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Mientras leía la primera novela que ha escrito Elio Quiroga, ‘El despertar’, en el que una mujer descubre por su médico que está muerta, me acordé que tenía una curiosa cuenta pendiente con el séptimo arte y que guarda una evidente relación con el citado libro. Me refiero a ‘Nueva York bajo el terror de los zombi’ (‘Zombi 2’, Lucio Fulci, 1979) que tenía en un rincón abandonada, así que la ocasión para verla no se hizo esperar más. Se trata probablemente de la copia/homenaje más famosa surgida a raíz del éxito de las películas de temática zombie a finales de los años 70. George A. Romero había creado escuela con su mítica ‘La noche de los muertos vivientes’ (‘Night of the Living Dead’, 1968) —un film que aguanta bien el paso del tiempo— y su secuela obtuvo aún mayor repercusión.

(Spoilers)‘Zombi’ (‘Dawn of the Dead’, 1978) no se había estrenado en Italia cuando se escribió el guión de la película de Fulci, pero debido a su éxito se decidió a tres semanas del estreno del film italiano, titularla ‘Zombi 2’, con las consiguientes confusiones que crearon pues no se trata de ninguna secuela del film de Romero, pero en aquellos años las jugadas comerciales eran tan rastreras como esta. No deja de hacerme gracia el título que recibió en nuestro país, pues la ciudad de New York aparece únicamente en el inicio y epílogo del film, ocurriendo la mayor parte de la acción en una isla de Las Antillas, en la que en medio de supersticiones y vudú se levanta toda una legión de muertos vivientes entre los que se encuentran conquistadores españoles. Olé.

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Dichas secuencias se filmaron por imposición de los productores también a pocas semanas del estreno debido al éxito de la película de Romero. En ellas hay unas cuantas curiosidades. Primero que el puente de Brooklyn es muy bonito y queda de miedo, nunca mejor dicho, en el cine; los guardacostas que revisan el barco abandonado en la bahía eran policías de verdad y había tan poco presupuesto que tuvieron que utilizar sus verdaderos uniformes. Al margen de lo torpe que resulta dicha secuencia —la escena del ataque de un zombi es lamentable— ayuda en cierta manera a crear algo de misterio y expectación por lo que pasará. El epílogo resulta bastante impactante, con el puente lleno de zombis, la radio informa de que la ciudad ha sido tomada, aunque si nos fijamos bien el tráfico —que circula un nivel más abajo que el paso de los viandantes— sigue circulando con fluidez, y es que sólo tenían permiso de rodaje para esa zona.

Puede que el film tarde un poco en entrar en materia, puesto que la explosión de violencia, sangre y vísceras —recordemos que estamos ante un film de Lucio Fulci y en los años de esplendor del gore— se concentra en la última media hora, pero creo que crea cierta tensión. Conviene recordar que en aquellos años una de las armas del suspense era un ritmo relativamente lento con pocos golpes de efecto hasta el clímax final. Ahora bien, aquel espectador actual que resista una hora de metraje con diálogos absurdos y dando excesiva y reiterada información sobre los zombies, disfrutará si es amante de ello de una delirante explosión de violencia zombie. Sangre, sudor y lágrimas. Fulci en puro estado, con todo lo bueno y malo que eso tiene. No podemos obviar la enorme cutrez de alguno de sus planteamientos y lo ridículo de algunas situaciones, pero cuando el film quiere ir al grano es un delirio que compensa lo anodino del resto.

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‘Nueva York bajo el terror de los zombi’ es recordada sobre todo por dos escenas que lejos de considerarlas antológicas conservan parte de su impacto. La primera es la delirante secuencia de lucha entre un muerto viviente y un tiburón. Un escualo tal vez algo pasota y sin hambre, pero resulta divertido ver al zombie enfrentarse al mismo y mordiéndole. La otra es la consabida astilla entrando en el ojo de una mujer que es atacada por un no muerto; se deben reconocer las excelencias del maquillaje, extendidas al resto de escenas sangrientas donde no faltan cabezas cortadas a la altura de la boca, zombies ardiendo, venas explotando, cuerpos desmembrados mientras zombies se alimentan de ellos y un montón de sangre más.

Las referencias a ‘Yo anduve con un zombie’ (‘I Walked With a Zombie’, Jacques Tourneur, 1943) son más que evidentes —y a alguna película más— pero mi perturbada mente de cinéfilo me recuerda aquella joya titulada ‘La legión de los hombres sin alma’ (‘White Zombie’, Victor Halperin, 1932) en la que Bela Lugosi tenía unas perversas y excitantes intenciones. Lucio Fulci sabía lo que hacía, aunque fuera con poco dinero. ‘Nueva York bajo el terror de los zombi’ es más simple que un botijo, pero también efectiva.

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