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Parker poster

Directa, o indirectamente, la influencia de Donald Westlake y su Parker en el cine ha sido notable desde que el escritor, a través de su alias Richard Stark creara al personaje en 1962 en ‘El cazador‘, espléndida novela que conoció una primera adaptación en ‘A quemarropa‘ (‘Point blank’, 1967) por parte de John Boorman con Lee Marvin como Parker tan sólo cinco años después de su publicación y que volvería a ser llevada a la gran pantalla por Brian Helgeland en la estupenda ‘Payback‘ (id, 1997), cuya crítica por parte de nuestro compañero Alberto podéis encontrar aquí.

Siendo la primera el epítome de lo que el personaje ha dado de sí en el séptimo arte —sin que ello sirva para desmerecer a la segunda, con un Mel Gibson magnífico haciendo de ese bastardo frío y calculador que es Porter/Parker—, y encontrando hoy por hoy las tres novelas gráficas de Darwyn Cooke publicadas por Astiberri como las mejores adaptaciones que se hayan hecho en cualquier disciplina de los trabajos de Stark —tres obras maestras de obligada lectura, hacedme caso— , este ‘Parker‘ (id, Taylor Hackford, 2013) que nos llega ahora de manos de Jason Statham se postulaba a priori como una oportunidad más de ver al actor repartiendo mamporros, pero ha terminado ofreciéndonos un irregularísimo y anodino filme situado en el lado opuesto del espectro tanto de ‘A quemarropa’ como de ‘Payback’.

Parker 1

Motivos para afirmarlo los encontramos a manos llenas ya desde el robo que sirve como prólogo a la cinta, y los máximos responsables de que ‘Parker’ sea un espectáculo frío desprovisto de garra y sentido del ritmo son, a partes iguales, Taylor Hackford y John J. McLaughlin, realizador y guionista respectivamente. El primero firma una labor tras el objetivo que entronca a la perfección con su ecléctica y mediocre trayectoria, una en la que ha habido cabida para títulos tan dispares como ‘Oficial y caballero‘ (‘An officer and a gentleman’, 1982), ‘Eclipse total‘ (‘Dolores Claiborne’, 1995), ‘Pactar con el diablo‘ (‘The devil’s advocate’, 1997) o ‘Ray‘ (id, 2004). Con tamaña mezcolanza de géneros en su haber, Hackford no se perfilaba como el cineasta más adecuado para acometer el rodaje de una cinta que carece de brío, efectividad, intensidad y, en términos generales, de carisma, antes bien, parece en muchas ocasiones que el realizador no está más interesado en lo que filma que en rodar la vida sexual del escarabajo pelotero, y ni siquiera las contadísimas secuencias de acción consiguen levantar el decaído ánimo del espectador.

A ello tampoco ayuda como decía, la labor de McLaughlin. El firmante de libretos tan interesantes como los de ‘Cisne negro‘ (‘Black swan’, Darren Aronofsky, 2010), ‘Hitchock‘ (id, 2012) o algunos capítulos de la magnífica e incompleta ‘Carnivale‘ —una de las mejores series que ha salido del seno de la HBO— se dedica aquí a enhebrar un primer acto que extrae del material original de Stark aquello que le viene en gana para que el conjunto no huela demasiado a lo que ya habíamos podido ver en los filmes de Boorman o Helgeland pero, irónicamente, uno no puede parar de detectar las muchas semejanzas con aquellos y comparar la gran diferencia que se establece entre la desgana que aquí trasluce y la intensidad que desprendían sus antecesoras.

Parker 2

Aun así, los problemas del guión no han hecho más que empezar, y una vez trascendido el punto de inflexión que provoca en Parker las ansias de venganza, el libreto manda a paseo cualquier posible parecido tanto con la novela como con las anteriores producciones para, en un alarde de estulticia supina, dedicarse a errores tales como inventarse al personaje de Jennifer Lopez, desviar la atención sobre el que debería haber sido el protagonismo absoluto de Statham y tratar de convertir a Parker en una suerte de Robin Hood al que le interesa algo más que sobrevivir a toda costa y recuperar el dinero que es suyo. Al dibujar de forma tan lamentable a un anti-héroe tan prototípico como el que creaba Stark en sus novelas y querer suavizarlo, McLaughlin consigue lo que ni Boorman ni Helgeland habían alcanzado tratando al protagonista como se merecía, que Parker nos resulte un personaje tan poco atractivo como la trama que lo rodea y que su destino nos importe poco más que un pimiento.

Y aunque Statham trata de compensar como puede el entuerto en el que se mete el guionista, la cara de palo del actor y su imponente presencia física nada tienen que hacer ante la endeblez del personaje que se ve obligado a interpretar, quedando su Parker como una pálida sombra de aquel que encarnaran Marvin o Gibson. Eso sí, comparado con sus compañeros de reparto, el trabajo de Statham es, al menos, encomiable, porque el de JLo, Michael Chiklis o Nick Nolte raya en el más absoluto de los ridículos.

No es que acudiera al cine auto-engañándome y fuera creyendo que iba a ver la cinta definitiva sobre Parker —para eso ya está ‘A quemarropa’ o, según el propio Westlake, ‘La organización criminal‘ (‘The outfit’, John Flynn, 1973)— pero sí esperaba un filme que, al menos, consiguiera hacerme pasar el rato y ofreciera, a la mínima de cambio, a Statham repartiendo palos a diestro y siniestro. Huelga decir que el británico no reparte hostias de forma tan recurrente como habría sido deseable, y aun más que las dos interminables horas de metraje suponen un entretenimiento tan anodino como olvidable.

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