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Imagen con el póster de 'Oblivion'

Pocos actores hay en Hollywood que entiendan mejor lo que le gusta al gran público que Tom Cruise. Su carrera está plagada de éxitos, algunos más merecidos que otros, pero en la gran mayoría de ellos la presencia de Cruise fue básica para ello. Muchos quisieron sepultarlo antes de tiempo tras las decepciones cosechadas con ‘Leones por corderos’ (‘Lions for Lambs’, Robert Redford, 2007) ‘Valkiria’ (‘Valkyrie’, Bryan Singer, 2008) y ‘Noche y día’ (‘Knight & Day’, James Mangold, 2010), pero su triunfal regreso —casi 700 millones recaudados frente a los 145 que costó— como Ethan Hunt en ‘Misión Imposible: Protocolo Fantasma’ (‘Mission: Impossible – Ghost Protocol’, Brad Bird, 2011) despejó todas las dudas que pudiera haber y lo situó de nuevo en la primera línea.

Desde entonces hemos podido ver a Cruise hacer una pequeña aparición en ‘Rock of Ages (La era del rock)’ (‘Rock of Ages’, Adam Shankman, 2012) y encabezar el reparto de la reivindicable ‘Jack Reacher’ (id., Christopher McQuarrie, 2012). Se esperaba más de ambas películas en términos comerciales, pero él sólo ejercía de estrella en la segunda y la recaudación de ésta logró triplicar holgadamente su coste. Sin embargo, es con ‘Oblivion’ (id., Joseph Kosinski, 2013) cuando Cruise acomete de nuevo la siempre difícil tarea de liderar un blockbuster y, artísticamente hablando, el resultado ha sido, aunque eso no sea decir gran cosa, bastante más satisfactorio que lo ofrecido por las últimas grandes producciones de Hollywood estrenadas.

Imagen del actor Tom Cruise en 'Oblivion'

Todo indica que el 2013 va a ser un gran año para los amantes del cine de ciencia ficción, ya que nos van a llegar los nuevos trabajos en el género de reputados directores como Neill Blomkamp, Alfonso Cuarón o M. Night Shyamalan, siendo ‘Oblivion’ (id., 2013) el primer gran título del año para los seguidores de este tipo de historias. Lo cierto es que el segundo largometraje de Joseph Kosinski era, con mucho, el que menos atractivo me resultaba a priori, en especial por lo, y creo que peco de generoso, mediocre que me resultó ‘Tron: Legacy’ (id., 2010), pero en ‘Oblivion’ se nota que Kosinski no sólo está interesado en llevar a cabo piruetas técnicas de dudosa valía y la utilización de una muy curiosa banda sonora, sino en combinar el espectáculo visual de primer orden con un cruce entre sano divertimento y propuesta reflexiva.

Hace ya casi cuatro años que se estrenó ‘Moon’ (id., Duncan Jones, 2009), un apasionante relato de ciencia ficción en el que se notaba un cariño especial hacia producciones de ese tipo de los años 70 como ‘Naves misteriosas’ (‘Silent Running’, Douglas Trumbull, 1972). La cinta de Duncan Jones guarda más puntos en común con ‘Oblivion’ de los que podría parecer a simple especial, en especial en todo lo relacionado con el periplo vital del personaje interpretado por Tom Cruise. Sin embargo, la condición de blockbuster de obra de Kosinski impide que el intimismo, dominante durante muchos momentos, esté más potenciado, surgiendo entonces una naturaleza dual que es la que más daño hace al resultado final.

Un comienzo atractivo

Imagen de Andrea Riseborough en 'Oblivion'

Hay un personaje en ‘Oblivion’ que pregunta en repetidas ocasiones si el tándem formado por —un carismático y solvente— Tom Cruise y —una convincente— Andrea Riseborough sigue siendo eficaz –que no eficiente- para cumplir su misión, sin importar que por el camino se dañe o pierda material que podría ser clave para la supervivencia de la humanidad. Esto podría aplicarse perfectamente a la propia película, ya que Kosinski sabe lo que quiere que contar y las concesiones a las que ha de plegarse, pero no demuestra el mismo interés en aprovechar al máximo el potencial de ambas realidades.

Si algo hay que destacar de ‘Oblivion’, eso es su fuerza visual —aún más evidente si, como hice yo, veis la película en su versión IMAX—, ya que Kosinski demuestra un gran pericia para sumergirnos en una Tierra al borde del colapso sin que ello suponga sacrificar la oportunidad de mostrar amplios y bellos paisajes y cuidando pequeños detalles que recuerden al espectador la ubicación anterior de esos parajes desolados. Todo ello al servicio de un personaje protagonista que tiene visiones de lo que fue su anterior vida. Un pequeño misterio desarrollado con corrección y con contadas concesiones a una espectacularidad que están bien integradas en la progresión dramática durante, más o menos, la primera hora de metraje.

Un desenlace demasiado convencional

Imagen de la película de ciencia ficción 'Oblivion'

No es que ‘Oblivion’ sea especialmente memorable en esa primera mitad, pero sí que sabe mantener un equilibrio entre sus dos rasgos principales —gran entretenimiento y propuesta de corte más reflexivo—, algo que se rompe por completo cuando ha de ir aclarando el pasado del protagonista y la realidad de la historia que está contando al espectador y no solamente por volverse más aparatosa —los 120 millones de dólares tenían que notarse en algo más que en aspectos de ambientación—, ya que la resolución del misterio principal resulta un tanto anodino y forzado, por no hablar del desenlace, donde se anulan todas las posibilidades de la historia en aras de un desenlace típicamente hollywoodiense.

Kosinski, también guionista junto a Karl Gajdusek y Michael Arndt, opta entonces por echar mano del piloto automático, dejando que las explosiones y los “sorpresivos” giros de guión sean el principal sostén de la película. Los nuevos personajes no tienen fuerza alguna —cierto que Morgan Freeman apenas tiene peso, pero lo de Nikolaj Coster-Waldau es especialmente sangrante— y el de Olga Kurylenko, que ya era bastante endeble, está muy mal perfilado. Con todo, ‘Oblivion’ sigue siendo una película eficaz al conseguir —Cruise juega un papel fundamental en ello— evitar el aburrimiento del espectador pese a todos los fallos en los que incurre, pero dejando una sensación un poco agridulce por todas las posibilidades que había ido mostrando con anterioridad.

Imagen de Morgan Freeman en 'Oblivion'

‘Oblivion’ no es la gran película que pudo haber sido y tampoco está al nivel de lo que muestra durante parte de su metraje, pero sí que es un eficaz pasatiempo que plantea cuestiones interesantes al espectador a las que luego no sabe dar una respuesta que se salga demasiado de los tópicos reinantes en Hollywood. Pese a todo, una buena opción para pasar el rato sin tener que dejar fuera de cobertura nuestro cerebro mientras la vemos.

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