, estamos ante una película apabullante técnicamente con un ritmo endiablado y un trabajo interpretativo impecable. Es superior a la adaptación sueca; no en todo pero sí en términos generales. Algo curioso que he comprobado es que muchos de los que mantienen que no han quedado satisfechos con el noveno largometraje de Fincher, también reconocen que esta nueva versión del libro de Larsson está mejor filmada que la de Oplev, así que supongo que el problema para ellos es la historia, la trama. O quizá el problema sea el director, demasiado famoso, demasiado venerado, otra torre que demoler. O que la película se ha hecho con dinero de Hollywood, y todos sabemos que lo europeo es mejor, sin discusión posible. En fin, cada uno tendrá sus argumentos, sus circunstancias y sus manías. Las películas las vive cada uno de manera diferente. Por mi parte, aplaudo el trabajo de uno de los más virtuosos cineastas de la Historia del Cine.

‘Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres’ arranca con una enigmática carta y una breve llamada telefónica. El misterio planteado al espectador. Lo que sigue es la impresionante secuencia de títulos de crédito que tenéis arriba, y que según Fincher representa las pesadillas de la protagonista; suena una versión de Trent Reznor y Atticus Ross del tema ‘Immigrant Song’ de Led Zeppelin. La contribución de Reznor y Ross (ganadores del Oscar por la música de ‘La red social’) a la nueva película de Fincher es fundamental, imprescindible, no solo en la creación del ritmo y el tono de la historia sino también aportando significado y profundidad a las imágenes, las enriquece. El trabajo musical (realizado a partir del guion) es esencial para situar al espectador en el lugar de los hechos, en la apasionante investigación criminal y en el tenebroso universo de los hombres que odian a las mujeres, pero esto es así por la visión del director, que vuelve a demostrar un extraordinario dominio de la narración y el impacto audiovisual (atención al detalle del sonido en el desagradable primer encuentro entre Lisbeth y su nuevo tutor, con un plano nos muestra la procedencia del ruido y nos dice mucho más, que lo que ha ocurrido es normal, y se cubre). La decisión de ambientar el relato y rodar los exteriores en Suecia es otro de los aciertos de esta producción, embellecida con la labor fotográfica de Jeff Cronenweth.

Más que la trama, pues dará por hecho que la mayoría ya la conocemos (y en todo caso no debe motivarle demasiado centrarse en otra investigación criminal después de ‘Seven’ y ‘Zodiac’), se percibe que lo que realmente interesa a Fincher es retratar minuciosamente a los dos personajes principales, infatigables justicieros urbanos, el periodista de raza Mikael Blomkvist y la asocial investigadora Lisbeth Salander, así como el violento entorno en el que éstos se mueven (casi puede uno sentir el frío que congela a Blomkvist en esa destartalada casa en medio de la nieve o el agobiante aire enfermo que se respira en el apartamento del tutor que abusa de Lisbeth). Y estos personajes parten del texto original de Larsson (según parece, inspirado por la impotencia que sintió ante la violación de una chica llamada Lisbeth) pero no son los mismos que interpretaron en su momento Nyqvist y Rapace, siendo éste uno de los motivos por las que recomiendo ver la nueva versión, aun conociendo el desarrollo y la resolución del caso. El guion de Steven Zaillian aprobado por Fincher pone en pantalla detalles que no estaban en el film sueco (la relación de Blomkvist con su hija, la triste escena final) y los actores crean sus propias versiones de los personajes de acuerdo con la visión del director. Dice Fincher que Scarlett Johansson fue solo una de las muchas actrices interesadas en encarnar a Lisbeth, pero su apuesta personal era Rooney Mara, a la que nos descubrió en ‘La red social’, y la chica respondió espléndidamente.

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He leído de todo cuando se ha comparado la Lisbeth de Rapace y la de Mara. No creo que haya que quedarse con una, cada actriz creó a una Lisbeth diferente y ambas me parecen perfectas en sus respectivas películas. La primera es más humana y áspera (ojo a la escena de cama con su compañero o al momento de intimidad donde no llega a contar nada de su pasado, solo lo ve el espectador en un flashback), la segunda llega a parece una criatura fantástica que cambia de forma dependiendo de las circunstancias; la chica que juega al ajedrez con su “padre” o la que se acuesta con el coprotagonista parece transformarse en un terrible ángel vengador capaz de sortear todos los obstáculos para ajustar cuentas con su víctima. Esta Lisbeth no es solo una superviviente de un mundo podrido que responde a la maldad con maldad, sino que podría decirse que es un nuevo ser humano de este siglo XXI, con otra estructura corporal y mental, más interesante cuando se contrasta con el tradicional Blomkvist, al que da vida el carismático y versátil Daniel Craig (no debe ser fácil que James Bond parezca acobardado en algunas escenas). Quizá era inevitable, pero no estoy de acuerdo con el tratamiento sexual de la protagonista en esta versión; Mara va a contar con millones de fans (y acosadores) en todo el mundo a causa de unas gratuitas y equivocadas escenas que explotan su atractivo físico, cuando lo más coherente sería reforzar su carácter violento e irreal. Cabe destacar que Christopher Plummer, Stellan Skarsgård, Robin Wright, Joely Richardson, Donald Sumpter y David Dencik, entre otros, completan un formidable reparto.

Antes de terminar me gustaría apuntar algo que no conviene dejar de lado, y es la intencionalidad de la obra, lo que busca, para poder averiguar si lo ha logrado su propósito. Por más que se empeñen algunos, esto no es un capricho intelectual que firmaría Godard, una reflexión filosófica a lo Malick o una excusa para recrear situaciones sádicas y violentas. Es la adaptación de un best-seller. Fincher confesó sin problema alguno que aceptó el proyecto por la posibilidad de implicarse en una franquicia comercial para adultos, y Craig ha destacado que la finalidad última de la película que han hecho es entretener al público, no denunciar o dar lecciones. Aquí nadie está engañando a nadie. No es cine de arte y ensayo, es cine de Hollywood puro y duro. Pero es un cine de calidad, maduro y exigente, un thriller perverso que se paladea con gusto y deja potentes imágenes en la retina. Podemos hacer interpretaciones y dobles lecturas, eso es sano y siempre interesante para el debate, pero lo esencial, creo yo, es que ‘Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres’ es una película de factura intachable y una gozada para los que amamos el cine. El resto encontrará en ella, por lo menos, un agresivo pasatiempo. ¿Innecesaria? En absoluto.

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