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Polisse

Tras ser nominada en trece categorías a los Cesar, por delante de la gran ganadora, ‘The Artist’, el tercer largometraje como directora de la actriz Maïwenn, se fue a casa con solo dos premios: el de Mejor Actriz Revelación, Naidra Ayadi, y el de Mejor Montaje.

‘Polisse’ nos sumerge de lleno en el día a día de la Unidad de Protección de menores del departamento de policía. Al igual que recordadas obras francesas, cuya estética rozaba en ocasiones lo documental, como ‘Ley 627’ (‘L.627’, 1992), de Bertrand Tavernier o ‘La Clase’ (‘Entre les murs’, 2008), de Laurent Cantet, la que nos ocupa –cuyo título es una ortografía infantil de “police”, policía–adopta una estructura coral en la que el objetivo, más que una historia muy específica que se desarrolle hacia un final determinado, es ofrecer una visión de conjunto sobre un tema de interés social.

Este tipo de enfoques plantean muchos peligros: la aparente ausencia de cierto tipo de dramatización podría suponer que nos hallamos ante una narración estancada, con poca capacidad de comunicación y que base todo su interés en la relevancia que pueda tener, por sí mismo, el tema que aborda. Por el contrario, un exceso de construcción formal podría anular una parte importante de la veracidad de lo narrado e, incluso, suponer una desfocalización grave de la historia. Lograr un adecuado equilibrio es una de las claves esenciales para que este tipo de propuestas funcionen. Y, en mi opinión, ‘Polisse’ no está a la altura de sus ilustres precedentes. Antes que una continuación de estos modelos franceses, casi parece un remake inconfeso de ‘Canción triste de Hill Street’, una serie que fue magnífica y revolucionaria en los años 80, pero que ha quedado antigua.

Polisse

La iluminación, lejos de cumplir sus intenciones naturalistas, nos recuerda a malos productos televisivos. Esta se acompaña de una planificación poco inspirada –sobre todo en la escena en la que la policía se va a un bar a festejar un caso que ha llegado a buen fin–. No obstante, en más de una ocasión se producen en ‘Polisse’ instantes en los que la atención al detalle logra retazos de auténtica magia documental. Los momentos inesperados demuestran que la verdad a veces se encuentra en lo menos trillado y que el buen cine es capaz de descubrírnosla. El rescate de los niños en el campamento rumano, en ese sentido, es la escena más destacable –no doy detalles para no destriparla–. Asimismo, ciertos alivios cómicos resultan tan sorprendentes como verdaderos, por culpable que pueda resultarnos la risa. Supone una idea también simple y eficaz para redondear el conjunto, la secuencia de montaje en la que los policías, junto con padres anónimos, van llevando a los niños a clase. Es una pena que derive –quien haya visto el film, entenderá sin problemas a qué momento aludo– en una absurda falta de verismo que consigue malograr esa sensación y que se introduce solo con la intención de crear un impacto exagerado.

Casos reales

Los casos de Protección de Menores se han escogido con una clara intención representativa: prostitución infantil, abuso de menores, tanto de clase alta como baja, violaciones, excesos de la sexualidad adolescente, mafias que obligan a delinquir a menores, matrimonios concertados, madres que tienen que desprenderse de sus hijos en centros de acogida porque no pueden ofrecerles ningún sustento… Ello no impide que la labor de recopilación de historias reales que han realizado la directora y Emmanuelle Bercot ofrezca momentos muy interesantes, ya que los casos tienen tal fuerza que pone los pelos de punta presenciar algunos de ellos o aprender cómo son los protocolos policiales ante esas acciones. Así, este aspecto funciona sin verse afectado por las limitaciones de puesta en escena.

Por el contrario, el apartado que nos hace ver cómo afecta a las vidas privadas de los agentes su trabajo resulta flojo. Esto puede deberse a la artificiosidad del carácter coral de la cinta: los personajes escogidos para encarnar al cuerpo de policía son tan representativos de una serie de arquetipos policiales, que todo comienza a resultar falso desde el inicio. Los diálogos abundantes y enunciados de forma atropellada no logran disimular cierta crudeza expositiva. Karin Viard –en la fotografía siguiente– cuenta con el personaje más interesante y demuestra su versatilidad al encarnar un papel tan distinto al de, por ejemplo, ‘Cena de amigos’. El arrebato airado de Naidra Ayadi tiene tanto significado político-social que le ha valido el Cesar ex-aequo. La cineasta sucumbe a la tentación de darse un metafórico papel de fotógrafa que acompaña al grupo de policía para documentar su labor. No sólo la consideración metalingüística de su participación es tosca – un policía le reprocha el hacer sólo fotos de niños llorando – sino que, además, el encaje de su personaje en el conjunto está muy poco conseguido, siendo sus escenas, con diferencia, las más chirriantes. Riccardo Scamarcio introducido como ligue de ella –en un triángulo donde acabará entrando Joeystarr–, al participar de su forzada trama, acaba resultando igual de irreal.

Polisse

Conclusión

En definitiva, si bien ‘Polisse’ dista mucho de ser una gran obra, sí que ha resultado ser una experiencia poco tediosa – tal vez de ahí su César al montaje –, que sirve como correcta introducción a un mundo turbulento del cual sabíamos muy poco. Cinematográficamente, está trabada por grandes limitaciones estéticas y narrativas, lo que nos hace pensar que es mayor el valor de lo mostrado que lo que aporta Maïwenn Le Besco. Cuando nos encontramos antes productos como estos, parece que la manera de demostrar nuestra preocupación por las cuestiones sociales pasa por admirar los films que las denuncian, pero no tendría por qué ser así. Es posible que, por esos motivos, esta película, con tantas nominanciones, haya sido la gran perdedora de los César. No sé qué es peor, si que te nominen a casi todo y luego se olviden de ti o que te preseleccionen en pocas categorías, pero todas se cumplan. No sé si la fama y aclamación momentáneas compensarán la decepción.

También en Blogdecine | Festival de Cannes 2011: ‘Arirang’ (Kim Ki-duk) y ‘Polisse’ (Maïwenn).

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