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'Nuestra hermana pequeña', la poesía de lo cotidiano
Críticas

'Nuestra hermana pequeña', la poesía de lo cotidiano

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Con ‘Nadie sabe’ (‘Dare mo shiranai’, 2004), ‘Kiseki: Milagro’ (‘Kiseki: I Wish’, 2011) o ‘De tal padre tal hijo’ ('Soshite chichi ni Naru', 2013) Hirokazu Koreeda nos demostraba su afición por el retrato natural y realista de familias desestructuradas y niños abandonados. En realidad, buena parte de su filmografía gira en torno a estos asuntos y su nueva película ‘Nuestra hermana pequeña’ ('Umimachi Diary', 2015) no supone una novedad en este sentido.

‘Nuestra hermana pequeña’ es una película tierna y sensible inspirada en el cómic manga 'Umimachi Diary' de Akimi Yoshida. En esta ocasión, las protagonistas absolutas del filme son las mujeres.

Las ‘mujercitas' de Koreeda

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Sachi, Yoshino y Chika son tres hermanas que viven en la ancestral y enorme casa de su difunta abuela en la ciudad de Kamakura, a una hora en tren de Tokio. Han crecido sin sus padres desde muy pequeñas debido a que un conflicto que hubo entre ellos les hizo marcharse del hogar y abandonarlas. Un día cualquiera, reciben una llamada que les avisa de la muerte de su padre, hecho que parece no afectarles demasiado.

Sin embargo en el funeral se enterarán de la existencia de Suzu, una media hermana, fruto de la relación del padre con otra mujer 15 años atrás. Sachi (la hermana mayor) se identifica con la situación de Suzu y, a iniciativa suya, la acogerán en su casa y las cuatro tratarán de continuar con su vida.

Sachi, se ha hecho cargo de Yoshino y Chika desde el divorcio de sus padres. Las tres chicas han salido adelante consiguiendo normalizar su vida. De hecho, son bastante felices -en apariencia-, sin embargo cada una arrastra su propio trauma. La historia explora el deseo subconsciente de las chicas por recuperar la infancia que nunca tuvieron, un deseo de despojarse de esa prematura pero necesaria madurez que la ausencia de dos padres adultos les obligó a adoptar para poder sobrevivir.

Reflexiones sobre la madurez

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Así, el filme se conforma como una reflexión sobre el proceso de crecer y se plantea cuestiones como ¿Quién es más adulto, el adulto o el niño que tiene que hacerse adulto a la fuerza? ¿Por qué los mayores actúan como niños y los niños tienen que actuar como mayores...?

El dolor de las protagonistas es real, los conflictos están presentes, pero Koreeda decide enfocarlo todo de una manera tan suave, discreta y serena que estos permanecen amortiguados todo el tiempo, y el drama se termina diluyendo para dar paso a un relato agradable que únicamente trasmite sensaciones de ternura e inocencia.

En ‘Nuestra hermana pequeña’ Koreeda atina al recrear la dinámica de la interacción familiar en la que los pequeños detalles tienen gran importancia: sentarse a la mesa a comer, mantener conversaciones durante un paseo, pintarse las uñas por primera vez…

En definitiva, se retrata el día a día de las chicas en sus trabajos, los amoríos no del todo estables que tienen, el paso de sus vidas a través de las rapsódicas estaciones (invierno — primavera — verano) y las tradiciones culinarias fuertemente arraigadas de su cultura, todo ello llevado a escena de manera pormenorizada, con el máximo cuidado, atención y delicadeza.

'Nuestra hermana pequeña' y los conflictos blanditos

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La película, que dura más de dos horas, es un ejercicio que producirá un enorme placer al espectador amante del cine clásico japonés sobre la familia. Sin embargo, no agradará tanto al resto, pues su ritmo lento podría resultar comprensiblemente aburrido por la blandura y la inconsistencia de las emociones retratadas en la historia. Le falta más conflicto, quizá, y es un error que el primero tarde más de una hora en producirse (cuando la madre de las hermanas aparece en escena).

La mayoría de los protagonistas acaban por reconciliarse consigo mismos y con los demás, pero lo hacen de una manera tan poco evidente y tan por encima que al resultado le acaba faltando fuerza y convicción.

En ‘Caminando’ ('Aruitemo, Aruitemo', 2008) y 'De tal padre, tal hijo' (Soshite chichi ni Naru’, 2013), el sentido de catarsis era tan poderoso que por sí solo daba sentido a la represión emocional de los personajes, sin embargo, en ‘Nuestra hermana pequeña’ las personas asisten a los funerales como si fuera lo más normal del mundo y las decisiones más críticas se realizan durante un ameno paseo, como si nada tuviese una importancia real.

En cuanto a interpretaciones, únicamente merece la pena mencionar la de Haruka Ayase en su papel de hermana mayor. Ayase, que exuda una personalidad vivaz en la mayoría de las películas en las que participa, transmite con éxito el estado mental de Sachi, con su imponente postura maternal y su fuerte sentido de la autodisciplina.

Belleza visual y sonora

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Contribuye a elevar la calidad del filme la música de Yoko Kanno, cuyas dulces melodías tienen un efecto suavizante sobre el tono general de la película.

Además, Mikiya Takimoto (que ya trabajó en el mencionado filme ‘De tal padre, tal hijo — Soshite chichi ni Naru’, 2013) captura el encanto y la hermosura de Kamakura con su espectacular fotografía plagada de colores vivos: mares, árboles y cerezos en flor son retratados con suma maestría ofreciéndonos un regalo visual muy cercano a la poesía.

Sin embargo, algunos de los encuadres que se utilizan tratan de referenciar las composiciones de Yasujiro Ozu, cineasta con el que Koreeda fue comparado después de rodar ‘Caminando’ ('Aruitemo, Aruitemo', 2008).

Lo mejor: La belleza lírica, tanto sonora como visual. La relación entre las hermanas está muy lograda y consigue ser muy realista. Lo peor: La poca profundización dramática de los personajes, junto con el pausado ritmo de la cinta, puede dejar frío al espectador. La tensión del filme es mínima debido a que los conflictos reales de la historia son escasos.

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