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Un año antes de que James Cameron revolucionase por segunda vez el mundo de los efectos visuales, y en plena efervescencia de cine de catástrofes, Jan de Bont dirigía su segunda película tras el efectivo entretenimiento que supuso ‘Speed’ (id, 1994) —esa película en la que habría salido mucho más barato pagar al terrorista que todos los destrozos que provocan en su captura—, y que supuso el primer gran blockbuster de éxito justo antes de empezar la época veraniega en Estados Unidos. Un éxito a mi parecer merecido por cuanto el film, a pesar del despropósito que puede suponer en su premisa, representa lo más básico del cine de entretenimiento.

Jan de Bont empezó siendo director de fotografía en los años 60 en el cine holandés estrenándose a mediados de los ochenta en la muy olvidable ‘La joya del Nilo’ (‘The Jewel of Nile, Lewis Teague, 1985) para acabar luciéndose en films más importantes como ‘Jungla de cristal’ (‘Die Hard’, 1988) o ‘La caza del octubre rojo’ (‘The Hunt of the Red October’, 1990), ambas dirigidas por John McTiernan; y para Paul Verhoeven, con quien trabajó también en Europa, realizó uno de sus mejores trabajos en ‘Instinto básico’ (‘Basic Instinct’, 1992). Como director ya no tiene tan buena mano y sólo sus dos primeras películas merecen salvarse de la quema. Sobre todo la que nos ocupa, en la que un personaje muy secundario se quedó para siempre grabado en nuestra retina: una vaca.

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El guión de ‘Twister’, en el que metió mano el hoy laureado Joss Whedon, no es gran cosa. Michael Crichton y Anne-Marie Martin escribieron un libreto en el que las fuerzas de la naturaleza, en este caso los tornados actuaban como alegoría a la relación personal entre los dos protagonistas/antagonistas —unos muy efectivos Bill Paxton y Helen Hunt, un año antes de ganar su Oscar por ‘Mejor imposible’ (‘As Good As It Gets, James L. Brooks, 1997)— y que curiosamente son expertos en tornados, aventureros que pasan su vida analizando el interior de esas bestias de la naturaleza para poder determinar los orígenes de las mismas y poder prever el momento en el que aparecerán. Y ya. El resto es un de aquí para allá, casi como si se tratase de una mini road movie.

Es cierto que nos hallamos ante un blockbuster en toda regla. Una producción del siempre inteligente Steven Spielberg destinada a romper taquillas. No engaña a nadie, pero sin embargo, siendo consciente de sus limitaciones y de lo que es, creo que ‘Twister’ juega con honradez sus cartas. Hay exageraciones, cómo no, y excusas argumentales de manual. Ahí tenemos el típico trauma infantil, en este caso sufrido por el personaje de Jo (Hunt) que siendo niña vio como un tornado le arrebataba a su padre; o esa parte final en la que la pareja protagonista tendría que haberse ido al otro barrio pero salvan el pellejo porque el amor debe triunfar aunque para ello deban atravesar la catártica situación de encontrarse en el mismo centro de un tornado.

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Pero qué narices, la película entretiene lo suyo gracias a un ritmo frenético que no da respiro al espectador, y eso que sólo nos estamos tragando a gente corriendo de un lado para otro en busca de tornados. Jan de Bont dirige con nervio, consciente como pocas veces en su carrera de que la puesta en escena lo es todo. Que el director cuente en la fotografía y el montaje con los nombres tan prestigioso de Jack N. Green —habitual colaborador de Clint Eastwood durante muchos años— y Michael Kahn, a quien Spielberg conoce muy bien, no es casualidad, son los dos elementos mejor tratados de la cinta. Green va oscureciendo muy sutilmente los tonos del film, acorde con lo que vendrá, y el montaje es simple y llanamente una lección, aguantando los planos el momento justo sin que la acción parezca en ningún momento atropellada.

Hay además en ‘Twister’ pequeños elementos que a mí particularmente me gustan bastante. Por ejemplo el carácter grupal de los personajes como si se tratase de una historia a lo Howard Hawks, quien muy seguramente amaría a estos cazadores de tornado, todos con caracteres amables, algo locos, y que lo darían todo por su compañero. Al frente, un personaje también muy hawksiano; una espléndida Helen Hunt como Jo, la que manda en el grupo, una mujer de carácter fuerte que bien podría recordar algunos papeles de Jean Arthur. El conflicto entre los tres personajes a los que dan vida Hunt, Bill Paxton —demostrando que podría haber sido una estrella— y Jami Gertz tiene su base en historias como la de ‘Luna nueva’ (‘His Girl Friday’, Howard Hawks, 1940) —y cito esta por tratarse de la versión más conocida de la obra de Ben Hetch y Charles MacArthur—, demostrando lo bien que se asienta en contextos diferentes.

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