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Richard Widmark en una escena de El Beso de la Muerte

Recojo el testigo de Miriam Figueras y continuamos hoy en Blogdecine el especial de obras maestras con una de mis películas favoritas, ‘El beso de la muerte’ (‘Kiss of Death’, Henry Hathaway, 1947). La he vuelto a ver antes de ponerme a escribir y el ejercicio me ha servido para tener claro que, si bien en conjunto puede que no sea un trabajo brillante, sí debería ser estudiado por cualquiera que ame y desee dedicarse al cine, y merece un puesto de honor en la historia del noir por algunas escenas muy poderosas y, sobre todo, por presentar a uno de los villanos más memorables de la gran pantalla: Tommy Udo —al que destaqué recientemente en un artículo sobre los mejores gangsters del séptimo arte—.

‘El beso de la muerte’ parte de un guion de Ben Hecht y Charles Lederer basado en una historia del abogado y escritor Eleazar Lipsky —otros de sus textos dio pie a ‘El caso O´Hara’ (‘The People Against O´Hara’, John Sturges, 1951)—. Hathaway decide sacar partido del aspecto veraz del libreto ambientando el film en localizaciones auténticas relacionadas con los hechos descritos por Lipsky, así como dotando a la narración de un tono seco y crudo, realista hasta cierto punto —ojalá nuestro mundo estuviera siempre tan hermosamente iluminado—, donde los héroes fracasan y sufren, donde el protagonista es un “chivato” de triste y oscuro pasado que trata de recuperar su vida, y la justicia es un juego inútil en el reinado de terror que imponen unos elegantes psicópatas que presumen del dinero obtenido con sus crímenes.

Victor Mature y Coleen Gray en El Beso de la Muerte

La película arranca con la voz en off —elemento recurrente del cine negro, en la mayoría de las ocasiones solo entorpece el relato aclarando detalles de manera innecesaria (como ocurre aquí)— de Nettie (Coleen Gray) informando al espectador sobre la dramática situación que vive Nick Bianco (Victor Mature), como justificación para lo que éste va a hacer a continuación: atracar una joyería. Hathaway demuestra su habilidad para el suspense con la primera de las escenas sobresalientes de ‘El beso de la muerte’; Nick y sus compinches en el ascensor, bajando pisos lentamente con el botín en los bolsillos, mientras el dueño del establecimiento atracado hace todo lo posible por liberarse y llamar a la policía. Sin música y con asfixiantes primeros planos, se queda uno sin respiración.

Atrapan a Nick, pero el fiscal del distrito, D´Angelo (Brian Donlevy), se apiada de él, porque tiene esposa y dos hijas pequeñas, y le ofrece un trato para evitar la cárcel: convertirse en un delator. Nick se niega. Y se queda más tranquilo tras hablar con un veterano abogado (Taylor Holmes) pagado por la mafia, que le asegura que su familia estará protegida y que en poco tiempo logrará que se le conceda la libertad condicional. Nick cumple condena con esto en mente pero un día descubre que ha sido engañado, nadie se ha preocupado ni por él ni por su familia. Temiendo por sus hijas y convencido de que no va a obtener pronto la condicional, Nick decide llamar al fiscal y ofrecer su colaboración. D’Angelo accede a dejarle en libertad si obtiene información para meter entre rejas al mayor criminal de Nueva York, el brutal y escurridizo Tommy Udo (Richard Widmark en un debut inmejorable).

Richard Widmark es Tommy Udo en El Beso de la Muerte

Nick es presentado como un miembro respetado de la comunidad de malhechores y con su inicial desprecio a colaborar con la policía se ganó la admiración de Udo, feliz al ver que su “colega” ha salido de la cárcel y quiere tomarse unas copas con él. La traición es así más dolorosa. Nick aprovecha la segunda oportunidad que le han brindado y rehace su vida. Pero el imperfecto sistema legal juega una mala pasada al fiscal y Udo vuelve a la calle. Con el imponente físico de Mature, la amenaza que supone el gánster podría resultar poco comprensible, pero Udo es un asesino especial. La expresión maníaca y la característica risa fácil con la que Widmark compone al personaje —casi un precedente del Joker—, el relato de sus “hazañas” y la inolvidable escena en la que castiga a la madre de un soplón, hacen creíble la desesperación de Nick.

Hathaway consigue maquillar la torpe interpretación de Mature gracias a su inteligente puesta en escena —ojo a la intrigante secuencia en la que Nick baja al comedor incapaz de conciliar el sueño, seguro de que va a recibir la desagradable visita de Udo; es casi cine de terror— y la labor de fotografía de Norbert Brodine, que ayuda a dotar de expresividad con luces y sombras al limitado actor. Cargada de tensión de principio a fin, ‘El beso de la muerte’ alcanza su clímax en el esperado último encuentro entre Nick y Udo, todo un ejemplo de planificación y una lección de interpretación por parte de Widmark —quien más adelante demostraría su talento y versatilidad encarnando todo tipo de papeles—; da igual las veces que haya visto el film, la última secuencia me deja pegado a la pantalla, pendiente de cada detalle como si no supiera lo que va a ocurrir. Precisamente, el cierre es uno de los puntos flacos de este excelente drama criminal, pero se entiende el motivo y se disculpa tras haber disfrutado de casi cien minutos de puro cine.

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