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Hace poco os hablaba de la fallida ‘Emergo’ (Carles Torrens, 2011) como uno de los infinitos ejemplos de la ya cansina técnica de rodaje conocida como found footage. En este especial de placeres culpables entra de lleno un reciente found footage que tal vez posea todos los defectos de este tipo de films en los que el punto de vista se altera peligrosamente. ‘Project X’ (id, Nima Nourizadeh, 2012) es una salvajada; la película más bajada del año pasado propone la fiesta casera más bestia jamás vista. Tanto que recientemente sirvió de inspiración a un grupo de imbéciles que celebrando un cumpleaños destrozaron una casa rural por valor de 30.000 euros, justificando ante la Guardia Civil el presente film como única razón para su acto. La realidad superando a la ficción, o los débiles de mente demostrando cuan peligrosa es la ignorancia.

En cualquier caso el film puede verse como una puesta al día de lo realizado por John Landis en películas como ‘Desmadre a la americana’ (‘Animal House’, 1978), salvando las distancias evidentemente. El director de ‘Resacón en las Vegas’ (‘The Hangover’), Todd Phillips, más el veterano Joel Silver, producen el evento siendo muy conscientes de la fórmula. Se tratada de filmar un fiestón, como en el caso del film mencionado —y cuya tercera entrega nos llegará próximamente— pero bajando la edad del público objetivo. Esta vez serán unos adolescentes con las hormonas disparadas los que prepararán una enorme fiesta de cumpleaños que se les termina yendo de las manos, perdiendo el control hasta límites insospechados.

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(From here to the end, Spoilers) ‘Project X’ no tiene un argumento complicado o difícil, ni siquiera hay peligro de spoilers. Se trata de una fiesta por el decimo séptimo cumpleaños de Thomas (Thomas Mann), organizada por su amigo del alma Costa (Oliver Cooper), y cuyo argumento encuentra su razón de ser en un hecho real acaecido en Australia —el cine inspirándose en un hecho real, y la película que inspira un hecho real, la pescadilla que se muerde la cola— en la que un chaval daba una fiesta en su casa y puso su dirección en My Space. Acudieron unas 500 personas y los destrozos fueron cuantiosos, apareciendo periodistas y policías a informar unos y tratar de pararlo todo los otros. Como decía uno de los que me acompañaba en el visionado, ojalá yo tuviera una fiesta como esa —¿quién no lo desea?— pero en una casa que no fuera la mía.

‘Project X’ —no confundir evidentemente con la película de idéntico título protagonizada por Matthew Broderick y que trataba de un chimpacé más inteligente que todos los personajes juntos del presente film— posee todos los elementos característicos de los found footages. Primero tenemos una presentación de personajes, tres amigos que desean ser populares y para ello organizan un fiestón. Más tarde, metidos en harina, la situación va degradándose más y más, con situaciones hilarantes algunas más locas que otras y siempre con un muy bien marcado crescendo que concluye con todo un clímax antológico en el que la anarquía reina a sus anchas. Y es que cuando una situación escapa al control del orden, es realmente difícil contenerla. En ese aspecto, la película es un continuo “más difícil todavía”, como si se tratase de una película de acción pero aplicada a lo que se supone una comedia adolescente.

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Es encomiable el trabajo de montaje, teniendo en cuenta que todos los implicados en el film, incluidos los extras, estaban grabando material para la película, llegando a grabar más de diez horas. Incluso algunas de las escenas son reales, como la de la chica orinando detrás de un coche o aquellas en las que alguno de los personajes está borracho. Realismo mezclado con ficción imitando la realidad, y que en este caso sirve perfectamente a las pretensiones de un film que no busca nada más que entretener y escapa de realizar todo juicio moral, marcando eso sí una línea muy fina entre lo que significa ser adulto y ser adolescente. Mientras el colegio vitorea la fiesta vivida, los adultos la condenan pero el padre se siente orgulloso de que su hijo haya sido capaz de algo así, y en la fiesta incluso llega a colarse un vecino que les triplica la edad a todos y se lo pasa en grande.

Efectivamente, me sumaría a una fiesta de esas proporciones y dejaría que el descontrol me dominase con el resto, pero en casa de otro. Y no terminaría a las seis de la mañana, sino mucho más tarde.

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