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Noespecado afiche

Si nos ponemos a pensar en todos los sex symbols que han poblado el cine en su algo más de siglo de existencia, la lista puede ser bastante amplia. Y si esta va en orden cronológico debe estar encabezada por Mae West por mucho que a bastantes de nosotros nos parezca una de las actrices más insoportables que se hayan puesto delante de una cámara. A día de hoy si uno le echa un vistazo a las películas protagonizadas por esta singular mujer, podrá comprobar lo mala actriz que era, con sus aires chulescos, su no saber andar y sus forzadas expresiones faciales. ‘No es pecado’ (‘Belle of the Nineties’, Leo McCarey, 1934) fue uno de los diez largomentrajes que interpretó antes de retirarse del cine cansada de los problemas con la censura.

(Spoilers) Porque Mae West no sólo fue el primer sex symbol, también mujer fatal, de la historia del cine. Tuvo un poder del que pocas actrices pueden presumir, escribiendo todos sus guiones, y eligiendo a sus compañeros de reparto. Y lo mejor de ella se encuentra precisamente en sus libretos, llenos de referencia a la batalla de sexos, con muy agudas reflexiones sobre la eterna lucha/entendimiento entre hombres y mujeres. Diálogos afilados que aún a día de hoy sorprenden por su atrevimiento algunos, y por su inusitada sutileza otros, eran la marca de la casa, mientras West se pavoneaba delante de todo el mundo con sus nada finas curvas. Eran otros tiempos, en los que el sexo era prácticamente tabú —aún sigue siéndolo para muchas mentes estrechas— y West era plenamente consciente de ello, sacando el mayo provecho posible.

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En su década de gloria —protagonizaría dos películas más de escasa relevancia muchos años más tarde— llegó a elegir a Cary Grant cuando este aún no era conocido, y fue dirigida por directores de la talla de Raoul Walsh o Henry Hathaway. En ‘No es pecado’ deja la batuta al gran Leo McCarey, que hacía dos años había firmado la que para mí es la mejor película de los míticos hermanos Marx, ‘Sopa de ganso’ (‘Duck Soup’, 1932), y faltaban unos tres para que ofreciera al mundo la película que según Orson Welles hacía llorar a una piedra —se quedó corto— ‘Dejad paso al mañana’ (‘Make Way for Tomorrow’, 1937). Es precisamente la labor del director la que impide la quema de una película en las que las cosas suceden a la velocidad del rayo, y prácticamente todo está a disposición de su principal estrella.

West da vida a Ruby Carter, la principal atracción de un club en San Luís, donde enamorará a un campeón del boxeo. Muy pronto y convencida por el manager del boxeador, se irá a New Orleans donde se convertirá en la estrella de un club dirigido por un hombre sin escrúpulos que también caerá en las redes de Ruby. Una premisa bastante simple con no pocas ramificaciones y una tendencia a resolver conflictos con una facilidad pasmosa. Los años 30 no se caracterizaron precisamente por la extrema duración de las películas, algo que ya es una señal de identidad en el cine de hoy día, sino por la propensión hacia la síntesis que algunos autores supieron manejar como pocos. McCarey, que entendía además mejor que nadie el mundo de la comedia y el drama, pone todo su saber en el film, a pesar de estar condicionado por West, la controladora final del film.

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Mientras que la historia que vemos en ‘No es pecado’ se desarrolla a la velocidad del rayo, sobre todo en su delirante tramo final en el que en unos tres minutos todo se atropella de forma increíble, sus aciertos se encuentran en una arriesgada puesta en escena de McCarey —sin duda uno de los realizadores que más arriesgaron en la narrativa cinemtográfica durante los años 30—, que le lleva a colocar la cámara en los sitios más insospechados, y cómo no, en esas agudas frases soltadas por Ruby y que siempre dejan en paños menores a los hombres, todos ellos siempre menos inteligentes que el personaje femenino. Lo que llama poderosamente la atención con el paso del tiempo es el hecho de que varios hombres sean capaces de enamorarse de alguien tan vulgar como Ruby, pero eran otros tiempos, y sin duda la lengua afilada de Mae West tuvo mucho que ver.

Película correcta y entretenida, que ya es mucho más de lo que ofrecen más de la mitad de los films actuales, y que evidentemente está llena de números musicales protagonizados a mayor gloria por su estrella principal. De entre todos ellos destaca el impresionante ‘Troubled Waters’ de la que aquí os dejamos el vídeo. Un instante muy inspirado de un film prescindible pero simpático.

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