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Matrimonio de conveniencia cartel

Tras esperar el año de rigor para que Gérard Depardieu finalizara su intervención en la fabulosa ‘Cyrano de Bergeraç‘ (id, Jean-Paul Rappeneau, 1990), Peter Weir ya se encontraba en condiciones de filmar la comedia romántica con la que pretendía, en cierto modo, homenajear al cine clásico encarnado por Frank Capra: con su protagonista masculino ya elegido y el sencillo tratamiento del guión perfectamente hilvanado, lo único que le faltaba a la producción de ‘Matrimonio de conveniencia‘ (‘Green Card’, 1990) era una protagonista femenina. Un proceso que llevaría a Edward S.Feldman —el productor de ‘Único testigo‘ (‘Witness’, 1985) y al cineasta casi un año.

No en vano, encontrar a una actriz que pudiera encarnar la sutil combinación de delicadeza y determinación que requería Bronte no era tarea sencilla, y tras hacer pruebas a multitud de actrices, sería Andie MacDowell la que se llevaría el gato al agua, una decisión que jugaría enormemente a favor de un rodaje distendido —la única anécdota de relevancia fue que hubo que traducir el guión al francés dados los limitadísimos conocimientos del idioma que tenía Depardieu— gracias a la instántanea química que se creó entre los dos protagonistas.

Matrimonio de conveniencia 1

(A partir de aquí, pequeños spoilers)En ‘Matrimonio de conveniencia’, Weir nos narra la peculiarísima historia de amor entre Bronte y Georges. Ella es una botánica norteamericana que reside en Nueva York que contrae matrimonio con un apasionado músico francés para que éste pueda obtener el permiso de residencia —la “green card” a la que hace referencia el título original— mientras que ella pretende beneficiarse de su nueva situación de casada para acceder al alquiler de un piso en Manhattan. Pero cuando un buen día se presentan en la vivienda de Bronte dos funcionarios de inmigración, ella se verá obligada a encontrar a Georges y convivir con él durante un fin de semana para poder afrontar con garantías de éxito una entrevista por separado en la que les preguntarán a ambos por detalles personales del otro.

Por más que ‘Matrimonio de conveniencia’ pase casi siempre desapercibida cuando se hace un repaso a lo más granado de la filmografía de Peter Weir, ello no significa que en sus 103 minutos no podamos encontrar muchos de los rasgos que caracterizan a sus obras maestras, y una lectura en profundidad del filme saca a la luz muy diversos detalles que hacen apreciar en su justa medida la personal apuesta del director por una historia de amor que, como siempre en el cineasta, nada —hasta cierto punto— a contracorriente.

Matrimonio de conveniencia 2

Al igual que ya hiciera con ‘Único testigo’, Weir plantea con ‘Matrimonio de conveniencia’ una doble inserción del extraño en un entorno que le es ajeno —quizás el eje temático más importante de su trayectoria—, traduciéndose aquí la misma tanto en Bronte, una mujer que sólo vive feliz rodeada de sus plantas y que mantiene una relación fría y desapasionada con un colega de profesión, como en Georges, el vehemente, carnal y pasional francés que se introduce en el seno del hogar de botánica para poner su mundo patas arriba.

En este sentido, no son pocas las concomitancias que se dan entre la presente cinta y ‘El visitante‘ (‘The Plumber’, 1979), relacionando Weir de forma íntima a Georges con Max —el uso de la música de carácter tribal es un claro indicativo de ello— pero estableciendo en el desarrollo de ambos personajes una fundamental diferencia asociada al género al que se abraza la producción: mientras el fontanero sacudía el mundo de la antropóloga sacando a relucir sus instintos de supervivencia más primarios, el protagonista de ‘Matrimonio de conveniencia’ despierta en Bronte las ansias por vivir y disfrutar de la vida, algo que hasta entonces no se ha permitido por su encorsetada existencia.

Matrimonio de conveniencia 3

La sencilla historia de amor que Weir traza en la cinta vuelve a ser puesta de relieve, como ya lo hiciera en ‘Único testigo’ o ‘El año que vivimos peligrosamente‘ (‘The Year of Living Dangerously’, 1982), a través de los gestos y, sobre todo, las muchas y muy diversas miradas que cruzan los dos personajes. En lo que a éstas últimas se refiere, hay en la cinta un momento brillante en el que los protagonistas se están preparando para irse a dormir en habitaciones distintas, una separación que queda completamente disuelta por la puesta en escena de Weir, que con planos medios y primeros planos y la forma de comportarse Bronte y Georges, transmite al espectador la sensación de que ambos se encuentran en la misma estancia.

Estableciendo asimismo una hermosa simetría entre el principio y el final de la cinta, con pequeños cambios entre ambos que apuntan a la evolución que han sufrido ambos personajes, ‘Matrimonio de conveniencia’ es una película que, una vez se ha visto, se mantiene siempre en la memoria por mor de momentos inolvidables como la cena en casa de los padres de una amiga de Bronte —con Depardieu aporreando un piano ante la atónita mirada de los snobs invitados a la misma— o, qué duda cabe, esa sensación global de que estamos ante una obra que juega sus bazas con brillante sutileza, provocando la inmediata simpatía del espectador hacia su pareja protagonista —espléndidos ambos actores— y llevando a éste de la mano por una historia de esas que sólo puede tener lugar cuando se apagan las luces de una sala de cine.

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