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Después de pensarlo detenidamente, ‘Prometheus’ (id, Ridley Scott, 2012) me parece el peor trabajo de su director por una muy lógica razón. De toda su filmografía es la película en la que la diferencia entre intenciones y resultados resulta abismal, mucho más que en otras memeces del calibre de ‘La teniente O´Neill’ (‘G.I. Jane’, 1997) o ‘Robin Hood’ (id, 2010) en las que esa diferencia es mucho menor que en el film que hoy nos ocupa.

Admiro al Ridley Scott de los inicios y sólo a ratos en sus trabajos posteriores. Películas como ‘Los duelistas’ (‘The Duellist’, 1977), ‘Legend’ (id, 1985) o ‘Thelma & Louise’ (id, 1991) forman parte de algunas de mis debilidades cinematográficas, y no me hace falta citar sus dos films más conocidos —sin duda, sus dos mejores trabajos—, por aquello de no resultar repetitivo. Sin embargo, es necesario regresar al mítico film de Scott de 1979 y que causó un gran impacto por aquel entonces dentro del género de la ciencia ficción, dando lugar a una saga en la que sus dos primeros títulos sobresalen por encima de los demás —James Cameron tuvo la difícil y arriesgada empresa de igualar la calidad del primer título, consiguiéndolo casi al cien por cien—, y también influyó poderosamente en el cine posterior, tal es el caso de ‘El imperio contraataca’ (‘The Empire Strikes Back’, Irvin Kershner, 1980), no por casualidad la más oscura de toda la saga galáctica de Lucas.

Desde que Scott se puso a dirigir ‘Prometheus’ y despistar al personal sobre si se trataba de una precuela de ‘Alien’ o no —creo que queda más que claro que lo es, aunque no sea de forma directa—, las expectativas han sido de lo más altas. Desde cierta película realizada en 1982 y protagonizada por Harrison Ford, Scott no había vuelto a tocar el género de la ciencia ficción, por lo que prácticamente todos estábamos ansiosos de ver su último film. No hay duda de que los tiempos han cambiado, sobre todo en el campo de los efectos visuales, en el que actualmente parece producirse una carrera por ver quién es capaz de asombrar más al espectador. Scott ha contado con un generoso presupuesto y ha procurado regalarnos imágenes inolvidables. Lamentablemente, su film se queda en una postal chula con un horroroso guión que desaprovecha todas y cada una de sus posibilidades.

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(Spoilers) La historia que nos propone ‘Prometheus’, en la que ha participado el nuevo gurú televisivo, Damon Lindelof, tan admirado como odiado, recuerda sobremanera a la de ‘Alien’, aunque el fondo evidentemente sea otro. Si el film de 1979 se centraba en la supervivencia de los siete tripulantes del Nostromo, creando una odisea de terror pura y dura, en esta el planteamiento es totalmente distinto, la búsqueda del origen de la vida nada menos. Mayores pretensiones pues, codeándose con el universo Alien de forma nada disimulada, y creando más preguntas que respuestas en lo que casi parece un lujoso episodio piloto televisivo con cliffhanger final incluido, algo que empieza a extenderse peligrosamente en el séptimo arte.

Las primeras imáganes de ‘Prometheus’ prometen —chiste fácil—, pero de repente y en la escena prólogo, aparece el desconcierto. Mi compañero Juanlu señalaba en su texto que estaba en total desacuerdo con la imagen de lo que luego veremos que es el Space Jockey, suicidándose, o sacrificándose, elijan el término que quieran a gusto del consumidor, en un planeta que simula la Tierra, para posteriormente recordar en todo momento un fallido film de ciencia ficción firmado por Brian De Palma, ‘Misión a Marte’ (‘Mission To Mars, 2000), de la que ‘Prometheus’ parece un remake. Elipsis brutal hacia la nave que le da título al film, ya de viaje hacia un lejano planeta, muy, muy similar al de ‘Alien’, en el que un grupo de científicos tratará de encontrar respuestas a las eternas preguntas que el ser humano se hace desde prácticamente el inicio de los tiempos. Y ahí la película se viene abajo.

Esta vez Ridley Scott se muestra totalmente inseguro y hasta torpe en su mirada hacia el futuro, hacia la vida alienígena, y lo que es peor, no es capaz de dotar de atmósfera, ni siquiera ritmo, una historia que lo pide a gritos. Con cambios bruscos de montaje, elipsis absurdas, decisiones y acciones de los personajes ya no cuestionables, sino ridículas —¿un experto en rastreo se pierde al darse la vuelta? Un tonto jugando con una especie de serpiente alienígena como si se tratase de un animal doméstico, etc— y un atropellado ritmo en su delirante tramo final, da la sensación de que a la película le faltan cosas, y no me extrañaría nada que Mr. Scott, inventor del término Director´s Cut, nos apareciese dentro de un tiempo con un montaje de mayor metraje, para salvar o intentar justificar lo insalvable o injustificable, la falta de respeto al universo Alien.

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La forma es el fondo, suele decirse, pero hay ejemplos de todos los tipos. Podemos encontrar películas de forma limitada con un gran fondo —‘The Man From Earth’ (id, Richard Shenkman, 2007) donde las limitaciones de su director en la puesta en escena, realmente horrible, se salvaban gracias a lo poderoso de su propuesta y la convicción de unos actores entregados sin prejuicios a la empresa—, o películas cuyo pobre fondo queda soliviantado por una puesta en escena con garra, y que al final es lo que cuenta —‘Perro blanco’ (‘White Dog’, 1982) en la que el gran Samuel Fuller da lecciones de narración cinematográfica—. En el caso de ‘Prometheus’, Scott parece no saber dirigir, más preocupado por el aspecto visual de su película que por dar coherencia con sus imágenes a lo escrito.

Ni un sólo personaje de la función cae bien o está bien definido, ni uno, ni siquiera el androide David, que se convierte en el personaje predilecto de muchos, no por su papel en la historia, sino por la interpretación de Michael Fassbender, auténtico animal interpretativo, y que aporta con su trabajo matices interesantes aunque lamentablemente desaprovechados —Ian Holm en ‘Alien’ está mucho más acertado—; eso sí, con clara ventaja sobre el resto de sus compañeros de reparto, que parecen más perdidos que los propios personajes. Sólo Noomi Rapace da algo la talla con un personaje que evidentemente recuerda a Ripley, aunque con decisiones muy contrarias. Si Ripley quería ante todo escapar del peligro, enfrentándose a él porque no le quedaba más remedio, Elizabeth Shaw está empeñada en pedir cuentas a los dioses. Y yo, con cara de gilipollas.

Este tío se va a cargar el universo de ‘Blade Runner’.

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