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No quiero tu teléfono, ni cartas, ni postales. No quiero casarme contigo. Definitivamente no quiero tener tus hijos. Pase lo que pase, tuvimos hoy. Y si en el futuro llegamos a cruzarnos, eso también está bien. Seremos amigos

En el tramo final de ‘One Day’ (id, Lone Schrefig, 2011), de una intensidad y dramatismo sobrecogedores, el personaje de Anne Hathaway, Emma, suelta esta curiosa declaración, real como la vida misma. El espectador, que ha sido testigo de lo que pasará en los próximos 20 años de las vidas de Emma y Dexter (Jim Sturgess), sonríe con total alegría pues sabe que Emma no cumplirá su promesa. Una declaración en lo alto de una colina en un 15 de julio de 1988 es el punto de inicio a una de las historias de amor más emotivas, verdaderas y deslumbrantes que ha dado el cine en los últimos años. Su estructura narrativa, con saltos en el tiempo que duran un año, no es sólo una atractiva forma de narrar la historia, también remarca el carácter imperecedero del sentimiento más fascinante que el ser humano posee, mostrando la incertidumbre, los miedos e inseguridades que afloran cuando se presenta la oportunidad de ser feliz.

Pero ‘One Day’ no es sólo una historia de amor. Tal y como reza mi compañera Beatriz en el titular de su crítica, la película es también un análisis quirúrgico sobre el paso del tiempo, y las distintas formas de enfrentarnos a ello. La relación de Emma y Dexter sirve precisamente de muestrario. El aguante y resignación de una mujer esperando a que el amor de su vida despierte, con una serenidad y coherencia que de sólo pensarlo me hace temblar. Por otro lado, un hombre que puede tenerlo todo, pero decide desperdiciar parte de su vida tal y como hacemos la mayoría de los hombres en un momento dado de nuestras existencias. Y es que la película también se atreve a hablar sobre los diferentes caminos que recorren mujeres y hombres cuando se trata de amor. A veces no llegan a cruzarse nunca, otras es imposible separarlos, como si algo a lo que prefiero no ponerle nombre, hiciese que esos caminos se cruzasen siempre hasta completar el viaje.

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‘One Day’ es la adaptación del libro homónimo de David Nicholls que también ha escrito el guión de la película. La premisa, antes mencionada, recoge la vida de una pareja de amigos a lo largo y ancho de 20 años, haciendo hincapié en el día que se conocieron. Durante casi dos horas, somos testigos de lo que sucede en ese día tan señalado, siendo el paso del tiempo un protagonista añadido en la historia, realmente más de lo que parece. Elipsis que nos llevan de un 15 de julio a otro sin necesidad de presenciarlos todos, y un inteligente uso del fuera de campo con el que se narran hechos importantes, fortalecen una historia con numerosos números para caer en la ñoñería o en un falso romanticismo. La estructura narrativa y una puesta en escena más sobria de lo esperado son los pilares básicos de ‘One Day’, que también se apoya en unas interpretaciones por encima de la media.

El trabajo de la danesa Lone Scherfig, que parece haber encontrado en el cine estadounidense su lugar de expresión, está lleno de detalles visuales que van más allá de una mera pose estética. En la segunda imagen tenemos uno de los instantes más inspirados del film en cuanto a forma se refiere. A esas alturas todos sabemos que Emma y Dexter son perfectos el uno para el otro. Nuestro deseo queda expresado en la imagen del espejo, la de una pareja durmiendo plácidamente con ella apoyando su cabeza en él, y fundido en negro que no se repite hasta el tramo final, cuando descubrimos qué pasó el primer e inolvidable día que sus vidas se cruzaron. Con un plano que parece una ilusión se habla de otro de los significados de dicha palabra, de la alegría sin parangón que produce el sentimiento amoroso, algo que enseguida reconocemos. Con ese pequeño detalle —y aquí podríamos decir que las grandes historias de amor nacen y sobreviven a base de los pequeños detalles—, que no es el único, ‘One Day’ sortea con inteligencia tópicos y clichés a la hora de hablar de algo sobre lo que ya se lleva hablando desde el inicio de los tiempos.

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A pesar de que la película nos ofrece un personaje femenino fascinante, parece girar más alrededor de la figura masculina, Dexter, de quien Jim Sturgess ofrece una muy arriesgada composición. Su rol sirve para mostrar la poderosa influencia del paso del tiempo en nuestras vidas, de las decisiones que tomamos y de los errores que cometemos. Dexter llega a resultar odioso —su etapa de conocido presentador de televisión—, y también encantador —su etapa de madurez, en la que toma conciencia de sí mismo—. La delicadeza en el tratamiento de dicho personaje —que guarda ecos del Albert Finney de ‘Dos en la carretera’ (‘Two For the Road’, Stanley Donen, 1967)— y de su historia con Emma pasa por no mostrar en pantalla acontecimientos importantes en su vida, siendo narrados éstos en fuera de campo, poniéndolos en boca de los personajes. Sirva como ejemplo lo relativo a la madre de Dexter, excelente Patricia Clarkson, o el primer encuentro sexual de los dos protagonistas.

Anne Hathaway desprende un gran magnetismo, a pesar de ese acento inglés un poco forzado del que enseguida nos olvidamos, desmotrando que es mejor actriz de lo que parece. Rachel Portman apoya la historia con un score para el recuerdo, con una música envolvente que incide en el carácter cíclico del amor, algo que queda claro en los últimos minutos del film, cuando la historia vuelve al origen mostrando la importancia de instantes en apariencia intrascedentes. El lugar más significativo en la relación de Emma y Dexter es una colina que permanecerá incólume con el paso de los años, como testigo silencioso. Pasado y presente se juntan en un solo plano, y el futuro es cosa de cada uno. Porque siempre es una cuestión de decisión. Siempre.

En breve anunciaré un especial muy especial, valga la redundancia, ‘El amor en 32 películas’, del que ‘One Day’ bien podría formar parte. Aquí os dejo el tema central de su bella banda sonora. Con ella podréis evocar vuestros lugares favoritos y todas aquellas palabras de amor que una vez pronunciásteis. En todos y cada uno de ellos, sea una colina, una playa, un arroyo, un motel barato o la más cómoda de las camas, sobrevive una promesa que con el paso del tiempo se tornará verdad o quedará enterrada, depende de vuestra decisión. Buenas noches.

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