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Nunca he sido un gran admirador de Kevin Smith. Disfruto lo justo con películas como ‘Clerks’ (id, 1994), ‘Mallrats’ (id, 1995) y ‘Persiguiendo a Amy’ (‘Chasing Amy’, 1997), buenas cintas que comparadas con lo que vino después hasta parecen obras maestras. Y es que a partir de ‘Dogma’ (id, 1999), film que no me parece tan malo como muchos predican, algo le pasó a Smith, que perdió el norte, y con la excepción de la secuela del film que le dio a conocer, nos regaló lindezas de la más diversa índole, entre ellas ‘Una chica de Jersey’ (‘Jersey Girl’, 2004) o ‘Vaya par de polis’ (‘Cop Out’, 2010), auténticos despropósitos que parecían sentenciar la muerte artística de Smith. Los problemas que ha tenido para llevar a cabo ‘Red State’ (id, 2011) indicaban lo mismo, incluso su cambio de registro no llamaba demasiado la atención.

Y en Sitges se produjo la sorpresa. Contra todo pronóstico —muchos al menos no lo esperábamos— el film de Smith se hizo con el premio gordo del festival. Dejando a un lado que desde cierta perspectiva es de una lógica aplastante que en una ciudad como Sitges premien una película como ésta, lo cierto es que ‘Red State’ muestra a un Smith totalmente renovado y muy cómodo en el thriller. Sin renunciar a su estilo, el hombre que fue Bob el silencioso no deja títere con cabeza en su entretenida crítica hacia el fundamentalismo religioso por un lado, y las fuerzas del orden por otro. Puede que Smith haya querido tocar demasiado palos y no llegue a profundizar en ninguno de ellos, pero el film posee la contundencia justa como para provocar y reflexionar sobre el sinsentido del mundo que nos ha tocado vivir, todo ello en mitad de una ensalada de tiros y palabras.

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‘Red State’ posee dos partes bien diferenciadas, algo que se da por primera vez en el cine de Smith. Ambas parten de dos puntos distintos, argumentalmente hablando, y terminan confluyendo con total naturalidad. El film da comienzo como si de una comedia adolescente se tratase, tres jóvenes tienen la oportunidad de tener sexo con una mujer madura —más experiencia—, y cuando la cosa va a ponerse interesante, sexualmente hablando, se produce el primer golpe de sorpresa. La mujer en realidad pertenece a un grupo fundamentalista católico que odia todo lo diferente, sobre todo a los gays, y tienen una forma muy peculiar de practicar su religión y transmitir su fe. Smith no se corta lo más mínimo a la hora de retratar la ceguera de los fundamentalistas, convirtiéndolos en todo lo contrario a lo que se declaran, verdaderos y decentes seres humanos.

Dicha parte ocurre su mayor parte en el interior de una capilla, en la que según avanzan los diálogos, que como es costumbre en el cine de Smith, parecen ráfagas de metralletas una tras otra, vemos como las verdaderas intenciones de los religiosos van tomando forma. Son instantes de locura, en los que los tres pobres jóvenes no dan crédito a lo que les está sucediendo. De la comedia del inicio se pasa pues, al terror, a la locura. Es muy difícil no estar en contra del grupo liderado por el padre Abin Coooper, excelente Michael Parks, que compone un inquietante personaje que logra meter miedo con sólo ponerse a rezar. Los acontecimientos se precipitan y uno no encuentra la esperanza por ningún lado, y esta vez Jesucristo parece estar del lado de los malos. Kevin Smith ya recibió lo suyo cuando estrenó ‘Dogma’, miles de voces chillonas e ignorantes arremetieron contra él acusándole casi de blasfemo. En ese aspecto, ‘Red State’ parece una venganza en toda regla.

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Cuando la situación es inaguantable, Smith introduce un nuevo elemento en la historia —toda la parte que compete a John Goodman, magnífico como agente federal— en la que se da la vuelta a la tortilla. Los fundamentalistas son cercados por los agentes, y comienza una batalla campal, en las que las intenciones de los defensores de la ley, el orden y la justicia son aún más terribles que la de los católicos. Smith tampoco se corta esta vez y pone sobre la mesa cartas más hirientes que las mostradas hasta ese momento. El problema, el pequeño problema es que no llega a jugarlas, porque creo sinceramente que ganaría la partida, o tal vez por falta de valor. No obstante, con lo expuesto le llega y le sobra para remover conciencias —si es que cierto sector se da por enterado— a varios niveles. Puede que Smith sea abyecto en sus formas, y la mezcolanza de géneros afecte un poco al film, pero no podemos negar la rabiosa intensidad con la que narra todo.

‘Red State’ no ha contado con una gran distribución, se ha exhibido eso sí, en numerosos festivales, y sería de extrañar que consiguiese una exhibición masiva. Smith demuestra tenerlos bien puestos y su film sin duda enfadará a mucha gente. Ellos se lo pierden. Es un Smith renovado, con ganas de hacerse oír, y bastante harto del mundo. Nos regala además otra buena interpretación de ese pedazo de actriz que es Melissa Leo, y para nuestra sorpresa unas excelentes secuencias de acción en su segundo tramo, aquel donde las ráfagas de palabras dan paso a balas de verdad, algunas de ellas con destino totalmente inesperado. Smith ha cambiado la comedia inofensiva, y hacer reír a la gente, por la sátira sin complejos e incomodar al respetable.

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