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'MS1: Máxima seguridad'

Apuntaba en la crítica de anteayer que la cinta de marras parecía hecha ex profeso para mí. Nos encontramos ahora ante un producto que en nada se asemeja al anterior y del que también se podría decir que, en un principio, cuenta con todo lo que yo le podría pedir a una historia. Me refiero a componentes como el carcelario, con su consecuente fuga, a la ciencia ficción y a la ambientación post-apocalíptica. Si se añade algo de tensión y acción, poco más hace falta. Con una película que ya se presenta así y, aun siendo consciente de que no sería de gran calidad, ya tenía claro que pasaría un buen rato. Y así fue, pese a los fallos que ‘MS1: Máxima seguridad’ (’Lockout‘, 2012) no es capaz de esconder.

Este thriller futurista surgido de la mente de Luc Besson, dirigido por James Mather y Stephen St. Leger, nos habla de MS1, una prisión experimental en el espacio, donde los 500 criminales más peligrosos del planeta se encuentran retenidos en un estado de “letargo” inducido. A la cabeza de una misión humanitaria, la hija del presidente de los Estados Unidos, Emilie Warnock llega a bordo de la prisión justo antes del estallido de un motín. Emilie y los trabajadores de la MS1 son tomados como rehenes por los violentos internos. El presidente Warnock decide enviar al agente Snow a la MS1 con la única misión de salvar a Emilie, aunque eso les cueste la vida al resto de los presentes.

'MS1: Máxima seguridad'

A pesar de no ser ‘Aliens’ o ‘Celda 211’ ni la mezcla de las dos, encuentro ‘MS1: Máxima seguridad’ entretenida, ya que presenta un buen ritmo y se basa en un guion en el que constantemente se añaden eventos y se presentan giros para que no existan los momentos bajos o paralizados. No induce el letargo diseñado para los presos a los espectadores, lo que no es un incentivo tan habitual como se supondría. La idea de Besson de la estasis me parece próspera, lástima que no se le haya extraído todo el partido que daba, pues al fin y al cabo, nos encontramos con un simple motín en una nave espacial en el que el aspecto de ciencia ficción no cambia las cosas.

Los debutantes directores no firman una buena tarjeta de presentación con su realización ramplona y la producción tampoco acompaña, ya que los efectos especiales digitales en ocasiones se perciben transparentes en exceso. Su bisoñez les lleva, asimismo, a no encontrar las soluciones más idóneas para solventar determinados escollos, como el final que, tal como estaba escrito sobre el papel, dirigido de otra manera, era susceptible de dar un mejor resultado.

No se puede entrar en una prisión y menos aún una que emplea cuestionables métodos de pacificación, sin que se adhiera cierta crítica social. Tampoco contar con un presidente de los EE. UU. al que no le importan las vidas de civiles y militares, sino solo la de su hija. A pesar de las facilidades para que quedase clara y diáfana, esta protesta se afronta con poco tino en el film que nos ocupa.

'MS1: Máxima seguridad'

El aspecto menos logrado es la dirección de actores, para lo que no ayudaba que los personajes, desde guion, fuesen caricaturescos, tanto los buenos cómo los malos. Las intenciones de los diálogos, plagados de réplicas macarras, de puyas y de humor negro, son buenas, sin embargo, la interpretación impide que nos los creamos. Especialmente, en el caso de Maggie Grace (‘Perdidos’), una actriz muy limitada, que convierte a su personaje de mujer activa, ingeniosa y concienciada en increíble a todas luces. Guy Pearce, actor que ha demostrado sobradamente su capacidad, desempeña una labor encomiable, ya que ni siquiera pasa por aquí para cobrar el cheque, sino que se lo toma en serio. Los secundarios –Peter Stormare, Vincent Regan o Joseph Gilgun–, al menos consiguen que el maniqueísmo que mencionaba más arriba no nos impida creérnoslos o de no saque de la película.

En definitiva, ‘MS1: Máxima seguridad’ no me parece una excelente película, pero sí un producto con los suficientes alicientes como para ser disfrutado sin exigencias. El material, eso sí, parece trabajado a medias, ya que cualquiera de las ideas de partida o concepciones tenía posibilidades de haber dado un fruto muy superior. Incluso aunque el guion no demuestre una gran originalidad, sin que se modificase una coma, pero rodado por otra persona y con una protagonista femenina distinta, ya merecería una mayor ponderación. Quizá nuestro amigo Luc debería elegir mejor a sus colaboradores o dirigir él sus producciones.

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